Capítulo 77: Un acercamiento peligroso

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Tarde-noche,  víspera de la celebración de los juegos escoceses

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Tarde-noche,  víspera de la celebración de los juegos escoceses. Archer Hall, 1919

Marnie estaba indignadísima con los dos hombres.

Stephan Leonidovich Artamonov y Archibald Cornwell ¿Quiénes se creían que eran?

<<Par de brutos...>>

La joven mantuvo el vestido ligeramente levantado para poder mantener la velocidad de sus pasos a medida que ponía distancia. 

 Había abandonado el jardín furiosa, incapaz de dominar su ira.  Su temperamento ardía, la indignación la hacía hiperventilar;  estaba más que dispuesta a no dejar que nadie volviera a tenerla en tan poca consideración. Ahora ya no tenía por qué bajar la cabeza ni aguantar a nadie.  No le importaba de quienes  se tratara, ella estaba decidida a hacerse valer.  Aunque en esos momentos se jugara algo más que su orgullo. 

<<Semejante trato... No puedo tolerarlo, ¡No voy  a consentirlo...! >>

Sentía ganas de llorar. 

¿Cómo había llegado a pensar si quiera  que el príncipe Stephan iba a ser distinto al resto de los hombres? ¿Y qué se decía de Archie? 

Se sentía defraudada con los dos;  pero sobre todo con él, con su rubio tormento. 

Todavía no podía creérselo. 

Se la habían pasado  disputándosela  como si ella fuera un maldito trofeo.

 Y por si fuera poco eso, el guapo y elegante señor Cornwell tampoco se había quedado atrás.

¿Dónde se había quedado el caballero educado y divertido que la había confortado con su charla en Dunnottar Park? 

Sabía que había roto con su prometida, pero ello no era óbice para comportarse como un patán.

Marnie frunció el entrecejo y arrugó la nariz. 

<<Par de cretinos insensibles...>>

Ella no era ningún trozo de carne por el que pelearse, ni tampoco el premio de nadie.

Su corazón latía con rapidez.

Marnie apretó los puños tratando de dominar la oleada de indignación que la sacudía por dentro. Pero por lo que sabía, una dama no debía comportarse como una verdulera y se mordió la lengua.

 No quería avergonzar a su familia con un comportamiento escandaloso. Su antiguo yo les habría dicho cosas mucho más duras y groseras, al punto de que estaba segura de que podría hacer ruborizarse al mismísimo diablo.

Suspiró resignada.

Pero  ahora no estaba en la pensión de Chicago, ni tampoco tenía que pelearse con su compañera de piso: Lara Sabatini. 

Esmeraldas bajo un cielo sin nubes [Libro 2 ] Tu destino: Mi suerte  [Libro 3]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora