Echar de menos

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  Draco estaba embobado, como siempre, perdido en su mundo, sin nadie con quien hablar y enterrado en sus recuerdos, que eran lo único bueno que tenía. La miraba a ella, sentada en primera fila, pero, ¿cómo no hacerlo si era la responsable de lo único bueno que había vivido?

  Estaba apoyado en su mano, ignorando al profesor Binns y sus aburridas clases de Historia de la Magia, no atendía, se limitaba a observarla y a pensar. Suspiró. Si supiera el tiempo que llevaba pensando cómo volver al principio, a esos nervios antes de verla, a esas dudas cuando la acompañaba a su torre. Cómo sonreía cada vez que le contaba un secreto y cómo sonreía él cada vez que ella no podía soportarle la mirada. Porque todo aquello de conocerse era como deslizarse por un caminito de hielo, iban con miedo a que se abriera y caer, pero no dejaban de caminar, despacio, con cuidado de no dar un paso hacia atrás, y con una extraña seguridad de que si uno resbalaba el otro le cogería al vuelo.
  Él siempre la miraba como el niño que ve algo por primera vez: preguntándose qué era y por qué le gustaba tanto, y sin lograr entender nada. Y vivía con todo el miedo del mundo a liarla sin querer, porque ella se dejaba llevar, para ver a dónde iban y qué sorpresa les esperaba y era Draco el supuesto capitán de esa embarcación, era él quien remaba buscando un puerto o una isla desierta o quién sabe qué.

  Hermione estaba copiando, tomando apuntes sin dejar de escribir ni un solo momento, como llevaba haciendo desde primero. Draco sonrió, recordaba perfectamente todas sus primeras veces: la primera vez que quedaron, la primera vez en que la hizo reír, la primera en la que se abrazaron y la primera en la que la consoló mientras lloraba. Y siempre lo hacía por lo mismo, siempre lloraba por él, porque al parecer ella no veía nada más que al idiota de Weasley.
  Y sin embargo, cuando Hermione llegaba a la torre de Astronomía para verle a él, con esa preciosa sonrisa que iluminaba todo Hogwarts y que a él le valía para ser feliz toda la semana, el mundo le daba igual, solo pensaba en ella, exactamente igual que en ese momento, que no dejaba de pensar en cómo volver a todo eso, cómo conseguir que volviese a sonreír con el alma, porque estaba tan jodidamente preciosa cuando sonreía que no le cabía en la cabeza que alguien no fuese capaz de dar la vida por verla sonreír. Y le parecía necesario por él, porque la echaba muchísimo de menos, porque desde que se habían separado en la batalla no había vuelto a ser feliz, pero también era necesario por ella, porque nunca la había visto tan feliz como aquellas noches en las que no esperaba verle y, una vez que se juntaban, nunca quería volver a la torre de Gryffindor.
  Recordaba con precisión cuando Hermione se agarraba a su brazo con esa mirada ilusionada y le decía que no sabía que era lo que tenían pero que no quería que se acabase, y él besaba su cabeza y prometía no separarse jamás. Draco suspiró de nuevo, qué tristeza de promesa, qué asco querer y no poder cumplirla.

  La clase se acabó pero sus lamentos no, y como un zombie sin vida caminó por los pasillos para pasar por el baño antes de ir al Gran Comedor.
  Entró al urinario y después se lavó las manos. Estaba distraído lavándose cuando Ron Weasley entró y pasó nervioso.
  —Weasley —saludó secamente.
  —Malfoy —respondió arrugando la frente al verle.
  Draco no dijo nada más, no tenía el cuerpo para discusiones con él. Esperó a que saliese del baño mientras se lavaba las manos otra vez, no quería ni cruzarse por el pasillo con el Gryffindor.
  Cuando por fin en pelirrojo salió el esperó unos segundos y fue detrás. Se encaminó al Gran Comedor pero al doblar la esquina reconoció la voz de Hermione.
  —¡Que no Ron! —chillaba con cierto cansancio en la voz.
  —Vuelve comigo, Herms, por favor, te echo de menos... —suplicaba Ron.
  —Que no, no pienso estar contigo, y haz el favor de no presionarme más —la chica se dio la vuelta y se marchó casi corriendo pasando junto a Draco sin mirarle.

