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(Este capítulo está un poquito subido de tono🔥)

–¿Lo que yo quiera?– pregunte mordiéndome los labios.

–Lo que tú quieras mi amor– dijo soltando los cordones de mi bata.

Me senté sobre él, acaricié su pecho y lo besé, enredé mis manos en su cabello mientras su lengua y la mía se fundían en un apasionado beso. Anthony deslizó sus manos por mi cintura y me presionó junto a su cuerpo. La única sustancia que provoca adicción en mi, eran sus besos.

Con delicadeza deslizó sus manos por mis hombros para bajar la tela de mi bata mientras aprovechaba para dejar pequeños besos húmedos en mi cuello y a su vez pequeñas mordidas que me hacían perder el juicio.

–Eres preciosa y hueles delicioso– dijo pasando su nariz por mi cuello.

Me deslicé por en medio de sus piernas hasta quedar hincada frente a él. Toque el botón de su pantalón y su mirada lujuriosa me incitaba a seguir.

–Voy a darte la mejor mamada de tu vida– dije bajándole los pantalones.

–Debora– abrió los ojos sorprendido. Nunca le había hablado así.

–¿Que?– dije pasando la lengua por su pierna izquierda.

Su miembro estaba totalmente erecto, lo tome con mis manos y pase mi lengua desde la base hasta la punta, ahí mismo hice círculos con mi lengua como si de una paleta se tratara. Sus leves gruñidos me hacían perder la cordura, amaba escucharlo. Lo metí dentro de mi boca y comencé a succionarlo, mientras mis manos no dejaban de subir y bajar por toda su longitud.

–Para, para– dijo Anthony al borde tratando de detenerme pero era claro que no iba a parar hasta que se viniera.–Ay Dios mío, debora– gruño con los ojos cerrados cuando succione más fuerte.

En un movimiento imprevisto me tomo por las caderas y me sentó en su regazo introduciéndose en mi. Puso manos en mis caderas y comenzó a guiar nuestros movimientos, sabía que estaba cerca de correrse así comencé a apretar los músculos de mi vagina para hacer más presión sobre su miembro. Escuchar sus gemidos y gruñidos de placer cerca de mi oído me volvían loca.

–Me vuelves loco– mencionó sin dejar de moverse mientras besaba mi cuello.

Busqué sus labios, lo besé y mordí su labio inferior.

De un solo movimiento me tiro encima de la cama quedando él arriba de mi sin perder la conexión. Sus movimientos era delirantes, la forma en que giraba y movía la cadera me hacía alucinar, solo él sabía ponerme a ver estrellas sin ver el cielo al aire libre.

–Gime mi amor, me gusta tanto oírte– me dijo al oído mientras sus gotas de sudor caían en mi piel.

Yo simplemente no podía articular ni una sola palabra, solo podía soltar gemidos y respiraciones pesadas. ANTHONY SANTOS ERA EL PUTO DIOS DEL SEXO.

Siempre terminaba quemándome en su infierno.

Tomo mi cadera con ambos manos e hizo más presión al entrar en mi cuerpo, parecía un muñeco de trapo a su antojo y disposición. Me abrace a su cuerpo y toque su cabello mientras seguía haciendo su trabajo. De un minuto a otro me hizo ver constelaciones que no existían, mi cuerpo vibraba y Anthony no me daba tregua.

Él quería matarme de placer.

Mi cuerpo se arqueó involuntariamente y este aprovecho para pasear su lengua de mi cuello a mi pecho y ahí se entretuvo hasta que no pudimos más.

Quedamos exhaustos, yo más que él, quizá era el alcohol y el no haber dormido que no me hizo rendir como debería pero por Dios si me dio hasta que no pudo más.

–Te amo– me dijo dándome un beso en la frente.

Ni siquiera me tome la molestia de responderle. En verdad estaba cansada, solo tenía energía para ver el techo.

–¿Estas bien?– se recargó en su brazo izquierdo para observarme mientras su otra mano acariciaba mi vientre.

–Si, pero estoy muy cansada– me giré y lo abracé.

Me acepto entre sus brazos y me acurruqué en su regazo.

–Eres la mujer de mis sueños...– fue lo ultimo que escuché antes de quedarme dormida.

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Al caer la tarde estábamos en el aeropuerto listos para regresar a NY, últimamente esa ciudad solo representaba caos, Dolor, preocupaciones... no me gustaba estar ahí, no quería volver pero debía afrontar todo lo que estaba por venir.

–¿Todo bien?– me pregunto Anthony poniendo una mano en mi cintura.

–No quiero volver– dije con tristeza.

–¿Por que?– acomodó un mechón de mi cabello.

–No quiero perderte, no quiero lidiar con Alaric, ni con mi trabajo... No quiero volver a NY.

–A mi no vas a perderme linda. Yo estoy contigo aquí o en NY. No vas a estar sola, yo voy a estar para apoyarte en todo.

–Te amo.

–Te amo mucho más debby– puso su mano en mi mejilla.

–NO– escuchamos decir a Matías cuando íbamos a besarnos. Ambos nos empezamos a reír al verlo con la frente fruncida y sus brazos en la cintura.

–¿Que pasó Maty?– preguntó Ant.

–Es mía– dijo Matías enganchándose a una de mis piernas.

–¿No vas a compartirme a mami?– dijo agachándose para ponerse a su nivel.

–No, vete– dijo volteándole la cara. Me pareció sumamente extraño su comportamiento.

–¿Ya no quieres a tu papá?– Anthony le tenia mucha paciencia.

–No. Quiedo a laric– dijo volviéndose a abrazar a mi pierna.

Se que eso le partió el corazón a Ant. Lo vi en sus ojos y en como me miro. Él es su papá no alaric pero mi hijo estaba acostumbrado a él, no iba a ser tan fácil desprenderlo del todo de alaric. Creció viéndolo como su figura paterna es lógico que de vez en cuando lo extrañara.

–Matías– estaba dispuesta a regañarlo pero Ant me detuvo.

–Está bien, lo comprendo...– me apretó el brazo y subió al avión.

Aún no llegamos a NY y ya va todo mal. Este será un largo y tormentoso regreso a la realidad.

Clandestino / Romeo Santos Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora