Capitulo 30 Disculpate

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El rostro del hombre se puso serio al instante y sus ojos se tornaron frívolos. Era evidente que estaba enojado.

-¿Lo puedo ayudar en algo, señor Ayala? -No me sentía como la esposa de Álvaro en lo absoluto. Sino como una extraña. Entre más me sentía de esta forma, más me enojaba e incluso la manera en que lo miraba era desafiante.

-Disculpate. -Su tono era demandante y mis cejas se fruncieron mientras la furia me consumía.

-¿Perdiste la cabeza, Álvaro? ¿Porque demonios debería disculparme?

-La empujaste -respondio con su voz profunda. ¿Yo la empuje? Me reí con coraje.

-¡Deberías ir a qué te revisen los ojos , Álvaro!

-¡Samara Arias! -El hombre pronunció mi nombre completo-. Disculpate, ahora.

-¿Y si no? -Lo mire conteniendo mi enojo y sin miedo a sus ojos frívolos. Con su ceño y los labios fruncidos, un aire escalofriante nos envolvió.

-Al bar de Mayra parece irle bien , ¿Verdad?

En ese instante, comencé a tener miedo. ¿Como este hombre podía recurrir a métodos tan bajos solo para hacerme disculparme con Rebeca? Lo observe. Sus labios seguían fruncidos y tenía un poco de barba por lo que lo hacía un rebelde, pero atractivo al mismo tiempo. En ese momento, no pude admirar su rostro en lo absoluto. Mi corazón se volvió frío y me quedé quieta por un momento antes de hablar.

-Bien, me disculpare. - Álvaro me soltó y camine hacia Rebecca. La mire conteniendo toda la ira que tenía-. Lo siento.

Rebecca se veía increíblemente indefensa como si yo la hubiera molestado. Mientras tanto, Joel no tenía nada mejor que hacer más que agitar las cosas.

-¿Crees que solo debes disculparte luego de golpear a alguien ? En ese caso, voy a matar a alguien y le pediré disculpas. Así todo va a estar bien . ¿Quien necesita la ley, cierto? -comento con una mirada de desprecio.

<<Mierda>>

Una vez más, resistí la necesidad de maldecirlo.

-¿Que más quieres de mi? -Voltee hacia el y le pregunté con tono frío. Joel se cruzo de brazos con naturalidad.

-Los amigos tenemos una regla : Quien sea que lo arruine , debe disculparse con sinceridad y tener una sesión de bebidas para todos. Cuando estemos felices, serás perdonada.

<<¡Eres una mierda! ¿Como eso es una forma de disculparse?>>

-Déjate de tonterías, Joel. -Gael, quien había estado viendo el espectáculo todo este tiempo, frunció el ceño. Joel no se molesto en voltear a verlo y miro a Álvaro.

-¿Tu que piensas, Álvaro?

La mirada de Álvaro en mi se puso seria y las arrugas entre su ceño se hicieron más profundas. Luego de un tiempo volteo hacía Rebecca.

-¿Que propones que hagamos?

Rebecca agachó la cabeza un poco y hablo despacio, pero todos podíamos escucharla.

-Samara es tu esposa; tu decides.

<<¡Perra pretenciosa!>>

Me contuve y voltee hacia Joel.

-Entonces, ¿Bebemos? Gael se acercó a mi y frunció.

-¿No tienes miedo?

Sabía a lo que se refería y tenia que ser cuidadosa porque había una vida creciendo dentro de mi. ¿Quien sabe que podría pasar si me ahogara en alcohol ? Por supuesto que Joel no quería que Gael le arruinara la fiesta y dijo:

-¡Deja de entrometerte , Gael! Vamos, señorita Arias. -Los seguí hasta su cuarto. Por miedo a que no me embriagara , Joel ordenó 10 botellas de Whiskey y dos cajas de cerveza- ¿Crees poder aguantar, Samara?

-¡Ja! -Quise reírme. <<¿Cree que esto es divertido? >> Luego de llenar 10 vasos con cerveza, Joel me dijo:

-La regla es hacer que cualquiera de aquí beba por ti. Cualquiera, pero eso depende de tus habilidades. Si no convences a nadie , tendrás que beber tu sola.

Al ver la mesa llena de vasos , fruncí y coloque mi mano sobre mi vientre de manera inconsciente.

<<Aguante un poco, mi bebe >> rece en silencio. Tome un vaso y comencé a beber, pero mi estómago comenzó a revolverse con solo unos cuántos tragos.

-¡Argh! -Corrí hacia el baño sin poder contener las náuseas y me incliné en un excusado. Gael me siguió y me acarició la espalda.

-Muéstrale a Álvaro tu lado más vulnerable y pídele que te ayude. Eres su esposa y no va a dejar que Joel haga lo que quiera.

Le sonreí de una manera fría porque no era una persona capaz de cautivar los corazones de los hombres solo por llorar como Rebecca lo hacía y sin responderle, le pregunté:

-¿Hay algo que pueda reducir los efectos secundarios en el bebe?

Gael asintió.

-Pero las drogas son drogas y no pueden deshacer todo el daño.

-No importa. Consígueme unas, por favor. -Salí del baño. Joel había puesto una canción y estaba cantando cuando regresé.

-¿Que pasa? ¿No puedes con solo un vaso?

No le hice caso y observé la mesa. Además del vaso que me había bebido, el resto permanecieron intactos. Álvaro y Rebecca se sentaron juntos. Mire a la mujer murmurarle algo y el respondió, asistiendo. La mirada del hombre se puso seria al verme, pero se volteo hacia el otro lado de inmediato. Camine hacia la mesa sintiendo mi corazón doler y mire a Joel.

-Espero que no retractes tu palabra, Señor Quintanilla.

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