  Él se acercó a Ron y no pudo evitar odiarle y regocijarse porque Hermione no le quisiese dar otra oportunidad como novio, en esos momentos ser egoísta le daba igual.
  —Deja de mirarme así, odioso hurón —espetó al verle.
  —Deja de lamentarte por los pasillos como Myrtle la Llorona, comadreja sin cerebro —rebatió cabreado, no tenía pensado decir nada, iba a ignorarle pero Weasley era el que le había insultado así que, por tonto, se iba a desahogar con él.
  —La echo de menos, imbécil, pero claro, un mortífago qué sabrá de eso —replicó mientras se enfurecía más por el hecho de que Draco hubiese oído como Hermione le rechazaba que por el rechazo en sí.
  —¿Qué tú la echas de menos? —notó la irá subirle por la garganta—. ¿Quién te crees que eres tú para decir que la echas de menos? ¿Qué sabrás tú lo que es eso? —escupió atravesándole con la mirada—. Que te la arrancen sin más, sin merecerlo, cuando más te hacía falta... —apretó los puños—. Que desaparezca poco a poco de tu vida y que con ella se evaporen los únicos momentos de la semana en que te podías olvidar de todo —estaba tan enfadado con la vida por quitarle a Hermione que el pelirrojo estaba siendo su desfogue—. ¿Tú? ¿La echas de menos tú? Que la tienes todos los días, que le cuentas tus problemas y aún te escucha, que es tan buena amiga que das una palmada y aparece en tu puerta.
  —Mira Malfoy, yo la quiero... —interrumpió Ron sin entender lo enfadadísimo que estaba Draco y por qué hablaba de Hermione como si fuesen algo.
  —¿Con qué derecho te crees a decirle que la quieres? No la querrás ni en cien vidas la mitad de lo que pude quererla yo en una; no merecerás ni en mil años la mitad de lo que yo me gané; no tienes derecho a nada. Disfruta de lo que te ha regalado el jodido Merlín, Morgana o quien quiera que sea porque te ha tocado la puta suerte del siglo. ¿Crees que es justo que digas que la echas de menos tú? —apretó los dientes y no se percató de la mirada de Ron, que reflejaba sorpresa—. Tremendo gilipollas, ojalá pronto se dé cuenta de cómo eres, de tu egoísmo y de tus engaños y tengas que echarla de menos de verdad, y sepas lo que duele que falte en tu vida lo único que le daba sentido. Mira Weasley, se nota que eres un Gryffindor, porque hay que ser valiente para decir que la quieres cuando no tienes ni idea de lo que es querer —Ron estaba tan impactado que se le había pasado hasta el cabreo.
  —Malfoy... —intentó decir, pero Draco le ignoró.
  —Tú te mueres de ganas por echarle un polvo, te apetece su compañía, quieres que te cuide, pero tú no la necesitas y mucho menos la quieres. Querer es dejar ir a alguien sabiendo que se va con la persona equivocada porque necesita aprender a volar, caer y volver a levantarse. Querer es esperarla, aguantar y sufrir en silencio y ver como intenta ser feliz con alguien que le hará daño y ahorrar todas tus fuerzas para el abrazo que la recomponga cuando eso pase. Querer es apretar los dientes y sonreír si te mira, no decirle nada y aguantar para que no esté mal por ti pero luego aprovechar la soledad para hundirte porque tú sí la echas de menos. Yo sí que la echo de menos, imbécil, no tú —y sin decir nada más y aguantando las ganas de morirse que tenía se fue de allí dejándole en el pasillo, pero, evidentemente, no solo.

