Capitulo 59

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Estaba sentaba en mi escritorio, buscando las ideas para mi próxima pasarela mientras movía una pluma entre mis dedos, las ideas no llegaban y fue entonces cuando realmente comencé a plantearme abandonar esto y aceptar la oferta de Anthony.

–Deb... hay una chica buscándote, dice que le urge hablar contigo— dijo mi secretaria asomándose por la puerta.

–¿Quien es?– no tenía ganas de ver a nadie, estaba frustrada por que la creatividad no llegaba a mi.

—Su nombre es Melissa.

–¿Y que quiere?– pregunte molesta.

–Dice que es personal...

Puse los ojos en blanco y le dije a mi secretaria que la dejara pasar, ya me imaginaba por donde iba esto. Me levante de mi escritorio, acomode mi saco... llevaba un traje sastre color gris y unos hermosos tacones de aguja. Me puse frente a mi escritorio, me recargue en el borde y crucé los brazos.

Entro una mujer de estatura promedio, con un vestido corto, de piel Morena y cabello alborotado.

—¿Tú eres debora?– me pregunto con arrogancia.

—Si llegaste a esta empresa preguntando por debora y te trajeron hasta aquí es por que lo soy– dije con seriedad.–¿Que necesitas?

—Vine a dejarte bien en claro algo– dijo con rabia dejando su bolso en una de las sillas.– Aléjate de Anthony– me amenazó.

¿Y esta quien es? ¿Otra en la lista?

—¿Y tú eres?– dije frunciendo la frente.

—La mejor amiga de Fran.

–Ahhh– dije riéndome y me puse de pie.

—Debes dejarlo, él le pertenece a ella.

—Por principios de cuentas... Tú no eres nadie para venir a decirme que hacer... En Segunda, creo que Anthony está grandecito para decidir con quien estar.

—Tu te metiste en su relación, eres una zorra– dijo con rabia.

—¿Y qué si lo soy? A ti qué es lo que te preocupa? ¿Ya no poder disfrutar de vacaciones pagadas a costa de Anthony?  O cuál es tu problema?– respondí con arrogancia.

—Él sigue depositándole mensualmente dinero– dijo a la defensiva.

–No me importa lo que Anthony haga con su dinero, es suyo. Por eso yo tengo mi trabajo para no tener que depender de nadie, ni tener que vivir de las migajas de mis amigas– dije sonriendo.

–Eres una– dijo acercándose a mi para pegarme pero la detuve.

–¿Quieres que llame a la policía? Por qué yo también se jugar sucio y puedo inventarme miles de historias para que por lo menos te dejen una semana ahí.

–Eres lo peor debora, te encargaste de meterle ideas a ella para que lo dejara, pero claro si eras tú la oportunista que estaba abriéndole la piernas a Anthony para ocupar el lugar de mi amiga.

–Y las abrí tan bien que le quite el lugar a tu amiga– dije riéndome.

–Ella está destrozada, él era todo para ella, le dio sus mejores años, lo mejor de ella, le soporto todo para que viniera una estupida como tú a quitarle todo.

—Mira, voy a ser muy sincera contigo... No me importa nada de lo que tú puedas decirme, no voy a dejarlo.

–Está embarazada– dijo de golpe.

Me quede helada. Eso no lo esperaba. Tarde en reaccionar y aunque esto ponía mi mundo de cabeza, no iba a mostrar debilidad ante ella.

–Muy bien por ella, felicítala de mi parte.

—¿No te importa que esté esperando un hijo de Anthony?– dijo sorprendida.

–Claro, un hijo siempre es una bendición. Que tenga por seguro que esa criatura tendrá un padre. Pero yo no voy a dejar a Anthony– sonreí con maldad.

–Eres un monstruo.

Me fulmino con la mirada, tomó su bolso y salió de mi oficina azotando la puerta.

Fue entonces que me derrumbe, me senté en una de las sillas y comencé a llorar. Si en verdad ella estaba esperando un hijo las cosas entre Ant y yo iban a cambiar, si no es que a terminar. No quería perderlo pero tampoco iba a dejar a un niño sin su padre. Llore tanto que tenía los ojos hinchados y la nariz irritada.

Mi celular timbro y era Anthony en videollamada, no iba a responderle, no quería que me viera así. Rechace la llamada y agache el rostro para seguir lamentándome.

–¿Deb?– escuche la voz de Ant. Había aceptado la llamada en vez de rechazarla.

—¿Que pasa mi amor que tienes?– dijo Ant asustado cuando levante el rostro.–¿Por que estas llorando? ¿Que pasó?

Yo no podía decir una sola palabra, no me salía y tampoco podía dejar de llorar.

—Nena, ¿Que pasa? Mierda dime algo!— dijo desesperado–¿En donde estas?– dijo levantándose de donde estaba, se escuchó que tomó sus llaves.

—Debemos hablar – fue lo único que dije.

–Dime donde estas— exigió subiéndose a su auto.

–En la oficina.

–Voy para allá, por favor no te muevas de ahí– dijo antes de colgar el teléfono.

Pasaron 20 minutos cuando escuche a mi secretaria diciéndole a Anthony que no podía pasar. Lo cual ignoro por completo y entro como un torbellino a mi oficina importándole poco lo que mi secretaria le decía .

Se acercó a mi y me abrazo, yo no podía contenerme y no podía dejar de llorar. Eran tantas emociones encontradas. Ella podía darle un hijo... yo no, nunca podría hacerlo. 

–¿Que pasa mi amor?– decía con ternura abrazándome a su pecho.

Me sentía mareada, con una horrible presión en el pecho.

–Habla conmigo nena– decía tratando de tranquilizarme.

Tomó su rostro entre sus manos y me limpió las lágrimas.

—Tu ex- Novia...

—¿Que te hizo?– dijo con molestia.

–Está embarazada– dijo volviendo a romper en llanto.

Anthony se quedó petrificado sin decir una sola palabra.

Clandestino / Romeo Santos Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora