La Caja de los recuerdos

3K 168 9
                                        

  Hermione estaba tomando un té sentada al calor de la chimenea mientras revisaba el contenido de varias cajas.
  Scorpius se mudaba con Albus a un apartamento y como el chico se había llevado sus cosas y algunas que había en el desván, habían aprovechado para revisar lo que había allí arriba.
  Así que, mientras Draco aydaba a su hijo a meterlo todo en el coche de Albus, ella estaba sentada en la alfombra del salón mientras abría diversos paquetes y cajas.
  —Ya está, hemos tenido que usar tres encantamientos agrandadores pero por fin ha cabido todo en ese diminuto coche —declaró Draco entrando en el salón seguido de Scorpius y Albus.
  —Menos mal que se te dan bien porque yo de verdad que no sabía como meter las mil cosas de Scorp —comentó Albus. Hermione se giró hacia ellos sonriendo.
  —No tengo tantas cosas... —se defendió Scorpius.
  —No... Qué va... Solo llevamos cargando cajas desde las cinco de la tarde —ironizó Draco haciendo que Albus riese.
  —Exagerados... —protestó su hijo acercándose a abrazar a su madre—. Bueno, nos vamos a sacar mis mil cosas —Hermione rió y le dio un abrazo y besó sus mejillas.
  —¿Te veré el lunes en el cumpleaños de tu hermana? —preguntó. El chico besó su frente, un gesto adoptado de su padre, y se separó asintiendo.
  —Por supuesto.
  Abrazó a su padre mientras Albus se despedía de Hermione.
  —Si necesitáis ayuda con algo más solo tienes que llamarme —le dijo Draco a su hijo.
  —No te preocupes, gracias por todo papá —le dio un beso en la mejilla y él y Albus se marcharon.