  Notaba un dolor punzante en el estómago y el aire empezó a ser necesario así que salió al patio interior del castillo. Tiró la mochila al suelo e intentó respirar. Había contado demasiado, hasta sin ser Ron un lince se había enterado de que Hermione y él habían sido... Algo.
  —Draco... —casi le da un infarto al oír que le llamaban, pero no por el sobresalto, sino porque esa voz la reconocería hasta si se quedase sordo.
  Se giró despacio para encontrarse a Hermione llorando frente a él.
  —Hola... —dijo con voz ronca, sin apenas fuerza.
  —Te he oído hablando con Ron —se tensó, por algún motivo no se esperaba eso y no podía pensar con claridad si ella estaba llorando, necesitaba abrazarla.
  —¿Qué has oído? —preguntó en un susurro.
  —Todo —su respuesta no dejó lugar a dudas, quería una explicación y él no sabía si era capaz de darla.
  —Deja de llorar, por favor —pidió, ella no se movió. Las ganas de abrazarla eran tan fuertes que empezó a pensar que se iba a volver loco.
  —¿Era cierto? —inquirió.
  —Para de llorar, Hermione, por favor —suplicó sin pensar en otra cosa que en querer consolarla.
  —¿Era cierto? —repitió.
  —Por favor, no llores.
  —¡Contéstame! —chilló, y él no pudo soportarlo más y la abrazó. Y con ella entre sus brazos, notando como le mojaba el jersey pero dándole igual todo, respiró mejor.
  —No puedo aguantar que llores, no lo soporto —limpió sus lágrimas y ella fue incapaz de no aferrarse a su jersey y dejar que el olor a su colonia la envolviese.
  —Contéstame —exigió separándose pero sin soltarse de él.
  —Sí, todo es verdad, contigo absolutamente todo es cierto —respondió serio.
  —Draco... —nuevas lágrimas se formaron en sus ojos y él no tardó en eliminarlas con sus pulgares.
  —Llevo queriendo abrazarte tanto tiempo... —murmuró.
  —¿Me echabas de menos? —preguntó mientras parpadeaba dejándose lágrimas en las pestañas y tomando así su rostro un aura muy infantil.
  —Cada segundo —contestó colocando un mechón rebelde detrás de su oreja y recorriendo su rostro con la mirada, porque en cualquier momento podía desaparecer y tenía que aprovechar.
  —Yo a ti también te echaba de menos —suspiró sonoramente.
  —¿Cómo me has oído? —preguntó sin dejar de mirarla. Hermione tenía las manos en su pecho y estaba tan pegada a él que solo quería abrazarla hasta adherirse a ella.
  —Te oí gritarte con él y regresé por si acaso. Se ha quedado mudo de la impresión —Draco sonrió un poco sin poder evitarlo—. Qué sonrisa de malo... —comentó Hermione sonriendo también.
  —También he añorado tu sonrisa —automáticamente ella se puso más seria—, y tu risa, por Merlín, he echado de menos todo de ti —cerró los ojos con dolor.
  —Le has dicho a Ron que me quieres —vocalizó despacio.
  —Sí.
  —¿Era... —Respiró hondo—. Era verdad?
  —Sí, te quiero y te he echado de menos, no le he mentido en nada, ni siquiera en lo de llamarle imbécil —masculló.
  —¿Por qué no me lo habías dicho? —preguntó llorando de nuevo. Él abrió los ojos y volvió a abrazarla.
  —¿Cuándo? ¿En mitad de la batalla entre Potter y Voldemort? Tú tenías que seguir con tu vida y yo...
  —Y tú formas parte de ella —decretó la chica.
  —Formaba —corrigió con pesar.
  —¡No! —Ella se separó—. Formas, y no eres quién para salir de ella —amenazó mientras las lágrimas caían por su cara.
  —Pero Hermione... —intentó explicarse.
  —¡Qué no! —chilló—. Te quiero, Draco, no voy a dejar que sigas lamentándote por los pasillos porque creas que no lo hago —él se quedó quieto sin saber qué hacer—. ¿¡No vas a hacer nada!?
  —¿Y qué quieres que haga? —preguntó sintiéndose estúpido.
  —Pues algo que deberías haber hecho antes de que nos separásemos, idiota —y sin dar tiempo a que Draco hiciese nada le besó.

  Había echado de menos muchas cosas de ella pero nunca había podido echar de menos sus besos. Ahora sabía que si volvían a separarse no podría vivir sin ellos. Ella se separó rápidamente y se quedó apoyada en su pecho, seria. Él sonreía, no podía evitarlo.
  —¿Llevas queriendo besarme desde hace un año? —preguntó aferrado a su cintura.
  —Llevo enamorada de ti desde hace un año —corrigió. Él sintió el aire le abandonaba.
  —¿¡Qué!?
  —Eres tontísimo, de verdad, ¿cómo no habías visto que me gustabas? Me pasaba la vida abrazándote y parecía recíproco, y coges y no me besas —estaba altamente indignada y Draco cada vez sonreía más—. Y encima, para colmo, te callas que estas mal porque nos separamos y resulta que me llevas echando de menos desde... —se cansó de escucharla protestar y la pegó a su cuerpo para besarla. Ella se sorprendió pero no dudó en responder.
  —Sí, probablemente seré tontísimo, pero es que tenía miedo de equivocarme, creía que no te gustaba, y antes de perder mi amistad contigo me muero. Irónicamente luego perdí tu amistad —dijo separándose brevemente.
  —Pues ya ves que no —pasó las manos por su cuello.
  —Te quería, Hermione, llevo queriéndote desde hace mucho tiempo —ella le miró sin comprender.
  —¿Y ya no?
  —No, ahora me he dado cuenta de que te amo —y sin más volvió a besarla despacio, sin dejar de abrazarla y teniendo claro que esa primera vez no pensaba olvidarla jamás.

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