Capítulo 65 Esta casa nos pertenece a Álvaro y a mí.

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Me senté en la bañera con la mirada perdida, la cabeza me estaba dando vueltas mientras que una punzada de dolor recorría mi corazón. Nos habíamos visto desnudos el uno al otro más de una vez, así que no me daba pena que me viera tan vulnerable y le permití que me limpiara; pronto, el vapor comenzó a inundar el baño y el calor regresó a mi cuerpo. Luego de un rato me envolvió en una toalla, me sacó y me ayudó a ponerme la pijama; después me secó el cabello. No obstante, ni uno de los dos dijo una sola palabra. Cerré los ojos y me recosté mientras el cansancio me invadía.

-No te duermas, primero deja que te seque el cabello -dijo Álvaro y ya no sonaba enojado.

De esta manera continúe en silencio con los ojos cerrados. Escuchar la secadora de cabello me pareció tan cálido y al mismo tiempo tan irreal; el sonido resonaba fuertemente en mis oídos.

-¡Samara! -gritó Álvaro mi nombre después de apagar la secadora.

Entonces abrí los ojos llena de confusión. Luego me atrajo hacía si y dijo:

-Hay que bajar juntos -Lo dijo como orden y ni siquiera me dejó negarme, pues ese momento me levantó y salió conmigo de la habitación.

En el piso de abajo estaba Rebecca y sorpresivamente, también Joel; ella ya se había duchado y se estaba secando el cabello.

<<¿Cuándo habrá llegado Joel?>>

Cuando Rebecca me miró en los brazos de Álvaro pude ver los celos en sus ojos, así que se levanto de golpe y corrió a tirar de él.

-Alvi, ¿piensas dejarme?

Sus ojos estaban rojos e hinchados de tanto lamentarse; baje la mirada y cerré los ojos de cansancio, al tiempo me preguntaba  por que rayos Álvaro me habría bajado con él; ¿acaso quería que los viera intimar?

-Rebecca, detente, Joel te va a llevar a casa -dijo Álvaro sonando molesto. Rebecca estaba a punto de dejarse caer sobre el suelo cuando dijo:

-Todos ustedes creen que estoy siendo demasiado, ¿verdad? Desde que mi hermano falleció no he podido evitar sentir que me desprecian y que quieren dejarme.

-¡Ja! -Me burlé.

Mi risa provocó a Rebecca, quien al instante se giró hacía mí y me miró fijamente.

-Samara, ¿ qué tiene de gracioso? ¡Ah, de seguro estás tan feliz, tienes todo lo que querías!.

Su comentario me hizo gracia.

-¿A qué te refieres con todo lo que quiero? -Hice una pausa para dejar escapar una risa amarga- , Si claro que conseguí todo lo que quería, gracias a usted, señorita Villa, estoy atrapada en una relación donde no me aman, ni siquiera tengo el valor de decirle al resto del mundo que estoy esperando un bebé y usted está usando a su hermano fallecido para destruir una familia. ¡No puedo creer lo desvergonzada que es al ser una amante y sentirse orgullosa de ello!.

-Samara, deja de decir tonterías! -El rostro de Rebecca se estaba tornando rojo de ira.

No podía molestarme en seguir peleando con ella.

-¿Tonterías? ¿Acaso no te das cuenta de cómo te estás comportando en estos momento? Esta casa nos pertenece a Álvaro y a mí y no es un lugar para que te luzcas. Por favor, retírese señorita Villa.

Las manos de Rebecca comenzaron a retorcerse de furia, luego miró a Álvaro y volvió a girar su mirada hacia mí, estaba llena de odio. Y yo, estaba muy cansada como para continuar con la conversación, así que cuando me giré para irme, pude escuchar como Rebecca le imploraba a Álvaro.

-Alvi...

-¡Es suficiente! ¡Joel, llévala a casa! -dijo Álvaro molesto.

Seguí subiendo las escaleras sin dudarlo, pues después de todo no estaba de humor como para continuar con la conversación. Cuando llegué a la habitación me recosté sobre la cama y podía sentir como mis ojos y cabeza palpitaban de dolor, de inmediato llamé a Mayra. El teléfono sonó durante un rato hasta que Mayra tomó la llamada.

-Señorita Arias, ¿ya miró la hora?

Parecía que mi llamada la había despertado de repente, mire el reloj y ya eran las 2 de la mañana; me sentí algo culpable pero aun así susurré al decir:

-May.ra creo que estoy enferma.

Mis palabras la tomaron por sorpresa.

-¿Qué sucede? ¿Te sientes mal? ¡Deberías ir al hospital! ¿Álvaro está contigo? -preguntó en voz alta.

Me quedé en silencio pues no supe explicar cómo me sentía, no era algo que pudiera verse a simple vista; entonces respondí con un suspiro:

-No es nada, es que te extraño mucho.

Mayra no insistió porque tenía sueño.

-Cariño, ¿no puedes dormir?

Abrí la boca para decir algo pero la voz se me quedó atorada en la garganta.

-Deberías irte a dormir otra vez, hablaremos mañana. -Al final, no dije nada.

Luego de colgar me acurruqué sola en la cama, me sentía totalmente aburrida.

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