  Draco fue a echarse una taza de té y a por algo de comer.
  —¿Quieres algo, cariño? —preguntó desde la cocina.
  —No, gracias —contestó ella tirando a la chimenea papeles del Ministerio que no valían para nada.
  Draco entró sonriente con una bandeja con su té, una tetera y un plato con sándwiches y la depositó en la mesita del salón. Después bebió un sorbo de té, cogió una sándwich y comenzó a comérselo.
  —¿Qué haces? —preguntó sentándose junto a ella.
  —Revisar papeles que han salido cuando Scorpius recogía sus cosas —contestó girándose hacia él. Al ver el sándwich sonrió culpable—. Yo también quiero —dijo algo avergonzada. Draco sonrió divertido y estiró el brazo para agarrar el plato y que ella cogiese un sándwich.
  —Lo suponía —se carcajeó mientras a Hermione se le iluminaban los ojos y cogía uno para después morderlo con entusiasmo.
  —Gracias —contestó alegre. Él rió y besó su cabeza.
  —Siempre haces lo mismo —ella se sonrojó ligeramente.
  —Exagerado... —farfulló volviendo a centrarse en la caja que tenía junto a las piernas.
  —¿Qué hay? —preguntó Draco pasando el brazo por su espalda y besando su cabeza una vez más.
  —Pues... Basura —tiró un trozo de papel de periódico roto al fuego—, libros viejos —sacó tres ejemplares antiguos y los movió con la varita hasta el sofá—, efectos secundarios del Quidditch —sacó un puñado de ramitas de la escoba y los lanzó al fuego.
  —Definitivamente nuestro hijo tiene síndrome de Diógenes —bromeó Draco revisando un gran bloque de papeles, ella dio una carcajada.
  —Así están sus notas de Hogwarts... No sé si las querrá —comentó Hermione sacando un sobre en el que estaban los pergaminos con las notas.
  —Guardémoslo, luego estas cosas puede quererlas en el futuro —Hermione dejó el sobre en el montón de cosas para guardar y pasó a examinar la siguiente caja.
  —Madre mía, todo esto son papeles míos del Ministerio, qué cantidad de basura... —dijo observando las decenas de carpetas con contenido de su trabajo.
  —Lo mejor es que eres tan organizada que están separadas según lo que hiciste en el Departamento de Regulación y Control de Criaturas Mágicas, lo del Departamento de Aplicación de la Ley Mágica y lo que has hecho ya como Ministra de Magia —comentó Draco divertido.
  —Pues menos mal porque así puedo decir que de aquí prácticamente todo puede ir al fuego —comentó sacando la carpeta de cuando trabajaba en el Departamento de Regulación y Control de Criaturas Mágicas.
  Él sonrió y Hermione dejó caer las carpetas con pesadez a un lado. Al quitarlas quedó al descubierto la segunda planta de la caja. Ella sacó un viejo ejemplar de El Profeta y lo revisó para después tirarlo al fuego.
  —Mira, esto es de cuando nos mudamos —comentó Draco sacando los planos de la casa en la que llevaban viviendo más de veinte años—. Sigo opinando que haber hecho una biblioteca es lo mejor que le sugerimos al arquitecto —afirmó acabándose el sándwich.
  —Pues sí... ¡Draco! —exclamó de pronto al ver un pequeño cofre de madera.
  —¿Eso es...? —empezó a preguntar sorprendido.
  —¡Sí! Es mi Caja de los recuerdos —se la puso en las rodillas y murmuró un conjuro para desbloquearla y abrirla.
  —Madre mía, llevaba un siglo sin verla —recordaba como su mujer había ido metiendo ahí todos los recuerdos que había considerado importantes a lo largo de su vida.
  —Mira, las ecografías de Rose y Scorpius —sonrió Hermione sacando dos fotografías en blanco y negro en las que se veía perfectamente como sus hijos recién formados se movían.
  —Tratarlas de forma mágica fue muy eficaz —corroboró Draco.
  —Es que en las de los muggles no se sabe qué es una cabeza  qué un pie —volvió a guardarlas.
  —Esas son las entradas del cine muggle que alquilé para nuestro primer aniversario de novios —dijo Draco sacando los dos tickets y recordando con una sonrisa lo ilusionada que había estado Hermione.
  —Fuiste un exagerado como siempre, mira que alquilar el cine entero... —negó con la cabeza volvió a guardar las entradas.
  —Cumplíamos un año de novios, era importante —fue todo lo que dijo él. Hermione sonrió y le besó en la mejilla.
  —Eres maravilloso —se miraron y sin dejar de sonreír se besaron en los labios.
  Volvieron a enfocarse en el cofre y Hermione cogió un pequeño bote de plástico.
  —Parece un carrete de la cámara vieja —murmuró Draco rascándose la nuca.
  —Es eso pero no sé qué fotos contiene —ella lo abrió y estiró el film para después ponerlo a contraluz con el fuego de la chimenea.
  —Somos nosotros, es de nuestra luna de miel —Draco sonrió al ver a ambos tan jóvenes en las fotos.
  —Es cierto, estas son de Irlanda —se emocionó según fue señalando las distintas imágenes—, estas de cuando estuvimos en Italia —fue desenrollando el film mientras hablaba—, de Egipto y faltan las de Francia que recuerdo que iban a parte porque eran muchas.
  —Qué jóvenes estábamos ahí... —murmuró Draco observándose de cerca.
  —Teníamos solo 24 años, casi la edsd de Scorpius ahora —se abrazó a él sin dejar de sonreír—. Estabas muy guapo —ambos rieron.
  —¿Ya no? —dejó el film en la caja y se volvió hacia ella.
  —No, ahora estás mejor —se sonrieron y Hermione pasó los brazos por su cuello antes de besarle despacio.
  —¿Me encuentra usted más guapo que en esas fotos, señora Malfoy? —preguntó sin dejar de sonreír, mirando desde tan cerca que sus narices se rozaban.
  —Oh, desde luego, señor Malfoy, es usted como el buen vino, que con el tiempo mejora —ambos seguían sonriendo.
  —Bueno saberlo —volvió a besarla.
  —¿Y qué me dice de mí? —se mordió el labio mientras Draco besaba su cuello.
  —Usted no ha cambiado nada, lo que ya es perfecto no se puede mejorar —Hermione rió y volvieron a mirarse.
  —Eres más bobo —acarició su cara y volvió a besarle—. Te quiero —él la abrazó y besó su cabeza.
  —Yo también te quiero —se quedaron abrazados en silencio, simplemente dejando que el sonido del fuego y de sus respiraciones llenase la estancia.
  —Me siento muy afortunada de estar casada contigo, de verdad te lo digo —murmuró con la cara incrustada en su cuello.
  —Yo sí que soy afortunado —acariciaba lentamente su espalda mientras se apoyaba sobre su cabeza—. Eres lo mejor que me ha podido pasar jamás —la abrazó con un poco más de fuerza—. Venga, vamos a seguir revisando estas cajas —se separó y besó su frente.
  —Me parece bien.

  Se quedó mirando el perfil de Draco, porque no mentía, realmente su marido siempre había sido atractivo pero conforme pasaba el tiempo más guapo le parecía.
  Sin dejar de sonreír se volvió hacia su pequeño cofre y metió de nuevo el carrete de la cámara en el pequeño bote para después guardarlo.
  Acordarse de esas fotos le hacía sonreír porque cada momento atesorado con Draco era único, aunque en realidad no le importaba cuánto tiempo pasase, seguía tan enamorada de él que no había cambiado nada desde el primer día. Suspiró y se apoyó en su hombro mientras él colocaba unos papeles, tenía la impresión de que nunca iba a dejar de llenar su Caja de los recuerdos porque su vida era perfecta, podría guardarla entera en una caja.
  —Mira cariño, aquí están los libros de Hogwarts de Rose y Scorp —indicó Draco sacándola de su ensoñación.
  —¿Ah sí? ¿Y qué más hay? —y sin abandonar su sonrisa se incorporó y  comenzó a revisar la caja junto a su marido.
  Y volviendo a sumergirse en los recuerdos de sus viajes, de sus hijos, de su vida en general, pasaron la tarde. Poco más hacía falta, solo ellos, simplemente ellos.

Dramione One ShotsHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora