Capítulo 80: Un final prematuro

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Los pequeños Gregory, Petra, Jamie y Lissie jugaban a la pelota por los jardines de la mansión Archer ajenos a todo el ajetreo de la fiesta, bajo la atenta mirada de las niñeras

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Los pequeños Gregory, Petra, Jamie y Lissie jugaban a la pelota por los jardines de la mansión Archer ajenos a todo el ajetreo de la fiesta, bajo la atenta mirada de las niñeras. Pero en ocasiones, también de los otros adultos. Ahora bien, los niños jugaban con gran entusiasmo en una pequeña parcelita del jardín especialmente delimitada para ellos. Gregory Artamonov, era bastante diestro con el balón y aunque eran pocos los niños que habían acudido a tan interesante evento infantil, sí que conformaban los suficientes como para hacer dos equipos de fútbol. La pelota era un objeto esférico de cuero que había pertenecido al pequeño Gilbert, estaba gastada y llena de golpes. Sin embargo, servía bien para su propósito.

—¡Aquí, aquí...! ¡Lánzala, Goyo! — exigió el pequeño Jamie desmarcándose del resto.

Gregory Artamonov lanzó la pelota demasiado lejos, y Jamie chasqueó la lengua con fastidio.

—¿Qué diablos has hecho...? ¡Te he dicho que me la lanzaras, no que la embarcaras a la Conchinchina...!— exclamó el joven Doyle echando a correr tras  la pelota sin tener en cuenta donde había caído.

Jamie no vio el vehículo que se aproximaba a toda velocidad, ni tampoco vio a la persona que lo empujó a la cuneta enérgicamente antes de que el coche embistiera a la joven invitada con fuerza.

La tia Irina chocó contra el parachoques del descapotable rojo de Terence, ante la mirada horrorizada de los niños. Jamie se quedó mudo, mientras las niñas gritaban llenas de angustia. Petra se quedó pálida, agarró la mano de su hermano Goyo mientras llenos de dolor y espanto contemplaban la figura de su hermana tendida en el suelo de grava como una muñeca rota vestida con el tartán multicolor de la familia Archer.

Terence en esos momentos previos al fatal accidente, no podía dejar de pensar en ella, ni en lo que le había dicho. La señorita Pecas había logrado herir su orgullo con aquellas fatales y lacerantes palabras. Había otro hombre ocupando su corazón, él ya era agua pasada. No podía admitir su derrota, ni tampoco podía asimilar que ella lo rechazase de aquella manera. ¿Acaso lo que habían vivido juntos en San Pablo no había sido real? ¿Por qué ahora lo había despachado de esa manera? Entendía que ahora que era una dama ilustre le daba con la puerta en las narices. Puede que ahora la señorita Pecas se avergonzara de su affaire con un noble bastardo.

Su orgullo le impedía asumir su parte de culpa en aquella historia de amor fallida. Después de despedirse de ella, decidido a recuperarla como fuera empezó a sentirse cada vez más furioso. Furioso consigo mismo, enfadado con ella. La había creído más auténtica, no una niña caprichosa....ni condicionada por su  ascenso social. Susanna era distinta, se había abierto camino sola a base de talento y del apoyo de su familia. Sin embargo, su amor intenso por él no conseguía colmarlo. Terence no conseguía sentir por ella el mismo fuego que ahora hacía arder su cuerpo.

Era ella, Candice W. Ardlay o Archer, como maldita fuera que se llamara ahora la que le hacía arder.

<<No creas que esto se ha terminado así, señorita Pecas. Yo siempre consigo lo que quiero...>>

Esmeraldas bajo un cielo sin nubes [Libro 2 ] Tu destino: Mi suerte  [Libro 3]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora