—¿Tiene algo más que añadir, señor Malfoy? —preguntó severamente el Ministro de Magia, todos se frotaban las manos ante la cara de angustia de Draco.
—Yo... No —intentaba ser fuerte pero hacía ya mucho tiempo que ni para eso tenía fuerzas. Ese juicio estaba más que perdido.
—Bien, si no hay ningún testigo ni ninguna prueba más procedemos a... —la voz de Shacklebolt se vio interrumpida por el ruido de la puerta.
—Lamento la tardanza, señor Ministro, pero sí hay un testigo para el señor Malfoy —dijo un hombre bajito que llegaba corriendo.
—¿Quién es usted? ¿Qué testigo? —un murmullo bastante alto se produjo entre los asistentes.
—Me llamo Gael Robian y soy el abogado del señor Malfoy. Parece ser que adelantaron la fecha de la vista y le han sacado de la prisión preventiva de Azkaban sin avisar —Gael Robian parecía muy enfadado pero se mostraba cortés. Kingsley miró al hombre que estaba a su derecha muy serio, no sabía que no habían avisado al acusado. El hombre se apresuró a llegar hasta Draco que miraba la escena asustado—. No es un preso peligroso, ¿por qué sigue esposado? —espetó al Ministro.
—Se le acusa de intento de asesinato... —intercedió el hombre al que Kingsley Shacklebolt miraba serio, su propio ayudante.
—Exacto, usted lo ha dicho, intento de asesinato, no mató a nadie, usted sabe que eso no indica peligrosidad —el hombre rechinó los dientes pero el Ministro asintió. Las esposas se aflojaron y Gael se las quitó a Draco de sus escuálidas muñecas sonriendo para que se tranquilizase.
—Señor abogado...
—Señor Ministro... —Draco observó como la llegada de su abogado había revuelto la sala, pero era mayor su preocupación por saber quién era su supuesto testigo.
—¿Quién viene a testificar? —demandó el Ministro.
—Ah sí. Puede acudir a declarar Harry Potter.
La sala ahogó un grito y Draco abrió los ojos tanto que pensó que iban a salirse de las cuencas.
—Buenos días, señor Ministro —saludó Harry Potter colocándose las gafas y sentándose en una silla a escasos tres metros de Draco.
—¡Esto es una vergüenza!
—¡Él es un héroe!
—¡Malfoy es un mortífago!
La sala hervía en indignación.
—¡Silencio! —exclamó Kingsley mientras se apuntaba con la varita a la garganta multiplicando la sonoridad de su voz. La sala calló.
—Señor Potter —sonó la voz de Gael—, sería usted tan amable de contarnos por qué ha querido venir a declarar aquí.
—Espere abogado, se solicita votación acerca del suministro de veritaseum —intercedió de nuevo el ayudante. Una aprobación general se hizo notar.
—Yo no lo considero necesario... —el Ministro dudó pero ante las miradas del resto de asistentes cedió—. ¿Todos de acuerdo con esa medida? —nadie dijo nada en contra. Kingsley suspiró—. Bien, pues en ese caso, señor Fletcher —el hombre que había tenido la idea se levantó—, haga el favor de traer un frasco —el ayudante de Kingsley, que parecía tener especial inquina por Draco, se apresuró a salir por una puerta. Antes de que pasase un minuto había vuelto con un pequeño frasco.
—Tome, señor Potter, así evitaremos mentiras —Harry dudó pero fianlmente se bebió la poción.
—Bien, después de estas medidas —continuó Gael—, podemos seguir con el juicio. Como iba diciendo, señor Potter, ¿le importaría explicar a este tribunal los motivos de su testimonio en el juicio de Draco Lucius Malfoy?
—Bien, a ver —Harry tosió y comenzó a hablar—. Draco Malfoy era, bueno yo diría que es aún, un verdadero idiota. En el colegio fuimos algo así como enemigos acérrimos desde el minuto uno y dado que su padre es un mortífago, suponer que el iba a seguir el mismo camino no era descabellado, apesar de que el Ministerio no lo consideró posible —se oyeron protestas pero el Ministro las calló. Draco sonrió ante tal despliegue de verdades que nadie quería oír—. Sin embargo, a pesar de eso, puedo asegurar que él nunca quiso ser un mortífago y nunca quiso participar en el asesinato de Albus Dumbledore.
—Explíquese —ordenó pacíficamente Kingsley.
—El profesor Dumbledore pactó junto al profesor Snape para una muerte acordada y así convencer a Voldemort —la sala entera dio un respingo al oír el nombre.
—¿De qué? —cuestionó el Ministro interesado.
—Dumbledore se moría, era un hecho, portar el horrocrux le había avocado a la muerte. Pero su muerte podía ser útil si servía para convencer a Voldemort —nuevo gesto de molestia en la sala— y a sus secuaces de que Snape era un mortífago y así poder infiltrarse. Miren, Malfoy es un odioso niño egocéntrico y narcisista pero no es ni un asesino ni un mortífago convencido, es fruto de la situación que le llevó a ser lo que es. Harry guardó silencio pero los asistentes no parecían convencidos así que continuó—. Cuando en nuestra búsqueda de los horrocruxes fuimos atrapados por carroñeros y mortífagos, nos llevaron a la Mansión Malfoy. Oredenaron al señor Malfoy que nos descubriera pero él mintió por nosotros. Un rato después me cedió su varita sin luchar en una pelea que tuvimos contra Bellatrix Lestrange, Lucius Malfoy y los demás mortífagos en su propio salón —la sala se volvió a llenar de murmuros sorprendidos. Draco luchaba por no recordar aquel día porque entonces se acordaba de Hermione y solo quería morirse.
—¿El señor Malfoy le ayudó a escapar, señor Potter? —intercedió una bruja que observaba curiosa.
—Nos ayudó a todos los que estábamos allí. No solo me dio su varita, además empujó a Hermione para salvarla de Bellatrix —Draco, al oír eso, casi se echa a llorar allí mismo— y colaboró con Dobby el elfo para salvar a todos los que estábamos allí. Gracias a él pudimos sobrevivir: Ron Weasley, Hermione Granger, Luna Lovegood, el duende Griphook, el señor Ollivanders y yo —nuevos murmullos se extendieron por la sala, esta vez sonaban más favborables.
—¡Silencio! —gritó el Ministro—. Esta información es muy útil señor Potter, ¿tiene algo más que añadir?
—Sí. Durante la batalla en Hogwarts, cuando Voldemort —de nuevo reaccionaron al nombre.
—Hijo, no digas ese nombre —pidió un viejo mago.
—¡Orden en la sala ya! —la mirada de Kingsley se tornaba agresiva si les interrumpían—. Siga, Potter.
—Bien, cuando El que no debe ser nombrado —el hombre agradeció con la mirada— me mató, bueno, lo intentó, ordenó a Narcisa Malfoy corroborar mi muerte. Yo evidentemente no había muerto del todo y ella lo sabía. Me preguntó si su hijo vivía, yo asentí y ella mintió por mí y aseguró que había muerto. De no ser por eso nunca lo habría logrado, pero aún hay más. Cuando Vol... —rectificó—. El que no debe ser nombrado me mostraba muerto ante todo Hogwarts, Malfoy, que había cogido su varita de nuevo, me la lanzó y pude así vencer y terminar con todo —cuando Harry se calló la sala comenzó a hablar y el ruido al consultarse unos a otros llenó la estancia. El Ministro no mandó callar porque también discutía con el tal Fletcher.
—Esto es bueno, Draco, todo pinta bien —murmuró Gael Robian.
—Señor Potter —intercedió un mago de barba blanca, la sala calló para que pudiese hablar—, ¿le cae bien el señor Malfoy? —por primera vez desde que había entrado, Harry le miró, su aspecto era deplorable y el Draco altivo que había sido su enemigo en el colegio parecía haber desaparecido.
—Ya no le odio, comprendo muchas situaciones y eso lo he superado. Tampoco creo que nunca lleguemos a ser amigos. No me cae ni bien ni mal —el mago asintió conforme y observó al acusado, la mirada que expresó tranquilizó a Draco levemente.
—Ahora mismo, desde luego, no vas a morir —miró a Gael por primera vez a los ojos. Parecía buen tío—. El beso está descartadísimo, y a no ser que se pongan muy puristas, tendrás una condena muy corta. No creen que hayas cambiado tu pensamiento pero sí tus actos. Sí, sí, será una condena muy corta —afirmó. Draco respiró algo más tranquilo. Azkaban sin tantos dementores por la última política no era tan horrible, aguantaría la condena.
—Bien, ¿algo más, señor Potter? —volvió a preguntar el Ministro.
—No, señor Ministro, esto es todo —Harry se levantó de la silla.
—Muy bien, esto se tendrá en cuenta en el juicio. Gracias por su colaboración, señor Potter—afirmó Kingsley—. Abogado Robian, ¿tiene algo más?
—Sí, solicito que venga a declarar otro testigo.
—¿Tiene otro testigo? —se sorprendió el Ministro.
—Sí —Gael reprimió una sonrisilla por la sorpresa que estaba causando.
—Bien, que pase.
—Acude a declarar Hermione Granger —dijo el abogado, y ahí fue cuando Draco casi pierde los ojos del todo, iba a verla a ella, allí.
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Dramione One Shots
FanfictionBreves historias sobre Dramione. La autoría es completamente de JK Rowling, yo únicamente uso sus personajes y su universo para un fin lúdico. Portada por: captbexx. Créditos a los dueños de las imágenes (especialmente a Upthehillart). Para que no...
