El día se le estaba haciendo eterno, no veía el momento de que llegase la hora de verse con Hermione.
Desde que él había sido obligado a tomar la Marca Tenebrosa, apenas se veían. Draco estaba terriblemente deprimido, si con las obligaciones que tenía impuestas por Voldemort, además desaparecía el escaso rato en el que él podía charlar con Hermione, que era la única persona, además de su madre, a la que tenía aprecio, definitivamente estaba muerto en vida. Cada vez que recordaba como ella, a pesar de todo, había comprendido el hecho de que fuese un mortífago y de su horrible tarea, se sorprendía, nunca pensó que fuese a entenderle.
Llevaban años siendo amigos y generalmente se veían a escondidas cada viernes. Sin embargo, intentar matar a Albus Dumbledore, aprobar los exámenes de Hogwarts, sus problemas en Slytherin y los de ella con sus amigos conformaban una larga lista de inconvenientes para verse cada semana, por lo que desde el comienzo del año apenas se veían una vez al mes, y esa noche era su noche.
Se pasó toda la clase de Encantamientos mirando el reloj pero lo único que comprobó fue que por mucho que quisiese mover las agujas con la mente, el tiempo no avanzaba.
Esa mañana había estado observado a la chica y claramente no era su día, probablemente habría discutido con Weasley porque era un experto en hacerle enfadar.
Cuando la clase de Flitwick acabó, suspiró aliviado. Ya no tenía más clases porque esa tarde había partido de Gryffindor contra Slytherin. En realidad lo había olvidado, se lo había tenido que recordar Theo esa misma mañana. Estaba demasiado agobiado como para pensar en Quidditch.
Aprovechó que todo el mundo estaba en el campo de Quidditch para intentar avanzar en el arreglo del Armario Evanescente o alguna otra manera de acabar con el viejo profesor.
Tras una hora, sus avances con el dichoso armario habían sido inexistentes, no lograba concentrarse porque no dejaba de pensar que esa noche iba a verse con Hermione. Suspiró y decidió que ya continuaría arreglándolo otro día, y salió de la Sala de los Menesteres derrotado.
Estaba muy cansado de tener que obedecer al loco de Voldemort, al idiota de su padre y al pesado de Snape, que no le dejaba de observar continuamente.
Según salió del corredor de la sala, oyó gritos eufóricos y agudizó el oído: al parecer Potter había atrapado la snitch y Gryffindor había vuelto a ganar. Apretó los dientes con ira, mientras él no podía ni vivir por su horrible misión, el maravilloso Elegido podía seguir disfrutando del Quidditch y de la vida en general.
Hasta en eso tenía más suerte que él.
Pero si Gryffindor ganaba seguramente habría una fiesta en su sala común y por tanto Hermione estaría allí. Sin pensar demasiado en lo que hacía, se dirigió hacia la torre de los leones.
Realmente, rondar por la sala común de Gryffindor en ese momento parecía una absoluta locura, habría decenas de personas que podían verle, pero estaba demasiado ansioso por hablar con Hermione.
Se mantuvo en una esquina intentando ver si pasaba pero al único al que vio fue a Potter, que entró rápidamente. Bufó molesto, si Hermione no salía no sabía cómo iba a conseguir comunicarse con ella.
Pero como si de un deseo se hubiese tratado, a los pocos minutos el retrato de la Señora Gorda se abrió y Hermione salió corriendo mientras lloraba. Verla llorar hizo que el corazón se le encogiese con dolor. Iba a seguirla cuando vio que Potter también salía y se escondió de nuevo.
—¡Hermione! —gritó el chico mirando hacia el pasillo.
Al no verla echó a andar hacia las primeras aulas que vio. Draco le siguió en silencio y se escondió en un corredor lateral para intentar enterarse de lo que hablaban.
—¡Hola, Harry! —oyó que lo saludaba ella con voz crispada—. Solo estaba practicando.
—Sí, ya veo... Son... Muy bonitos —repuso el chico confuso.
Draco no supo de que hablaban y se acercó más a la puerta. Potter dudaba y parecía no saber que decir, acto que cabreó a Draco, que se sintió muy molesto por no poder entrar ahí y hablar con Hermione.
—Ron se lo está pasando en grande en la fiesta —dijo ella con voz inusualmente chillona. Draco apretó la mandíbula, siempre era todo por el idiota de Weasley.
—Hum... ¿Ah, sí? —mintió Potter. El rubio se llevó las manos a la cara. ¿Por qué los amigos de Hermione, que era maravillosa, eran tan imbéciles?
—No finjas que no lo has visto. No puede decirse que se estuviera escondiendo, ¿no? —la voz de Hermione contenía rabia y tristeza.
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Dramione One Shots
FanfictionBreves historias sobre Dramione. La autoría es completamente de JK Rowling, yo únicamente uso sus personajes y su universo para un fin lúdico. Portada por: captbexx. Créditos a los dueños de las imágenes (especialmente a Upthehillart). Para que no...
