Me costo mucho trabajo pero lo logré. Logre comportarme y ser fuerte ante su presencia. Él muy descarado se desnudaba ante mi en el momento de cambiarse de ropa pero yo pensaba "Ni esta tan Bueno" lo repetía como si fuera un mantra del cual dependía mi vida.
Al llegar a mi casa no pude evitar soltarme a llorar, me había contenido todo el día pero en este punto, en la soledad de mi departamento todo caía sobre mi. Todos los recuerdos me apedreaban. Y hoy pude comprobar que mi ausencia no lo afecta en absoluto. No fui nada importante para él.
Al día siguiente me levante y fui al gimnasio como lo había hecho todo la semana, pero esta ves opte por entrar al sauna. Entre al baño y me desnudé para solo enrollar una toalla alrededor de mi cuerpo y poder entrar a la caja caliente que limpiaría mi cuerpo de todas las toxinas malas que rondaban por mi cuerpo.
—Puta madre, lo que faltaba— Pensé cuando entre al sauna y vi a Anthony sentado con tan solo una toalla amarrada en su cintura. Tenía la cabeza inclinada hacia atrás y los ojos cerrados, los cuales abrió al escuchar que abrí la puerta.
No alucine cuando creí verlo el otro día, siendo una ciudad tan grande tenía que venir a encontrármelo aquí? ¿Me estará siguiendo?
Gire para irme pero me detuvo su voz.
—No tienes que irte— dijo enderezándose y sentándose bien.
Es cierto. No tenía por qué irme, pague mi membresia y tenía derecho a estar aquí.
—Si te incomoda mi presencia, puedo irme.
—No, está bien— dije sentándome lo más lejos posible. Y para el colmo sólo estábamos él y yo.
—No esperaba encontraré aquí— dijo rompiendo el silencio incómodo.
—Yo menos— dije cerrando los ojos poniéndome cómoda.
—Tengo viniendo a este gimnasio casi 5 años.
¿A mi que me importa? ¿Por que busca sacarme plática?
—Yo recién entre— dijo cortante.
El silencio volvió a hacerse incómodo pero sentía como su mirada me escaneaba. Aunque quise soportarlo no pude, me levante con toda la intensión de irme pero Anthony me detuvo.
Me tomo del brazo, me giro y me beso. Anhelaba tanto ese beso, estar de nuevo entre sus brazos. Me beso con intensidad, devoraba mis labios de forma deliciosa, no lo pude evitar y deslicé mis manos por su pecho.
—¿Me extrañaste?— susurro mientras besaba mi cuello.
—No— mentí.
—Yo si...mucho— dijo apretándome más hacia su cuerpo sin dejar de besarme.
La lujuria estaba comiéndose las últimas neuronas que me quedaban en el cerebro. No podía pensar, solo me sentía en el infierno, ardiendo por dentro y por fuera.
Anthony tomó mi toalla y la arrancó de mi cuerpo, estúpidamente no puse resistencia. Me cargo y me empotro contra la pared, solo podía sentir nuestros cuerpos ardiendo, sudando y mi ritmo cardiaco acelerado. Hundió su cabeza entre mis pechos y me estaba haciendo delirar no podía dejar de soltar gemidos.
—Cállate, nos puedes escuchar— dijo en un susurro mientras me tapaba la boca.
Fue cuando caí en cuenta que estábamos en un lugar público y alguien podía entrar. Cuando estuve apunto de parar esta locura todo se volvió más ardiente y estaba delirando.... Al sentir esos brazos fuertes que me apretaban la cintura mientras sus caderas arremetían con brusquedad contra mi. Me hacía arquearme de placer y tirar la cabeza hacia atrás mientras él seguía tapando mi boca para que no se escucharan mis gritos. Había despertado un infierno en mi que necesitaba ser saciado. Quería chuparlo y comermelo entero.
Cuando llegamos juntos al límite de nuestro placer, me sentí cansada, que me faltaba el aire, se me nubló la vista y no supe más.
—A quien se le ocurre Anthony, tener sexo en el sauna— escuche pero no podía abrir los ojos.—Le dio un golpe de calor.
Alguien me movía de donde estaba y de pronto sentí como si me levantaran en botón de encendido pero era la maldita agua helada que estaba cayendo en mi cuerpo.
—¿Estas bien?— me dijo Anthony quitándome el cabello de la cara.
—¿Que pasó?— pregunte confundida.
—¿De que te acuerdas?
—El sauna... tú y yo... mierda— me tape la cara con frustración. Caí en la maldita tentación que me ofrecía este enviado de lucifer.
Escuche como Anthony se reía.
—Te dio un golpe de calor por ya sabes... pero fue una experiencia nueva, fue rico, claro, antes de que te desmayaras.
—Lo siento— dije apenada.
—No lo sientas, nena. Podemos terminar en lo que estábamos— dijo sonriendo.
Fue cuando reaccioné que aún estábamos desnudos pero ahora debajo de la regadera.
—Debo irme— dije tratando de salir pero él me detuvo.
—No huyas... ¿Si la vida se empeña en juntarnos será por algo no? — dijo con esa bonita sonrisa que tanto me gustaba.
—Por que Nueva York a de ser muy pequeño... voy a mudarme haber si así te sigo encontrando.
—No puedes dejarme así, solito— hizo una cara de niño regañado que podía conmigo.
Lo abrace, necesitaba hacerlo después de tanto tiempo. Lo seguía amando, era mi complemento perfecto.
—Si me quieres un poco, déjame ir Anthony. Me haces daño— le dije al oído.
—No eres la única que sufre— dijo viéndome a los ojos.— te extraño, te extraño mucho y trate de respetar tu decisión y alejarme por eso no te busqué.
—No debimos...— dije pensando en lo del sauna.
—Eres una droga para mi Deb, no puedo tenerte cerca y no desearte. Y no solo en el plano sexual. Extraño tus caricias, tus besos, tus chistes malos, tu amargura, toda esa intensidad con la que te manejas. En verdad te extraño Deb.
—Debo irme...— le dije dándome la vuelta y saliendo de ahí.
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Clandestino / Romeo Santos
RomanceDespués de conocerse casualmente en una tienda, Debora y Anthony se reencuentran pero su relación se vuelve imposible por miedo a lastimar a los que los rodean.
