Capítulo 86: Serenata de despedida

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Stephan, de luto riguroso, aseado pero con barba de varios días interpretó al violín  "The Swan" del compositor francés Camille Saint-Saëns, la favorita de su hermana menor, conteniendo a duras penas el dolor que se extendía desde su corazón hasta...

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Stephan, de luto riguroso, aseado pero con barba de varios días interpretó al violín  "The Swan" del compositor francés Camille Saint-Saëns, la favorita de su hermana menor, conteniendo a duras penas el dolor que se extendía desde su corazón hasta las extremidades como un torrente de lágrimas sin derramar. Le costaba hacerse a la idea de que ella descansaba en el ataúd, a escasos metros de donde él se encontraba sentado. Ella se había ido de este mundo sin haber cumplido la mayoría de edad, sin haber visto a su niño crecer, por culpa del malnacido de Terence Graham. Había sido un accidente, todo el mundo lo sabía pero él necesitaba culpar a alguien.

Y necesitaba hacérselo pagar.

Nunca podría perdonarle lo que había hecho...fuera un hecho del azar o no.  Ella había sido atropellada por el lujoso coche del actor cuando abandonaba como un diablo el recinto donde se estaba celebrando la fiesta de los Archer. Eso era lo que se comentaba y le hacía arder de indignación.

Era irónico pensar que el final iba a culminar con un campeonato de gaitas y fuegos artificiales. Un canto a la vida que se había convertido en una elegía a la muerte de una dama.

Stephan lloraba y seguía tocando mientras los asistentes al funeral sacaban los pañuelos y secaban las lágrimas tras los sollozos sofocados por el buen decoro. 

Le sudaban las manos y sentía un nudo en la garganta; tenía ganas de gritar, de preguntarle a Dios por qué se la había llevado tan pronto. Pero era inútil conjeturar la causa sin sentir más dolor. No podía entender cuáles podían ser las razones para que les privaran de la presencia de alguien tan especial como ella.

Observó entre las lágrimas a las personas que aguardaban en respetuoso silencio a que él terminara y pensó en hablar con Marnie, pensó en confesarle sus sentimientos. Pero ahora, no tenía fuerzas suficientes para hablar de algo tan mundano como un compromiso de boda en un momento tan desgarrador como aquel. 

Volvió de nuevo sus ojos brillantes hacia la muchacha que yacía en el ataúd entre miríadas de flores que habían sido enviadas desde distintas zonas del país, cerró los ojos sintiendo la música en los huesos, dejándose llevar con ella y logró una sonrisa triste al recordarla en vida, tal y como era. 

[***]

Candy  sentía un nudo en la garganta y le pesaba el corazón. Las notas que Stephan lograba arrancar al violín la hacían estremecer de emoción y tristeza. La familia Archer-Artamonov ocupaba los primeros bancos de la abarrotada iglesia, cerca de la persona que descansaba en el altar, como una hermosa  escultura  de mármol blanco y cabellos de oro.  Candy  apretaba la mano de su hermano Gilbert quien se mantenía en pie, aguantando como podía el peso de la pena.

Candy observó con el ánimo encogido lo mucho que él la amaba, su hermana podía percibirlo en el dolor de su mirada enrojecida por las lágrimas no derramadas.  Gilbert Aún no había sido capaz de derramar ni una sola de ellas y ella sospechaba que su temperamento racional le impedía derrumbarse y someterse a la realidad de las circunstancias. 

Esmeraldas bajo un cielo sin nubes [Libro 2 ] Tu destino: Mi suerte  [Libro 3]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora