Ladrona de ropa

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  Imagen de Google.

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  No es que Draco tuviese mucha ropa que le valiese a ella pero eso le daba igual. Ya se había apropiado de tres camisas, una túnica, un jersey de los que se ponía para ir por Londres y su presa favorita: las corbatas. Le había quitado unas cinco, una de ellas del uniforme de Slytherin.

  Pero es que su ropa olía tan bien, a una mezcla entre él y su colonia... No podía evitarlo, parecía cleptómana. Además, lo de las corbatas casi era obsesión, le quedaban demasiado bien y solo con pensar en él con una puesta se acaloraba. Así que cada vez que tenía ocasión se las quedaba. Y, aunque el resto de la ropa se la ponía para estar cómoda cuando él no estaba, las corbatas las guardaba como si fuesen un tesoro.

  Lo peor era que Draco no sabía de su práctica de robarle ropa, él pensaba que perdía las cosas y estaba empezando a hartarse.
  —Hermione, ¿has visto mi camisa blanca? La dejé por aquí ayer y no la encuentro.
  —No la he visto, mira a ver en el salón —contestó la chica desde el baño, después de ducharse, con la camisa que él buscaba puesta. Draco se la había quitado la noche anterior y ella rápidamente la había añadido a su colección—. ¡Mierda! —susurró mientras se ponía unos pantalones.

  Abrió la puerta con cuidado y al oír al chico andar por la planta baja corrió a dejarla en el armario y a ponerse otra cosa. Rápidamente se puso una camiseta azul y cerró las puertas del ropero justo cuando Draco entró en la habitación vestido de cintura para abajo y con la corbata en la mano.
  —¿En serio no la has visto? Es que la necesito, me tengo que ir a trabajar ya y no tengo otra —Draco se pasaba la mano por el pelo desesperado.
  —¿Y no puedes pasar por tu casa a por otra? —preguntó Hermione tratando de no tener que devolver su botín.
  —Pues tendré que hacer eso, pero no sé por qué siempre que vengo aquí pierdo algo, tu casa me roba la ropa— Hermione rió nerviosa, se estaba sintiendo algo culpable por dejar a su novio sin camisas—. Igualmente no me hace ninguna gracia aparecerme sin nada —el chico se pasó la corbata por el cuello y fue a coger la varita de la cómoda.

  Hermione le miró: estaba sin camisa, en pantalones de traje y se había echado colonia después de ducharse. Y para colmo se acababa de poner la corbata. Tragó y suspiró mientras controlaba la respiración.
  —Draco, por favor, quítate la corbata.
  —¿Por qué? —preguntó el chico extrañado mientras echaba un último vistazo en busca de su prenda.
  —Porque sí, por favor, quítatela.
  —Pero no la voy a llevar en la mano, aparecerme no es mi fuerte y sin camisa no pienso viajar de otra forma...
  —¡Quítatela, por Merlín! —Hermione notaba su temperatura subir.
  —¡¿Pero por qué?! —exclamó Draco sin comprender.
  —¡Porque si no te la quitas no voy a poder contenerme! —lo había dicho, sintió sus mejillas enrojecer y la temperatura se le disparó más aún.
Draco sonrió pícaramente ante la exaltada confesión de su novia.
  —¿Cómo que contenerte? —se acercó a ella colocándose bien la corbata.
  —Draco, no lo hagas... —Hermione se echó hacia atrás hasta que se apoyó en el piecero de la cama.
  —¿El qué? Solo voy a despedirme de ti —afirmó con una sonrisa inocente.

