Navidades (parte 3)

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  Cuando su camisa también desapareció las manos de ambos exploraron los cuerpos del otro, Draco con suaves caricias ya que temía hacerle daño; Hermione con algo más de dureza, pues nunca había estado tan alterada hormonal y emocionalmente como en ese momento.
  Draco, al ver a su novia tan deseosa como él, decidió pasar al siguiente paso. Recordando lo que Hermione le había enseñado, murmuró un mental Accio y la varita vino volando. Insonorizó la habitación y la tiró al suelo, ya podían hacer ruido.

  Besó su cuello y su clavícula y fue bajando hasta que llegó a sus pechos. Notaba a Hermione temblar mientras acariciaba sus brazos y su lengua vagaba de seno a seno; notaba por la fuerza con la que sus manos estaban agarradas a su rubio cabello que el temblor no era lo único que estaba ocurriendo. Sí, Hermione estaba muy excitada. Más de lo que había estado nunca en su vida.
  Levantó la cabeza y vio que ella tenía la espalda tensa y la cabeza echada hacia atrás, solo se veía su barbilla. Subió sus manos hasta su nuca y la volvió a traer a su altura para besarla.
  Entonces se separó y la miró. Vio en sus ojos el mismo deseo que él tenía. Ya no eran unos niños y además de que la quería mucho, ella le excitaba de sobremanera. Hermione se acercó y le besó suavemente.
  —Hazlo —susurró emitiendo un sonido que a los oídos de Draco sonó como lo más excitante que podría oír en su vida. Si ella estaba de acuerdo no iba a esperar porque su entrepierna empezaba a dolerle.

  Sin dejar de besarla bajó las manos acariciando su piel hasta los pantalones que le había dado. Metió la mano suavemente pero lo que encontró tampoco lo esperaba.
  —Estás empapada —no fueron conscientes de que la última vez que le había dicho eso era una situación totalmente diferente.
  —Lo sé... —contestó en otro susurro, aunque en este se apreciaba la vergüenza que estaba sintiendo.
  —Perfecto —no hizo falta añadir nada más. Hermione vio la mirada de Draco y la mezcla entre lujuria y amor que veía hacía que se excitase más aún.

  A Draco le fascinaba que él fuese capaz de ponerla en semejante estado, nunca había comprobado lo mucho que la ponía. Totalmente recíproco entonces.
  Su mano emprendió la tarea abajo mientras su lengua se concentraba en sus pechos. Hermione se agarró a su espalda porque estaba al borde de la explosión.

  No quería que se quedase a medias así que con toda la delicadeza que fue capaz, teniendo en cuenta que estaba también muy excitado, la tumbó en la cama y retiró el pantalón, bastante húmedo por no llevar nada más.
  Se arrodilló a los pies de la cama y sustituyó su mano por su boca. Entonces fue cuando Hermione creyó que explotaba, se agarraba con tantísima fuerza a la cama que sentía que iba a partirse un dedo.

  Draco no quería hacerla daño, ese era su mayor miedo. Por ello decidió que si iban a dar el paso lo mejor sería ir poco a poco. Sin dejar de lado la boca metió un dedo y sintió como ella se contraía. Eso tuvo un severo efecto en su entrepierna y soltó un gemido que se mezcló con los que ella estaba emitiendo. No tuvo tiempo de más, tras unos segundos así Hermione llegó al clímax. Él saco la cabeza y volvió repartiendo besos por su cuerpo hasta llegar a su cara.
  —¿Todo bien? —preguntó. Hermione no respondió, solo exhaló un gran suspiro de satisfacción. Nunca había experimentado esa sensación.

  Él seguía con los pantalones puestos y su erección, que estaba que explotaba, la rozaba el interior del muslo.
  —Tú tampoco estás atrás.
  —No te haces una idea de lo muchísimo que me pones —dijo Draco— Algo habrá que hacer, ¿no? —se miró él la entrepierna, se le notaba todo.
  Cuando volvió a mirarla ella tenía una expresión de miedo y eso era justo lo que quería evitar. Se quitó de encima y se tumbó al lado y, sin que diese tiempo a que ella dijese nada, la tranquilizó:
  —No vamos a hacer nada que tú no quieras hacer, tranquila —la besaba suavemente.
  —No, no, sí que quiero pero esto... Lo podíamos saltar.
  —Shh, no pasa nada. Nada que no quieras hacer —besó su hombro y su cuello repetidas veces hasta que ella atrajo su cara para besarle a él.

  Se volvió a subir encima de ella mientras se besaban. Hermione bajó sus pantalones y después sus calzoncillos. No pudo evitar mirar: no era nada pequeño y encima se notaba que estaba tan excitado como ella. Se ruborizó tanto por verle desnudo que le empujó quedando ella arriba para que no viese su sonrojo.
  Pero Draco la conocía, siempre se sonrojaba por estas cosas. Así que volvió a girar quedando arriba y la besó para quitarle la vergüenza.
  —Te veo sorprendida. Espero que para bien —susurró en su oreja. A Hermione no le hizo falta ver su cara, sabía que tenía esa sonrisa de lado tan característica y que tanto le había excitado siempre.

  Draco volvió a bajar por su cuello y se detuvo en sus pechos nuevamente. Por los gemidos que siguieron comprobó que había hecho bien, era importante que ella estuviese lo más húmeda posible, dolería menos. Y además, para qué mentir, a él también le volvía loco.
  —¿Te tomas algo? —preguntó de repente.
  —¿Qué? —Hermione estaba demasiado alterada para entender lo que decía.
  —Poción anticonceptiva.
  —No... —ni se había acordado del riesgo de embarazo que suponía lo que estaban a punto de hacer.
  Draco se levantó y rápidamente fue a la mesilla. En el último cajón tenía una caja de preservativos muggles por si acaso Blaise cometía imprudencias cuando celebraban fiestas en la casa.
  Sacó uno y se lo puso. Se recordó a sí mismo que eso no podía permanecer ahí al día siguiente, tendría que tirarlo. Una cosa era que a su madre le pareciese bien que tuviese novia y otra muy distinta era que supiese que lo habían hecho en su cuarto.

  Volvió con ella. Hermione, se había recostado y había observado el proceso sorprendiéndose de que tuviese un artículo muggle. Después le preguntaría.
  Se acercó y la besó muy lentamente.
  —¿Estás segura? —preguntó. Su mirada desbordaba amor y ternura.
  —Segurísima.
  Poco a poco y mientras besaba sus hombros y mejillas fue entrando. No dejó de preguntar si estaba bien y si le dolía pero ella no notó nada de dolor, estaba muy lubricada. Cada pregunta de él fue contestada con un 'no' de ella por lo que no paró hasta que ambos, ella un poco antes, terminaron en un ruidoso orgasmo.
 
  Salió de ella y rodó a su lado. Con la respiración agitada la miró y le preguntó:
  —¿Todo bien?
  —Te quiero —no fue una respuesta a su pregunta, fue una respuesta a su vida. No le hizo falta más, simplemente volvió a besarla y susurró contra su oído.
  —Yo también te quiero, mucho. No sé por qué no te lo había dicho antes.
  Hermione se sintió tan querida que notaba el corazón a punto de explotar.

  La noche fue bien, ambos se pusieron un pijama de Draco y durmieron juntos, abrazados como si su vida dependiese de ello. No tuvieron muchas horas de descanso pero el cansancio que traían más el bajón después del éxtasis, hicieron que fuesen muy bien aprovechadas.
  Al día siguiente esperaba la presentación a Narcissa y necesitaban estar despejados.

Dramione One ShotsHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora