Narra Anthony.
Había pasado más de una hora y media, Yo seguía bebiendo junto a Cedin platicando de cosas sin sentido... de deportes, chismes de los amigos y anecdotas que compartíamos... pero también era el mismo tiempo que tenía sin saber de debora.
Estaba pensando en irme a mi casa, pero había bebido y siempre he pensado que es una tremenda irresponsabilidad manejar en estado de ebriedad, no solo podía poner en peligro mi vida sino también la de alguien más.
—Creo que voy a pedir un uber— dijo dándole un trago a la última cerveza.
—Estas loco yo te llevo.
—Pero el loco eres tu, también has bebido, no hay manera— le dije riéndome.
Mi celular timbro y en la pantalla relucía un mensaje que decía:
"Estoy en el hotel St. Regis, si no vienes entenderé el mensaje y no volveré a buscarte"
Era Debora. Esta chica está loca. Me agarre el rostro y lo tape con mis manos y solté un bufido. Quería ir... quería estar con ella, pero si esto se nos sale de las manos... No puedo perder a cedin.
Me iré a casa, no jugaré más con fuego, por un deliz no puedo perder la amistad de Cedin.
—Me voy hermano— le dije a cedin levantándome de la silla.
—Quédate otro rato, es más quédate aquí.
Mi celular timbro y era otro mensaje de deb.
"Quiero que toques y me desnudez como tú sabes hacerlo, quiero ser tuya de nuevo"
Esta chica si que era insistente, pero no voy a caer en sus provocaciones, llame a mi tío para que fuera por mi y en menos de 20 minutos estaba ahí. Me despedí de Cedin y quedamos en salir a comer en la semana con nuestras respectivas parejas.
Subí al auto y tío puso rumbo a mi casa, mientras veía por la ventana pensaba en todo lo que estaba haciendo y como podía repercutir en mi contra.
—Tio, llévame al hotel St. Regis.—dije de un momento a otro, sorprendiéndome yo mismo.
—¿Para que?— me pregunto tío extrañado.
—No me cuestiones por favor, solo llévame.
Tío no dijo nada, solo cambio el rumbo del lugar, manejó casi media hora para llegar a ese hotel. Entro al estacionamiento y me baje.
—Te llamó si te necesito— le dije antes de entrar al elevador.
Conforme iba subiendo el elevador, me preguntaba una y mil veces que estaba haciendo aquí, ¿realmente valía la pena? ¿Que era lo que en realidad sentía por Debby? ¿Era algo más que sólo atracción?
Le pegue al elevador con rabia. Estaba enojado, enojado conmigo mismo por ser tan estupido, por estar traicionando a mi mejor amigo, pero no pude detenerme. La quería tener de nuevo.
Estaba parado frente a la habitación que debora me indicó, no sabía que hacer... estaba indeciso. Quería tocar la puerta, entrar y hacerle tantas cosas a Deb... pero al mismo tiempo quería dar media vuelta e irme.
Me di media vuelta, estaba apunto de irme cuando la puerta de abrió, al escuchar volteé a ver que era lo que pasaba. Era Deb, tenía su bolso colgado en el hombro, ella iba a irse.
Cuando me vio no pude descifrar su rostro. Estaba tan hermosa. Justo como la recordaba. Llevaba un vestido corto, verde militar y unas botas largas hasta la rodilla.
No pude contenerme, me acerqué a ella y la besé, ella me correspondió de inmediato, enrollo sus brazos en mi cuello y yo rodeé su cintura. caminamos juntos y entramos a la habitación para poder cerrar la puerta.
—Pensé que no vendrías— dijo al romper el beso.
—No iba a hacerlo— dije con sinceridad.
—¿Y que haces aquí ?— me susurro al oído.
—No pude contenerme— le dije hundiendo mi nariz en curva de su cuello.
Su olor me fascinaba, me volvía loco.
—Te extrañe tanto— dijo pasando la lengua por mi cuello hasta llegar al lóbulo de mi oreja y succionarlo.
Esta mujer va a matarme. Mi amigo estaba reaccionando ante sus insinuaciones. La tome por las caderas y la apreté acercándola a mi cuerpo. Volví a besarla, metiendo mi lengua, reconociendo cada rincón de aquella boca que ya había probado cada parte de mi cuerpo.
—¿Estas mojada?—le pregunte al oído.
—Compruébalo tú mismo— dijo con maldad, subiéndose a la barra del mini bar, abriendo las piernas.
Llevaba ropa interior negra de encaje. Me quite la chamarra y me acerqué a ella, con pasos lentos acechando a mi presa. Ella solo sonreía, mordiéndose el labio inferior. Pase mis manos por sus muslos y subí su vestido hasta lograr quitárselo. Era la morena más hermosa que había visto. Llenaba a perfección las copas de su brassiere, tenía unos senos tan redondos que me invitaban a amazarlos y darles mi atención pero yo tenía otros planes.
La tome por la cintura y cogí sus bragas negras, las deslice mientras que con mis dedos ejercía presión contra su piel. Cuando se los quite me los guarde en el bolso del pantalón.
La jale por la cintura para acercarla más a la orilla. Abrí sus piernas. Me incline y hundí mi lengua en sus pliegues... su néctar era abundante, espeso y Dulce. Me dediqué a lamerla de arriba a abajo, escuchar sus gemidos eran música para mis oídos. Uno de mis dedos se dedicó a estimular aquel pequeño botón entre sus piernas, lo roce y hice movimientos circulares sobre él. Deb colocó sus manos en mi cabeza, para mantenerme ahí. Sus gemidos cada vez eran más fuertes, estaba perdiendo la cordura mientras yo seguía haciendo lo mío.
—Demonios Anthony— dijo antes de convulsionarse de placer, dejándose caer por completo sobre la barra.
Para mi era una vista extraordinaria, ver a una mujer rendida de placer. Era musa para mi. Le escribiría 100mil canciones y 50 poemas a esta deliciosa mujer que tengo frente a mi.
—¿Es todo o tienes más para mi?—pregunto al recuperarse del orgasmo que le había regalado.
Y claro que tenía más, mucho más...
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Clandestino / Romeo Santos
RomanceDespués de conocerse casualmente en una tienda, Debora y Anthony se reencuentran pero su relación se vuelve imposible por miedo a lastimar a los que los rodean.