  Y sin poder contenerse más, agarró al chico por la corbata y tiró de él para besarlo con una intensidad y una necesidad que Draco no se esperaba por lo que no mantuvo el equilibrio y tropezó. Ambos se apoyaron en la cama sin dejar de besarse y las manos de Hermione, que hasta ese momento estaban ocupadas en la cabeza de Draco, se deslizaron por el abdomen del chico hasta el cinturón y comenzó a desabrocharlo.
  Draco hizo amago de quitarse la corbata pero Hermione le detuvo.
  —No te la quites —sentenció agitada por la excitación de los besos—, te queda demasiado bien.
  Obedeciendo a la chica y con una sonrisa de lado, Draco se dejó la corbata en su sitio y le quitó a ella la camiseta y descubrió con alegría que no se había puesto el sujetador. Mientras tanto, Hermione ya le había bajado los pantalones y los calzoncillos y él, de un salto, se los quitó. Empezó a besarle el cuello y Hermione, que ya estaba muy alterada por la poca vestimenta del muchacho, gimió y se agarró a la espalda de Draco sintiendo que no iba a poder aguantar mucho más.
  Él, ante tal fervor por su parte, también estaba bastante excitado, por lo que se dio la mayor prisa posible. La besó ferozmente mientras le bajaba a Hermione los pantalones que se acababa de poner y la ropa interior.
  Intentó bajar por su pecho repartiendo besos pero ella no podía más, usó la corbata para obligarle a subir y le besó mientras con la otra mano le empujaba desde el culo para que él subiese. Draco comprendió el mensaje y no esperó más, penetró a la chica. No hicieron falta más de dos embestidas para que ella llegase a un ruidoso orgasmo. Draco salió y rodó junto a Hermione mientras ambos recuperaban el aliento.
  —No sabía que mis corbatas provocaban esto —exhaló el chico mientras la miraba extasiado.
  —Es que te quedan demasiado bien, por algo me las voy quedando —Hermione enrojeció y abrió los ojos dándose cuenta de su error.
  —¡Así que eras tú! Ya sabía yo que no era normal perder las cosas así. ¿También me has quitado las camisas? —él se incorporó y la miró.
Hermione asintió culpable mientras se tapaba la cara con el brazo—. ¿Algo más? —Ella volvió a asentir.

  Draco se levantó y sin molestarse en ponerse nada de ropa abrió el armario de Hermione y vio una caja con su jersey, sus camisas y su túnica azul oscuro. Y, en otra caja más pequeña, las cinco corbatas, incluidas la de Slytherin.
  —¿Por qué me robas la ropa?—preguntó dándose la vuelta desconcertado. Hermione le miraba culpable.
  —Pues porque tu ropa es lo mejor del mundo. ¿La has olido? —Draco se acercó la camisa a la nariz y la olió. Olía a su colonia pero no entendía lo extraordinario.
  —Tampoco es tan especial. Huele bien, a mi colonia.
  —No, huele a una mezcla de ti con tu colonia y a mí ese olor me vuelve loca.
  Draco sonrió ante la sinceridad de su novia y dejo la camisa de nuevo en la caja.
  —Pero ¿y las corbatas? —preguntó cogiendo la pequeña cajita.
  —Pues... Porque solo con llevarlas me dan ganas de quitarte la copa que llevas puesta. No sé, te hacen ver muy sexy —Hermione estaba roja de la vergüenza.
  —¿Ah sí? —Draco se sentó en la cama con la caja de las corbatas en la mano. Hermione asintió y se sentó apoyada en el cabecero—. ¿Y con cuál estoy mejor? —Draco se fue probando las corbatas: una negra, una gris, una azul...
   —Todas te quedan bien. Pero deberías quitártelas porque si encima de que estás con corbata, no llevas nada más de ropa, no me ayudas en absoluto.
  Ignorándola completamente el chico se quitó la corbata morada y se probó la de Slytherin.
  —Ni siquiera recuerdo cuando me quitaste esta... —pero no pudo continuar porque Hermione volvió a besarle y a tirar de él.
  —No te quites esa nunca más —pronunció la chica contra su boca mientras él dejaba la caja en el suelo y se subía a la cama.
  —Nunca más.

  Ese día ninguno fue a trabajar.

Dramione One ShotsHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora