Capítulo 61 Una reacción inesperada

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Coloque el par de pantuflas en la entrada y como no hubo respuesta, de inmediato me volteé hacia la puerta. Fue hasta entonces que me di cuenta del hombre que estaba parado frente a mí, este parecía estar serio y tenía una mirada inexpresiva, cada vez se acercaba más; no pude evitar fruncir el ceño.

<<¿Qué hace Álvaro aquí? Ahora mismo debería estar compartiendo la cama con Rebecca>>.

Quise cerrar la puerta de inmediato pero Álvaro la detuvo y mirándome con sus ojos negros, me dijo:

-¿A quién estabas esperando? -Luego empujo la puerta con tanta fuerza que no tuve posibilidad de cerrarla.

Entonces me rendí y respondí sin tratar de darle tanta importancia.

-¿A quién más podría estar esperando en medio de la noche? Claramente se trata de alguien que pueda aliviar  mi soledad.

Cerró la puerta detrás suyo y en tono de burla contestó:

-¿Aliviar tu soledad? -Después de decir eso empujo y presionó su cadera contra mi cuerpo y agregó-: ¿Crees que puedas calmar tu soledad con esto?

Estaba  sin palabras y mi rostro se enrojeció. -¿Por qué estás tan callada? -Mientras decía eso y apretaba más su cuerpo contra el mío, me dio un leve beso en la frente, pero como después, las cosas comenzaron a ponerse más calientes-: ¿Por qué no te fuiste a casa? ¿Por qué te escondes aquí? -Preguntó al tiempo que me mordía el labio.

-¡Álvaro, suéltame! -Jamás había conocido un tipo tan descarado como él, antes no paraba de hablar de Rebecca y ahora, tenía la osadía de querer meterse conmigo.

Me abrazó más fuerte y susurró en mi oído:

-¿Crees que soy capaz de hacerlo en estos momentos?

No sabía que decir. En otra situación le habría seguido el juego pero después de lo que sucedió en la mañana, apenas y me quedaban ganas de responder ante sus caricias. Al darse cuenta de que no reaccionaba cuando me tocaba, me llevó hasta el armario donde guardamos los zapatos y me sentó sobre él; cuando intentó quitarme la ropa lo detuve de inmediato.

-No deberías molestarte, ya no siento nada por ti.

No supe qué fue lo que nos llevó a este momento, pero aunque las cosas podían verse bien desde la superficie, por dentro estaban llenas de agujeros, Álvaro frunció el ceño y me miró fijamente con frialdad:

-¿Ya no sientes nada por mi?

Abrí la boca para contestar pero en ese momento nada salió; con brusquedad, me tomó de la mano y me llevó hasta el baño, luego me sujetó y me retuvo bajo el agua helada de la regadera que caía sobre mí.

-Álvaro, ¿por qué haces esto? Deberías estar con Rebecca para satisfacer tus necesidades, no molestes a una mujer embarazada. -casi me caía.

Siempre había estado al pendiente  de Rebecca, ¿por qué no la buscaba y ya? De repente, me di cuenta de cómo su ira iba disminuyendo e incluso dejó de desabrochar su cremallera, segundos después cerro la llave y se alejo de mí. Por mi parte, alejé mi mirada de él e intente caminar pero como no tenía fuerzas, caí al suelo luego de perder su apoyo. De repente, se pudo escuchar como afuera comenzaba a diluviar e incluso había truenos; después de unos segundos nos invadió un gran silencio y aunque pensaba que Álvaro estaba molesto conmigo, parecía que ya no lo estaba.

Una vez logró recuperar la compostura se giró hacia mí y dijo:

-Deberías descansar. -dicho eso, se fue sin decir nada más.

<<¡Qué hombre tan temperamental>>.

Todavía me encontraba sentada en el baño, totalmente perdida, cuando entro Mayra en mi búsqueda y al encontrarme en ese estado dijo:

-¡Samara! ¿Qué estás haciendo? Pase lo que pase siempre debes pensar en el bebé primero.

Luego de eso me ayudó a salir del baño y comenzó a secar mi cabello con una toalla mientras yo miraba a la nada. Minutos después me animé a preguntar:

-¿Crees que un hombre podría enamorarse de una mujer debido a su bebé?

Mayra se detuvo y contestó:

-Es probable, si te pones a pensar, hoy en día son muchas las mujeres que se enamoran debido a esa razón.

Así es, existen cientos de casos de ese tipo.

La miré confundida y agregué:

-¿Pero qué crees que pasaría si se pierde al bebé?

Sorprendida por lo que estaba diciendo, Mayra me dio una palmadita en la espalda.

-¿Qué estás diciendo? Tienes 2 meses de embarazo y para este momento el bebé ya ha crecido bastante, solo da a luz y no pienses demasiado las cosas.

Me cubrí la cara llena de frustración, pues últimamente me sentía muy molesta e irritada. Luego de que Mayra terminará de secarme el cabello, me ayudó a ir hasta la cama y me arropó. Para mi pequeña sorpresa. Álvaro no volvió durante la noche y Mayra se quedó conmigo pues le preocupaba que no pudiera dormir debido a la tormenta. Y resultó que tenía razón, salvo que no era por la tormenta sino porque me sentía bastante molesta como para poder conciliar el sueño; me quedé despierta hasta mitad de la noche. Apenas sentía que me había dormido cuando de pronto me despertó el zumbido del teléfono, ahí me di cuanta de que ya había amanecido.

Reticencias de amor Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora