Rememorización (parte 3)

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  Se despertó con un ruido y pensó que Hermione volvía a tener pesadillas. Se giró a velocidad de rayo pero la cama estaba vacía, y la luz que entraba por la ventana dejaba claro que era tarde. Se levantó y en ese momento fue consciente de lo que iba a hacer, tenía que hablar con ella.

  Bajó desperezándose y encontró a Hermione leyendo en la mesa de la cocina.
  —Buenos días, dormilón —le saludó estirando el cuello para besarle.
  —Hola. ¿Qué tal has dormido? —preguntó echándose café.
  —Bien, hacía mucho que no dormía tan bien. Esa poción es estupenda —Draco sonrió nervioso.
  —Se lo diré a Theo —bebió de su taza.
  —¿Qué pasa? Estás raro —Draco la miró, se bebió de un trago el resto del café y se preparó para la conversación.
  —Estás estresada, duermes mal y tienes pesadillas todas las noches y siempre por lo mismo: tus padres y su memoria —Hermione se puso seria y le miró enarcando una ceja—. Estaba muy preocupado por ti, así que fui a pedirle ayuda a Theo. Tras dos días de revisar centenares de libros de... —Hermione inquirió con la mirada—bueno, de la biblioteca de la Mansión —ella abrió un poco la boca pero no dijo nada—, a Theo se le ha ocurrido algo para devolverles los recuerdos.
  —¡¿Qué?! —exclamó abriendo los ojos como lo había hecho él.
  —Sí, el único problema es que es algo complicado y...
  —¿Sí? —la emoción brotaba de su garganta.
  —Pues que el remedio que se nos ha ocurrido no lo puede hacer todo el mundo.
  —Draco, deja de contarme las cosas a medias, por favor.
  —A ver, si se les hace legeremancia y, a la vez, se usa un encantamiento Obliviate, tal vez se podrían eliminar los falsos recuerdos y convencerles de que, bueno, de que los que están olvidados son reales.
  —¿Y eso podría funcionar? —preguntó con un tinte de emoción en la voz.
  —No lo sé, Theo dice que a lo mejor sí. El problema es... —se rascó la nuca incómodo.
  —¡Draco!
  —Es que no conocemos a nadie capaz de realizar la legeremancia.
  —Oh...
  —Dumbledore sabía, y Snape, y mi tía y Voldemort. Pero no mucha gente es capaz de hacerlo —se mantuvieron en silencio un rato—. Yo... Yo sé, es decir, hace mucho tiempo que no lo hago pero yo era capaz.
  —¿En serio?
  —Sí, pero tengo miedo de que salga mal y... —no pudo seguir porque ella le había abrazado.
  —Inténtalo, no perdemos nada —dijo agarrada a él.

  Cuatro horas después Hermione daba vueltas por la sala de espera mientras Luna trataba de calmarla.
  Draco llevaba dentro de la sala de operaciones con Theo y el resto de sanadores tanto tiempo que deseperaba. La puerta se abrió y los dos chicos salieron.
  —¿Qué tal? —preguntó Hermione lanzándose prácticamente contra su novio.
  —No lo sabemos, en principio parece que todo ha ido bien pero hasta que no se despierten...
  —Lo ha hecho muy bien, ha limpiado cada recuerdo mientras estaba metido en sus mentes, tiene que estar agotado —dijo Theo pasándole el brazo por los hombros.
  —Veremos a ver qué tal —murmuró él.

  Un rato después, Draco y Hermione entraban cogidos de la mano a la habitación de los señores Granger.
  —¡Hermione! —exclamó su madre al verla. Ella se acercó rápidamente y se abrazaron.
  —¿Cómo estás mamá? —preguntó mientras abrazaba a su padre con lágrimas en los ojos.
  —Algo cansada, como si hubiese estado mucho tiempo forzando mi mente. ¿Qué ha pasado?
  —¿Qué es lo último que recordáis?
  —Estabamos sentados en la mesa, íbamos a cenar, tu madre te llamó y... Y después nos levantamos y estos señores de aquí nos dijeron que nos acababan de operar —contestó su padre.
  —Tengo muchas cosas que contaros.
  —Sí, y podrías empezar por presentarnos a... —señaló a Draco con la cabeza.
  —Draco Malfoy, encantado —saludó a ambos.

  Contarles a los señores Granger que Hermione les había borrado la memoria para protegerles e irse a luchar contra un mago malvado en una batalla llena de muertos no fue fácil, pero lo entendieron. Decirles que vivía con su novio fue casi peor.
  Al fin y al cabo, llevaban creyendo que eran otras personas durante dos años, se habían perdido mucha información y su niña había crecido.

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  Esa misma noche, Hermione se acostó sin tomarse ninguna poción, por fin tenía la certeza de que iba a poder dormir bien. Cuando ya estaba en la cama y Draco se quitaba la ropa para prepararse para dormir se dio cuenta de que no le había dado las gracias.
  —¡Es verdad!
  —¿El qué? —se metió en la cama junto a ella.
  —Pues que no te he dado las gracias por devolverme a mis padres.
  —Ah, no hace falta, verte feliz es suficiente —Hermione le besó como nunca lo había hecho, en ese instante le quería tantísimo.
  —Te quiero —susurró contra su boca, mientras sus alientos se mezclaban.
  —Cásate conmigo —contestó él.
  —¿¡Qué!? —se separó y le miró con sorpresa.
  —Que quiero casarme contigo, te quiero, no me imagino vivir sin ti —una sonrisa se fue abriendo paso en la cara de la chica y una lágrima se deslizó por su mejilla—. ¿Te casas conmigo? —preguntó acariciando su cara para quitar la lagrima.
  —Sí —asintió mientras volvía a besarle—. Sí, sí, sí, me casaré contigo —y se volvieron a besar mientras la poca ropa que llevaban desaparecía.

Dramione One ShotsHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora