Epilogo.

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Narra Anthony.

Habían pasado 3 años desde que Deb se alejó de mi vida. Nunca más supe de ella. La encontré en instagram pero su perfil era privado, hice cuentas falsas, envié a conocidos de ella a enviarle solicitud pero nunca acepto.

Me resigne a que se convirtiera solo en un lindo recuerdo, aunque yo no dejara de pensarla un solo día de mi vida.

Y la sentía más presente en este momento que acababa de aterrizar en Ibiza, todos los recuerdos que tenía con ella en este lugar inundaron mi mente de sus recuerdos... Su hermosa sonrisa, era lo que más recordaba.

Subí a la suburban que estaba esperándome para llevarme al hotel. Iba viendo las calles, la gente caminaba con tranquilidad por la calle, disfrutaba del buen clima, algunas parejas tomadas de la mano y otras compartiendo un helado.

Seguí observado y mi corazón se aceleró. Pensé que estaba alucinando. Baje mi vidrio y me asomé, necesitaba saber si mi subconsciente no estaba traicionándome.

–Deténgase por favor– le dije al chofer.

Baje enseguida y me acerqué al puesto donde creía haber visto al amor de mi vida.

–¿Debora?– pregunte al acercarme aquella chica que portaba un vestido floreado.

Ella se giró y me quede sin aire. Era ella. Seguía hermosa, con su cabello del mismo color pero más largo, seguía teniendo sus curvas Bien acomodadas, pero ahora tenía un brillo especial.

–Anthony– dijo ella sonriendo, pero después algo cambio y se puso sería.

–¿Como estas?– pregunte ansioso.

–Bien...– balbuceó.

–No sabes el gusto que me da verte, te he buscado por todos lados...— dije emocionado.

–¿Que haces aquí?– pregunto ¿preocupada?

–Yo... vine a dar un concierto, te vi por casualidad.

–Bien... debo irme– dijo consternada.

–¿No te da gusto verme?– dije con tristeza.

Soltó un suspiro y pasó su mano por su cabello. Llevaba en su dedo un diamante y una argolla. ¿Se había casado?

–Claro que me da gusto, no tienes idea de cuanto, pero debo irme...– dijo nerviosa volteando hacia atrás.

Me sentí mal. Ella me prometió otra cosa, había hecho demasiadas expectativas para cuando sucediera este momento. Ella ya no quería saber de mi. Estaba bien sin mi y eso me dolía.

Cuando baje la vista vi a un pequeño niño correr hacia nosotros y atrás de él un hombre rubio. Cuando el niño llego con nosotros, tomo un pedazo de la falda de Deb y lo jalo para que le hiciera caso.

—Mami– dijo el pequeño.

Debora se puso pálida. Y yo no entendía nada.

Clandestino / Romeo Santos Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora