Capítulo 81 El malvado

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Como un demonio, su presencia provocaba el terror en otros. Esa era la descripción perfecta para Jonathan Arias.

-¡Oye! -dijo de forma siniestra y después colgó. Justo cuando comenzaba una infinidad de emociones, recibí un mensaje de él que decía:

Calle Lucksville 221, a las 4 p.m. Será mejor que vayas, Sami.

Miré el mensaje una y otra vez con mi teléfono en mano, forzándome a mi misma a tranquilizarme. Intenté convencerme de que era imposible que una persona cayera en la misma trampa una y otra vez. Ya que no era posible evitar a Jonathan, lo mejor era pensar en algo para que se alejara de mi por su cuenta.

De pronto, mi teléfono comenzó a sonar, indicando que me estaban llamando. Era Álvaro. Cuando contesté, una voz llena de indiferencia sonó desde el teléfono.

-Arréglate. Me vas a acompañar a una fiesta más tarde.

Aun me sentía inquieta por el asunto de Jonathan, así que intenté pensar en una excusa después de quedarme en silencio por un momento.

-¿Es necesario que vaya? No me siento muy bien el día de hoy. Me quiero quedar en casa y descansar.

Hubo un silencio por un momento que después desapareció gracias a una voz profunda:

-¿Es muy serio?

-No es muy serio, pero no quiero salir -aseguré mientras agitaba mi cabeza. Luego de una pausa, pregunté con cautela:

-¿La fiesta es importante?

-No pasa nada. Mejor descansa -dijo con una voz tranquila y escasa de emociones.

Le mandé un mensaje a Mayra después de terminar la llamada. Luego de eso, me preparé por un rato antes de subirme a mi auto y dirigirme hacia la dirección que Jonathan había mandado.

A las 4 p.m.., el sol estaba ardiendo y las personas estaban saliendo a las calles. La dirección que Jonathan me había enviado me llevó hacía una lujosa tienda privada de ropa. Me mantuve alerta y no entre enseguida. Saqué mi teléfono de mi bolsillo y llamé a Jonathan, pero no pude comunicarme con él. En ese momento, una señorita que vestía un vestido verde salió de la tienda.

-¿Es usted la señorita Samara Arias? -preguntó mientras me observaba con una sonrisa en su rostro. Asentí, sintiéndome sorprendida.

-Pase por favor, señorita Arias. No se preocupe, el señor Arias nos ha dado instrucciones. Deje todo en nuestras manos -dijo mientras seguía sonriendo.

La seguí hacia el cuarto VIP en el segundo piso. Después de darle un par de ordenes a unas personas, me llevó para elegir un vestido. Yo no era tonta, así que me di cuenta de lo que iban a hacer. Aun así, no tenía idea de lo que Jonathan realmente estaba planeando. Poco después, me confiscaron mi teléfono y luego me llevaron hacía un tocador. La chica del vestido verde me sonrió y dijo:

-No se ponga nerviosa, señorita Arias. El señor Arias ha preparado todo y lo único que usted debe hacer es cooperar con nosotros.

Todo el proceso terminó después de unos 10 minutos.

Fruncí el ceño cuando vi mi rostro casi irreconocible en el espejo, molesta.

Jonathan nunca llegó y en lugar de eso, envió un brillante Bentley negro para que me esperara afuera de la tienda. Al observar el auto, me di cuenta de que el conductor lucía demasiado joven. Entré al auto sintiéndome insegura: miré al hombre con mis brazos cruzados y pregunté:

-¿A dónde vamos? Traje mi auto, así que yo iré para allá.

-¿Eso significa que no confía en mí? -preguntó el conductor con una sonrisa en su rostro.

Reticencias de amor Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora