La tutela de Candice White Ardlay ha sido revocada por su tutor en favor de su padre biológico. Neal está buscando cobrarse su venganza y Arthur Mc Bride sigue obsesionado con destruir a su antiguo enemigo de la universidad. No sólo busca arruinar...
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Se presentó en la fiesta de los Archer, sabiendo que aquello iba a molestar mucho a su padre el gran Duque de Grandchester. Hacía tiempo que no se hablaban los dos y tanto mejor que fuera así, la gordinflona de su madrastra seguro que lo celebraba.
Terry no se llevaba bien con ninguno de ellos, ni tan si quiera podía considerar familia a sus hermanastros. Ellos también parecían odiarlo, casi tanto como él a ellos.
Tanto más le daba.
Ahora él mismo tenía familia y debía ocuparse de que al pequeño Richard no le faltara de nada. Su carrera empezaba a despegar y una importante compañía teatral le había propuesto trabajo, pero tendría que dejar Londres. Le prometían regresar a Broadway y Terry empezaba a interesarse por otro tipo de espectáculo: el cine.
La palabra Hollywood empezaba a sonar cada vez más y la creación de la United Artists Corporation por artistas como Charlie Chaplin, Mary Pickford, Douglas Fairbanks y D.W. Griffith para poder producir y distribuir sus propias películas, empezaba a tentarlo. Él también quería controlar su trabajo a nivel artístico y financiero.
El cine no podía ser tan distinto del teatro y tenía entendido que uno se podía ganar muy bien la vida.
Fumó un cigarrillo mientras observaba con diversión a aquellos palurdos con faldas. Un tipo enorme le llamó en especial la atención.
Tenía mirada de felino, el largo cabello negro lo llevaba atado con una cinta de cuero. Estaba sin camisa y sus poderosos músculos no dejaban indiferentes a ninguno de los presentes. Las mujeres cacareaban como gallinas, mientras los hombres hacían apuestas.
<<Panda de brutos...>>
El tipo cargó como si nada un tronco al que llamaban caber que debía de medir más de seis metros. Terence frunció el entrecejo cuando aquel animal lo volteó con facilidad, lanzándolo de manera que el extremo que sostenía aquel tipo, aterrizó primero en el suelo y luego el tronco cayó completamente recto hacia adelante, apuntando directamente lejos del lanzador.
Un murmullo de asombro y admiración se extendió entre el público.
Algunos de los jóvenes participantes enseguida se desanimaron, no así muchas de las damas que enseguida se arremolinaron cerca de aquella bestia. Otros muchos se acercaban a felicitarlo.
Los jueces se acercaron y evaluaron el lanzamiento del tal Bear Archer como casi perfecto y Terry después de observar la hazaña de aquel atleta sonrió con ironía.
<<Hacer algo como esto es de zafios y un gasto de energía inútil...>>
Sin embargo, eso no significaba que la hazaña estuviera exenta de mérito.
Terence sonrió con ironía.
Desde luego que no le gustaría echar un pulso con aquel bestia. Había tenido bastante con la colección de golpes que se había llevado aquella vez en aquel bar donde ahogaba sus penas en alcohol hasta que Albert lo despertó de su letargo autocompasivo con sus puños. Tenía que reconocer que tenía una buena derecha y reconocía en sí mismo, la falta de forma.