La tutela de Candice White Ardlay ha sido revocada por su tutor en favor de su padre biológico. Neal está buscando cobrarse su venganza y Arthur Mc Bride sigue obsesionado con destruir a su antiguo enemigo de la universidad. No sólo busca arruinar...
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Tarde-noche, víspera de la celebración de los juegos escoceses. Archer Hall, 1919
Ella se acercó a su hermano por la espalda de improviso.
—¡Buh...!
—¡Por todos los diablos...! ¡Liliana, casi me matas del susto!— jadeó Bear Archer.
Él seguía sentado en el mismo banco donde lo había dejado Annie Marie Bennet-Brighton vibrando de deseo.
Riendo, su hermana menor se acomodó a su lado.
Ella sabía que él estaba interesado en una dama en particular desde hacía semanas y los había seguido hasta el jardín, impaciente por saber el desenlace de aquel encuentro.
—¿Qué tal la conquista, cómo vas hermanito...?—inquirió con una sonrisa y apartando los cabellos oscuros de la cara.
Era una muchacha morena, menuda, hermosa y muy despierta. La menor de los Archer de Kilchurn Castle, la única soltera y su más preciada joya.
Bear consiguió apaciguar su agitado corazón. Con esa maldita manía suya, lo iba a matar un día de un sobresalto.
—¿Me has estado espiando...?— acusó entrecerrando sus ojos gatunos.
Era lo que le faltaba.
¿Es que nunca iba a aprender a meterse en sus propios asuntos? Bear empezaba a perder la paciencia con ella. No le gustaba que se inmiscuyera así en su vida privada. Por otra parte, la escena con la joven Annie había sido bastante bochornosa, incluso para él. Lo cual le hacía cuestionarse si estaba siguiendo la estrategia más adecuada para seducirla.
Ella ahogó una risita maliciosa.
—He visto lo suficiente para darme cuenta de cómo te comías con los ojos a esa dama de allí—dijo señalando las altivas espaldas de Annie Bennet-Brighton alejándose con energía del jardín.
Bear no podía apartar la vista del bamboleante ritmo de sus caderas y eso lo hacía volverse loco.
Liliana conocía esa mirada.
La joven entornó los ojos.
—¿Quién es...? es muy hermosa y distinguida— dijo tras detener la mirada en el impecable peinado de la dama y su elegante atuendo.
Él suspiró resignado.
—Solo la madre de mis hijos...— rio el hombre cruzándose de brazos—. Solo que ella aún no lo sabe.
Liliana suspiró resignada. Su hermoso vestido de gala le hacía parecer más elegante que de costumbre. Bear estaba orgulloso de ella, se había convertido en una belleza de cabello negro y ojos dorados.