Con la historia de la fiesta todos los trabajadores del Ministerio habían estado desquiciados durante la semana ya que ninguno sabía por qué se celebraba. Realmente Draco había acabado hasta las narices de todos ellos y habría mandado al cuerno esa fiesta de no ser porque era en honor a su mujer, iban a nombrarla Ministra y él pensaba estar en primera fila aplaudiendo hasta dejarse las manos.
Esa mañana Draco estaba tan alterado como Hermione pero se esforzó todo lo que pudo por aparentar tranquilidad intentando evitar que su mujer sufriese una arritmia.
Hermione estaba nerviosa, muy nerviosa, no recordaba haber tenido tantos nervios desde el nacimiento de Scorpius. La noche anterior, aunque había caído rendida, había dormido fatal, así que esa mañana dormía a pierna suelta sin intención de levantarse. Realmente se habría despertado si hubiese estado puesto el despertador, pero este no sonó y, por supuesto, tampoco oyó las habituales quejas de Draco por el ruido, ni como el aparato acababa estrellado contra la pared 'accidentalmente', así que había seguido durmiendo tan tranquila.
—Hermione... —susurró Draco acarciando su mejilla—. Cariño, despierta —ella abrió los ojos con dificultad.
—¿Qué hora es? —preguntó medio dormida.
—Las siete —contestó su marido con una sonrisa.
—Ah, vale —volvió a cerrar los ojos—. ¡Las siete! —exclamó de golpe incorporándose al darse cuenta de que era tarde.
—Tranquila, cariño —la frenó de los hombros y besó su frente—. Toma —se giró y cogió una bandeja que después dejó sobre sus rodillas.
—¿Y esto? —se sorprendió.
Generalmente Draco era quien hacía el desayuno pero no solía subírselo a la cama por la sencilla razón de que ella era la que se levantaba primero prácticamente siempre.
—Hoy te van a nombrar Ministra y sé que estás de los nervios, así que mientras tú desayunas yo preparo todo. Solo tienes que ducharte y vestirte —se inclinó sobre ella y la besó.
—Gracias —dijo Hermione con una sonrisa. Draco besó su frente y le dejó desayunar.
Mientras su mujer se preparaba él se apresuró a meter la cabeza en la chimenea. En cuanto los polvos hicieron su efecto apareció ante McGonagall.
—¿Está todo listo? —preguntó.
—Estarán allí esta tarde, ya se lo he contado —respondió McGonagall.
—Muchas gracias, Minerva.
—No hay de qué, ella lo agradecerá —y compartiendo una sonrisa volvió a sacar la cabeza y se apresuró a volver con Hermione.
————————————
Una vez que Hermione estuvo preparada, ambos salieron para el Ministerio, ella tenía que hablar con Kingsley para dejar claro todo. Usaron la red flu para llegar a un hall que, por primera vez, estaba vacío.
—Madre mía, no hay ni un alma, da hasta miedo —murmuró Draco.
—Es un lugar demasiado lúgubre —corroboró ella.
—Ya sabes qué cambiar cuando seas la jefa —dijo él guiñando un ojo y haciendo que Hermione sonriese.
—Me sigue dando pena que solo puedan venir a la fiesta trabajadores del Ministerio —murmuró mientras subían en el escensor. Era algo que llevaba fastidiándola desde que se enteró.
—Lo sé, lo siento —la abrazó y besó su cabeza ocultando la sonrisa que peleaba por escapar de sus labios.
Subieron hasta el despacho que a partir del lunes sería de Hermione, pero que por el momento seguía siendo de Kingsley Shacklebolt.
Al llegar el Ministro les esperaba.
—Buenos días, Hermione —saludó estrechando la mano de su sucesora.
—Buenos días Kingsley —devolvió el saludo intentando que no le temblase la mano.
—Draco —estrechó también su mano con una sonrisa amable.
—Kingsley —contestó él.
—Bien, pasad a mi todavía despacho —les hizo un gesto y cuando se sentaron, él hizo lo mismo frente a ellos.
—¿Está todo preparado? —preguntó Hermione nerviosa.
—Sí, la fiesta será en el hall, que es la zona más espaciosa —ella asintió—. Simplemente informaré de que me retiro y que tú pasas a ser la nueva ministra. ¿A cuántas personas se lo has dicho?
—Pues a mis amigos y a mis hijos. Es posible que ellos lo hayan difundido —se sentía tan pequeña en ese momento que inconscientemente su mano buscó la de Draco y las entrelazó.
—No te preocupes, es solo por saber. No creo, aun así, que mucha gente del Ministerio lo sepa. Bueno, tendrás que dar un discurso, lo sabes, ¿verdad? —sonrió divertido.
—Lo suponía —contestó intentando que no le temblase la voz.
—Lo harás muy bien, Hermione, serás una gran Ministra de Magia —sonrió afable—. Aunque no hace falta que te lo diga, tú lo sabes perfectamente —Draco la miraba sin dejar de sonreír.
—Lo hará maravillosamente bien —susurró haciendo que ella se sonrojase.
—Bueno, después de que hables habrá un cóctel y música, como en todos los nombramientos de ministros —continuó informando—, te recomiendo que te quedes mínimo hasta las doce, después puedes irte porque estás fiestas son larguísimas —se rió de su propia frase.
—Vale... ¿Algo más? —preguntó nerviosa, Kingsley dio una carcajada.
—No, nada más por mi parte. Después de comer ve a ver a Richard, el encargado de prensa, que le tienes que más o menos informar del discurso que darás y todo.
—Muchas gracias por todo, Kingsley, de verdad —los tres se levantaron.
—A ti, Hermione, ninguna de las medidas de mi mandato se habrían hecho realidad de no ser por tu presencia en este Ministerio —volvieron a estrecharse la mano—. Y no me vengas ahora con modestia que si no nunca acabamos —dijo justo cuando ella iba a replicar, haciendo se callase roja de la vergüenza.
—Vale... —musitó. Draco no pudo evitar volver a tomar su mano.
—No te preocupes, de verdad, todo irá bien.
Se despidieron de Kingsley y salieron para ir a comer.
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Dramione One Shots
FanfictionBreves historias sobre Dramione. La autoría es completamente de JK Rowling, yo únicamente uso sus personajes y su universo para un fin lúdico. Portada por: captbexx. Créditos a los dueños de las imágenes (especialmente a Upthehillart). Para que no...
