Después de conocerse casualmente en una tienda, Debora y Anthony se reencuentran pero su relación se vuelve imposible por miedo a lastimar a los que los rodean.
¿Como superar a alguien que había movido fibras que nunca nadie había logrado? ¿Como superar a alguien que no deja de aparecer en tus sueños constantemente? ¿Como olvidar a alguien que en cuanto sales a la calle ves su enorme rostro en lo alto de los edificios?
Él se había quedado con todo. A él no le afecto en nada, tiene a su novia y a su mejor amigo y yo... yo no tengo nada. Ni mi estupido trabajo por que me dieron vacaciones cuando menos las necesitaba. Así que aquí estaba tirada en mi cama con una cobija encima pensando en él y en mi triste vida.
Aunque trataba de alentarme y decirme cosas como "No necesitas a un hombre para ser feliz" no me servía de nada. Tenía el corazón roto. ¿Todas las amantes se resignan igual que yo?
Estoy aquí hundida en mi depresión cuando seguramente Anthony está en su casa jugando a la casita feliz con esa bruja y sus dos horribles cosas peludas que llama perros, ah claro y su inseparable mejor amigo. Al cual podía quitarle si me lo proponía.
Me estaba llenando de rabia en contra de él. Yo no era así, no me consideraba buena pero tampoco buscaba hacerle daño a nadie. Pero me sentía tan herida que quería quitarle todo y se quedara solo tal y como estoy yo ahora.
Ya no sé si estoy enamorada o obsesionada.
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A pasado casi un mes desde que no he sabido nada de Anthony. Deje todo tipo de red social y el celular solo lo usaba para el trabajo al cual ya había regresado, estaba tratando pero aún no lo sacaba de mi sistema, pero tarde o temprano iba a hacerlo.
Decidí volver al gimnasio, iba todos los días antes de ir al trabajo. Me relajaba además de que ayudaba a mi cuerpo ya que había ganado algunos Kilitos de más en mis días de depresión. En unos meses volvería a Ibiza y estaba pensando en no volver a Nueva York jamás.
Llegue al gimnasio como cada mañana, coloque mi código y entre. Fui directo con mi instructor para que me indicara mi rutina, cabe resaltar que era un chico muy guapo de unos 28 años, de piel blanca, ojos verdes, cabello negro y con un cuerpo bastante atlético y de buena altura.
—Hola guapa— me saludo al verme.
—Hola ¿Que tal estas?— pregunte.
—No tan bien como tú— dijo sonriendo.
No estaba para coqueteos, aún seguía en duelo.
Comencé mi rutina... un poco de cardiólogo y mucho ejercicio de fuerza. Al terminar fui directo a las regaderas, me cambié para ir a mi trabajo. Al salir del gimnasio de reojo vi un tipo que se parecía a Anthony, regrese mi vista pero ya no estaba. Estoy alucinando maldita sea.
Me fui a mi trabajo, estaba todo tan tranquilo que no encontraba en qué ocupar mi tiempo. Mi jefe tocó la puerta y antes de que yo le dijera que pasara ya se encontraba adentro.
—¿Puedes ayudarme en una sesión de fotos? Con la ropa y eso.
—¿Para quien?— pregunte.
—Romeo Santos— dijo el sin inmutarse.
—No puedo y por favor, no me obligues a hacerlo.
Para mi jefe que le dieran una negativa era como si le mentaran su madre, así estaba arriesgándome mucho a decir que no.
—Discúlpame Debora, lo dije mal... Vas a ir a la sesión de Romeo Santos. Es hoy. A las 4 de la tarde en el Hotel luxury. Todo debe regresar intacto, ya lo sabes— dijo antes de salir de mi oficina.
Que me lleve el diablo y no me regrese. Puta madre. ¿Por que Dios me castiga de esta manera?
A las 3:30 tome mi bolso y me subí a mi coche. Al llegar al lugar me tome un momento para respirar y concentrarme. Cuando me baje le ordene a mis colaboradores que ordenaran todo. No quería estar aquí.
Más tarde escuche pasos y voces acercándose. Respire y corregí mi postura. Derrepente él estaba ahí, frente a mi. Después de un mes sin verlo, sin saber de él. Su cara fue de completa sorpresa al verme pero en automático me regaló una sonrisa que no respondí pero que me sacudió el mundo. Sentía mi corazón latir a mil por hora.
—Hola Deb— dijo tratando de darme un beso en la mejilla pero lo esquivé.
—Buenas tardes— dije ofreciéndole mi mano. Anthony arqueó una ceja y tomó mi mano.
—De este lado están los sacos y chamarras, de este otro los pantalones. Allá abajo los zapatos y tenis. Y de este lado los accesorios— dije tratando de sonar lo más profesional posible.
Detestaba sentir estas ganas de abalanzarme sobre él y besarlo.
Anthony asintió y comenzó a ver la ropa, de vez en cuando me veía de reojo. En este momento yo parecía un soldado, no me movía ni un metro, hablaba lo menos posible y mi rostro no reflejaba nada.
—¿Que te parece esta?— dijo tomando una camisa horrible. Quería darle mi opinión pero me aguante.
—No te quedas ese color cariño— dijo un gay que estaba asistiéndolo.
No soportaba estar aquí. Su perfume invadía toda la habitación y en mi mente solo venían los recuerdos de la última noche que pasamos juntos.
Me deberían de pagar triple por esta tortura.
—¿Así va a ser esto?— me dijo al oído tomándome por sorpresa. Me dio un escalofrío que me recorrió toda la columna.
—¿Esto que?— le dije con seriedad.
—Actuar como si no me conoces— dijo con tristeza.
—No se a que se refiere. Le pido que no se extralimite. Yo solo estoy para asistirle en cuanto a la ropa.
Anthony soltó un suspiro y volvió a ver las camisas. Mientras yo sentía por dentro como me estrujaban el corazón, pero esto era mejor para ambos. Él solo quería jugar y yo no sería su juguete. No de nuevo.