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El rincón de la biblioteca

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  Todos los días iba a la biblioteca y se sentaba a mirarla. Hacía sus deberes pero no dejaba de observarla. Y no porque no quisiera, porque en realidad se sentía un jodido acosador, es que no podía.
  No sabía muy bien cuándo, pero en algún momento de su vida algo le había sucedido con Granger. No era capaz de sacársela de la cabeza y había cogido la rutina de ir a la biblioteca porque sabía que ella estaba allí.
  Mientras ella se levantaba a por otro libro y sus ojos la seguían, se golpeó mentalmente: pues claro que sabía cuándo, ¿a quién quería engañar? Llevaba sintiendo algo desde que la vio en aquel tren la primera vez hacía ya siete años. Siempre pensó que era odio, por ser hija de muggles, envidia, por superarle en prácticamente todo, incluso asco, por llevarse bien con todos menos con él. Si es que era evidente, todo había sido una escusa. Granger le gustaba, y le gustaba mucho.

  Estaba realmente cansado de hacer siempre lo que debía, de ser el único que no tenía opción. A tomar por culo todos los estándares.
  Se levantó resuelto y se sentó junto a ella.
  —¿Qué bicho te ha picado, Malfoy? —preguntó sin levantar la cabeza del pergamino.
  —Buenos días a ti también, Granger —ella le miró suspicaz.
  —¿Por qué estás siendo amable? —Draco suspiró, iba a tener que ir al grano o si no eso iba a ser exasperante.
  —Porque llevo muchos años siendo un capullo integral y hoy he decidido disculparme contigo.
  —Nos pediste perdón el día del juicio —le miró fijamente.
  —Efectivamente, os pedí perdón. En general, a Potter, a los Gryffindor, los Weasley y, bueno, a aquellos que ofendí. Hoy te pido perdón a ti, personalmente —Hermione se quedó callada, le estaba evaluando. Quería saber si mentía. Pero no lo hacía, sus ojos le estaban diciendo que no, que era sincero. Y realmente no supo si era porque hubiese aprendido a leer los ojos ajenos o porque sí, porque confió en él, pero asintió y le tendió la mano.
  —Perdonado —Draco se la estrechó sonriente y el contacto de sus manos produjo una sensación curiosa en su cuerpo.
  —¿Qué estudias?
  —Transformaciones.
  —¿Puedo acompañarte? —Hermione le miró sorprendida, nunca nadie la acompañaba en la biblioteca. Asintió mientras una tímida sonrisa surcaba su rostro y se le contagiaba.

———————————

  Se dirigía a la biblioteca como cada día desde septiembre. Pero desde hacía ya mucho tiempo que no iba solo a hacer los deberes, iba a verle, a encontrarse con él. Recordó lo que habían pasado ya: el día de su cumple, que cuando llegó había un pastelito sobre su sitio y ella sonrió como una idiota al verlo, el día en que casi les echan porque les dio un ataque de risa, el horrible y fatídico día en que no estaba cuando entró y casi le da algo, aunque resultó que había ido al baño... Habían estudiado, hablado, reído, habían buscado libros e incluso se habían colado en la Sección Prohibida porque Draco quería enseñarle pociones especiales. Pasaba tanto tiempo en la biblioteca que de no ser por su excelente humor, sus amigos habrían visto a la Hermione de siempre. Aunque, aun así, ninguno sospechó que todos los días pasase cerca de siete horas con Draco.

  Suspiró. En realidad él sabía todo sobre su vida, se habían ido abriendo, habían compartido secretos, ¡le había contado cosas que ni Ginny sabía! Y no sabía por qué, pero confiaba ciegamente en él.
  Entró y le buscó, no estaba, pero sus cosas sí. Estaría en algún pasillo. Dejó sus libros y su mochila en el asiento contiguo y le buscó. En realidad en los últimos tiempos siempre pasaba eso, si uno de los dos estaba mal o no quería que le viesen los demás, se perdía por los pasillos y el otro acudía a buscarle y a consolarle. Sintió un escalofrío, su relación con Draco era extraña, ni siquiera con Harry y Ginny, sus mejores amigos, tenía esa complicidad.

  Le encontró tras una estantería de libros de vuelo, mirando un gran ejemplar cubierto de polvo.
  —Dragoncillo... —canturreó mientras se acercaba. Él se volvió y al verla sonrió, inmediatamente después fingió una cara de enfado.
  —No me llames así, ratita —devolvió en el mismo tono.
  —¿Qué buscas hoy?
  —Un libro gordo porque quiero golpear a Nott —contestó, y ante su sonrisa macabra ella se echó a reír contagiándole a él.
  —Ahora en serio, ¿vuelo? ¿Hace cuánto que no juegas al Quidditch? —preguntó regresando a la mesa.
  —Pues mucho, pero en unos meses es el Mundial y quería mirar una cosa —por un momento Hermione temió que, como hacían Harry, Ron y Ginny, se pusiese a hablarle del dichoso deporte, pero no, Draco no iba a hacer eso—. No te preocupes, no te aburriré con esto. Hoy hacemos... ¿Encantamientos? —corrió la silla para que ella se sentase y se sentó junto a ella.
  —A por la tarea de Flitwick —sonrió Hermione.

Dramione One ShotsHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora