153: Crisis mental

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Comencé a sudar frío y por poco se me cae el teléfono. <<¿Cómo lo supo? Escondí el teléfono en mi abrigo>>. Como me obligo a tomar frente, saqué mi teléfono y lo apagué frente a él. -¿Ya podemos hablar?

Se enderezó y respondió:

-¡Por supuesto!

-Entonces, señor Toledo. ¿Por qué me secuestró sin motivo? -Aunque ese incidente fue un secreto por varios meses, era algo difícil para mí de olvidar sin tener una buena explicación.

El señor Toledo encendió un cigarrillo y aspiró. -Sobre eso...solo seguía las órdenes de alguien más que me ofrecía dinero por ello.

Me mantuve callada para escucharlo.

-Créditos AC estuvo a cargo de la auditoría del Corporativo Ayala, pero el señor Ayala decidió cambiarlo por Créditos Herrera. La empresa debía tomar acciones, ¿sabes? Y una cosa más, alguien quería que usted dejara su esposo. Esas son las razones detrás de mis acciones. Me disculpo si le causé algún trama, señora Ayala.

Solté una risa amarga. -Vaya que lo hace sonar muy normal y justificado, ¿no es así? ¿Qué estupidez. Por lo que sé, usted no tiene relación alguna con Créditos AC. ¿En verdad me está diciendo que arriesgó su vida y se tomó la molestia de pasar por todo eso solo por Créditos AC?

El señor Toledo bajó su cigarrillo y sonrió. -¿Cómo está tan segura de que la permanencia de Créditos AC no me involucra en lo absoluto? Respecto a su secuestro, ¿por qué no va a preguntarle mejor al señor Quintana? Estoy seguro que tendrá más que aportar al asunto.

-¿Joel Quintana?

Continuó riéndose. -Para ser honesto, la amenaza para obligarla a organizar la licitación pública no fue nada difícil. Y yo que me puse a pensar en diferentes manera para logarlo, pero gracias a factores externos, tuve que recurrir al método más inconveniente. Me disculpo por eso.

<<¿Factores externos? Joel debió haber estado involucrado por Rebecca. ¿Así que Rebecca es la mente muestra detrás de todo esto? Después de todo, el incidente fue orquestado para intervenir en mi relación con Álvaro y yo...>>

Cuando salí de Gold Scale, me sentí abrumada por las náuseas. Sentía que seguía  atrapada en aquel lugar oscuro, rodeada de los sonidos de Álvaro y Rebecca revolcándose. Desde aquel incidente, había estado tratando de despojarme de todo sentimiento de agonía, pero simplemente no podía recuperarme del trauma sin importar qué hiciera. Con la mirada perdida, decidí llamar a Javier.

-Samara, ¿Qué pasa?

-Javier, necesito hablar contigo. -Tenía miedo de regresar a aquel trauma. Intenté reprimirlo por mucho tiempo y sentía que mi corazón estaba a punto de explotar.

-¿Qué pasó? ¿Cómo has estado? ¿Si está durmiendo bien? -Javier se escuchaba cansado, seguramente apenas había salido del trabajo.

Respiré hondo y coloqué mi mano sobre mi pecho, ya que me estaba costando trabajo respirar. -Están pasando muchas cosas. ¿Puedes venir a visitarme a Ciudad J uno de estos días? Estoy embarazada y no puedo viajar para verte.

-¿Qué demonios? ¿Estás embarazada? ¿Estás casada? ¿Con quién? ¿Con quién te casaste? -Su voz subió una octava.

<<Dios, son demasiadas preguntas>>.

-Es una larga historia. ¿Cuándo crees que puedas venir? -respondí.

-Definitivamente voy a ir. En cuanto a la fecha exacta, te confirmo más tarde. Por el momento, todo lo que puedo decir es.... ¿Es en serio Samara? ¿Cómo no me dijiste nada de esto antes? ¿Un embarazo? -siguió hablando.

La cabeza comenzó a dolerme aún más. -Perdón, han sido unos años difíciles. Yo...

Del otro lado de la línea escuché y suspiro. -Está bien. Ya hablaremos cuando vaya para allá en unos días.

-Perfecto.

Cuando colgué la llamada no sentía ganas de regresar a casa. Al final , pedí un taxi y me fui a los apartamentos Glenwood. Cuando llegué, cerré la puerta con seguro y apagué mi teléfono para echarme sobre la cama. Demasiadas cosas habían pasado ese día y estaba empezando a afectarme. El dolor de cabeza era tan intenso que me estaba costando trabajo poder dormir. Cuando de pronto.... ¡Bam! Se escucharon unos golpes en la puerta que resonaron por toda la casa. Para cuando salí de la habitación, Álvaro ya había entrado al apartamento y se encontraba en la entrada con una expresión molesta.

-¿Por qué viniste aquí? ¿Y por qué no contestas el teléfono?

Respiré hondo y suspiré. -Apagué mi teléfono. Ahora ve y arregla la puerta. -Tras decir eso, me di la vuelta y caminé de regreso a la habitación. Al entrar, me recosté sobre la cama y miré el techo. Estaba cansada emocionalmente, pero no me podía dormir. Al verme despierta sobre la cama , Álvaro me jaló del brazo y dijo:

-Levántate y come algo.

-No tengo hambre. -En verdad no tenía apetito.

Se notaba en su rostro que estaba molesto y me preguntó:

-¿Por qué viniste aquí de repente?

-Vine aquí por que quise.

-¡Samara! Puedo perdonarte y entender por qué estás actuando de esta manera, pero por favor dime por qué. No me hagas adivinar -comenzó a sonar sentimental. Pude darme cuenta por su ronca voz que estaba absolutamente cansado del día y no pude evitar sentirme algo culpable por descargar mis emociones con él.

Lo miré y me sentí algo distraída. -Álvaro, ¿llegaste a sentir lastima por el hijo de Rebecca?

Reticencias de amor Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora