Capitulo Final.

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—Debby, mi amor... tranquilízate por favor– dijo Anthony acercándose a mi.

–Anthony, es que yo no puedo Carajo– dije rompiendo en llanto.

–Yo te amo Deb, vamos a superar esto juntos mi reina– dijo Ant tratando de batearme

–No no vamos a superar nada juntos, tú no me perteneces.

–Yo te pertenezco– dijo tomando mi mano para ponerla en su pecho.

–No me perteneces, eres de ella y del hijo que están esperando.

–No, te equivocas yo le pertenezco a quien yo le quiera pertenecer.

–Y ahora que caigo en cuenta... ¿Te la estabas cogiendo mientras estabas conmigo?

–Pues...– dijo nervioso rascándose la cabeza.

–Soy una estupida– dije riéndome con amargura.

–No es lo crees... La última vez que estuve con ella fue hace 2 meses... y fue por que si no lo hacía iba a sospechar lo nuestro.

Ahora si ya no sabía que era lo que me dolía más... Me sentía traicionada.

–Deb— dijo Anthony rompiendo el silencio.

–Deb nada, eres... eres...– sencillamente no encontraba las palabras.

–¿Que soy? ¿Una mierda? Por qué ambos lo somos. ¿Quien fue la que se fue a revolcar con Cedin por rabia?

Sin pensármelo dos veces, mi mano salió volando para impactar su mejilla.

–Te odio– dije en un susurro, mientras las lágrimas no dejaban de salir.

–Ninguno de los dos somos blancas palomas, los dos la cagamos en muchas cosas, pero nos amamos–dijo tomando mi rostro entre sus manos.

–Quiero que te vayas– dije volteándole la cara.

–No voy a irme. No estás bien.

–Estoy bien... No voy a suicidarme– dije señalando el balcón.

–No quiero dejarte en este estado. Se que lo estás pasando mal, pero comprende nena, todo esto me tomo por sorpresa, era algo que no me esperaba. Ese niño o niña que viene en camino va a tener un padre, pero no por eso voy a dejarte o no por eso voy a volver con ella– dijo tratando de calmarme.

–Déjame sola por favor...

–No quiero...

–Que te vayas– grite histérica.

Narra Anthony.

Cometí el más grave error al irme cuando debora me lo pidió ¿Pero que hacía si me saco de su departamento casi a patadas?

Me sentía tan contrariado. No sabía que hacer, no sabía si hacer lo correcto o hacer lo que mi corazón me pedía y claramente no podía llamar a mi mejor amigo para pedirle un consejo.

Maldita sea mi suerte de enamorarme de quien no debía, se me fue de las manos, me dejé llevar por la pasión y la atracción, me dejé llevar perdiéndome en sus besos, en las caricias, en los momentos... me dejé llevar por la ambición de ser su dueño, cuando yo ya tenía dueña.

Otra vez no había podido dormir, salí a correr pero mi mente no se despejaba, necesitaba saber si Deb estaba bien pero su estupido teléfono estaba fuera de servicio. Me había hecho jurarle que no la buscaría, habían pasado dos días y yo estaba volviéndome loco.

Me hacía tanta falta...

No soporte más. Tome mis llaves, monte mi carro y fui a buscarla. Al llegar a su departamento toque... toque varias veces y nadie respondía. Me arme de valor y abrí con mi llave... el departamento estaba vacío. No había nada. No había muebles, no estaban sus cuadros en las paredes, no estaba su ropa, no podía aspirar su olor... solo había una ligera capa de polvo en el piso.

¿Se había ido? ¿En verdad la había perdido? ¿Era mi karma por robarle la mujer a mi mejor amigo?

Le pregunte a sus vecino y curiosamente nadie sabía de ella. ¿Tan solitaria era? Salí corriendo rumbo a su trabajo y obtuve la misma respuesta. Ella había renunciado.

¿Donde carajos estas debora?

En mi desesperación por encontrarla me di cuenta que no sabía nada sobre ella, no conocía a sus amigos, no conocía a su familia, no sabía donde mierda buscarla, ni siquiera estaba en las redes sociales, parecía como si la tierra se la hubiera tragado.

Cuando volví a mi casa, la encontré sentada en la entrada. Sentí como mi corazón se revolucionó. No se había ido estaba aquí. Estacione mi auto y me baje con rapidez.

Ella al escuchar mis pasos levanto su rostro, estaba tan hermosa. Se levantó enseguida, cuando llegue a ella la abracé con fuerza.

–Te fui a buscar y...– dije desesperado.

–Lo se– dijo acariciando mi mejilla.–¿Podemos hablar?

–Si– dije antes de abrir la puerta de mi casa.

Ambos nos sentamos en la sala, ella se veía muy tranquila.

–Vine a despedirme...– salió de su boca y mi corazón se estrujó.

–¿Que? ¿Como? No, Deb– dije contrariado.

–Déjame hablar, si?– pidió con ternura.– Vine a despedirme... Voy a irme de Nueva York. Pensé las cosas y lo mejor es que aquí dejemos todo.

Me quede callado, no sabía que decirle.

–Te amo, eso nunca lo dudes. Te puedo asegurar que eres el amor de mi vida y eso nada lo va a cambiar.

–Entonces ¿por qué quieres irte? ¿Por que estas dejándome?

–Es lo mejor para todos Ant. Nosotros hicimos las cosas mal, evidentemente todas nuestras acciones repercutieron cuando quisimos hacer las cosas bien.

–Podemos hacer que esto funcione– dije tomando sus manos.

–Seamos realistas... Cedin nunca va a aceptar nuestra relación

–Que se vaya a la mierda– dije interrumpiéndola.

–Yo se lo que él representa para ti... ademas... Vas a tener un hijo... algo que yo jamás podré darte. Debes ser feliz con ellos. Quiero que el poco tiempo que tienes libre lo dediques a ser un gran padre. Quiero que ese bebé se sienta orgulloso de lo que eres.

Sin darme cuenta comencé a llorar, no quería dejarla ir, no cuando me sentía realmente enamorado.

–Créeme mi vida, que siempre estarás aquí– dijo señalando su corazón.–Cada que escuche tus canciones te voy a recordar, pero no con dolor– acaricio mi mejilla.–Quiero que una sonrisa se dibuje en mi rostro cuando te piense, por eso estoy aquí Ant. No quise irme dejando todo mal entre nosotros.

–Te amo– le dije abrazándola.

Se separó de mi y me dio un corto beso en los labios.

–¿A donde vas a irte?– pregunte.

Sonrió sin decirme nada, Dio la vuelta y se fue sin mirar atrás.

En ese momento supe que lo nuestro realmente había llegado a su final y yo no había tenido las agallas de luchar por ella.

Clandestino / Romeo Santos Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora