Primera pelea

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  Llevaban un día sin hablarse. Veinticuatro horas completas. Podría parecer una tontería pero lo cierto era que jamás habían pasado por eso. El hecho de pasarse todo el día con piques entre ellos hacía que realmente nunca discutiesen por lo que esta bronca había sido impactante para ambos.

  El detonante de todo fue Crooshanks. Bueno no, fue el hecho de que su novio fuese tan imbécil como para sentir celos de un gato.
  Hermione quería perdonarle, odiaba discutir, especialmente con él, pero es que no pensaba ceder a las estupideces de Draco. Hasta que no se disculpase no pensaba volver a hablarle. Y a decir verdad bien que le estaba costando aguantar, cuando una se acostumbraba a la vida con un Draco atento y cariñoso la falta del chico se notaba. La noche anterior, incluso, había estado tentada de ir y arreglarlo, pero entonces recordó su discusión y volvió a fingir enfado.

  Draco, por su parte, no quería pedir perdón. Una parte de él seguía recordándole que era un Malfoy y que los Malfoy no se disculpaban por nada ni nadie. En el fondo sabía que se había comportado como un gilipollas, especialmente porque la rabieta había sido digna de un niño pequeño, pero era demasiado cabezón y orgulloso.

  Como siempre su relación conllevaba daños colaterales, en este caso habían sido Ginny y Luna por parte de Hermione y Theo por parte de Draco. Las chicas se habían posicionado a favor de su amiga y habían ayudado a que no se rindiese. Theo había llamado idiota a Draco y se había limitado a escuchar sus 'argumentos estúpidos de niño de tres años', como los había definido.
  Pero si había alguien que se veía perjudicado por todo esto era Harry. Su novia se lo pasaba tan bien observando como Draco y Hermione peleaban por tonterías que prácticamente le ignoraba. Así que, harto de ser olvidado por la pelirroja, decidió arreglar el asunto entre su amiga y Malfoy para poder volver a su vida normal.

  Ya llevaban un día sin hablarse, Draco había dormido en la habitación de invitados y por la mañana ya había desaparecido cuando Hermione se levantó y casi se pone a llorar por su ausencia. Así que el chico que había logrado vencer al mismísimo Voldemort estaba a punto de perder la cordura por lo cabezotas que eran. Esa mañana quedó con Hermione en su casa con la excusa de que necesitaba ayuda para el regalo de cumpleaños de Ginny. Cuando recibió la respuesta afirmativa de su mejor amiga le envió una a Malfoy citándole para hablar de un asunto del ministerio. El chico aceptó ir. El plan estaba en marcha.

  Esa tarde Hermione apareció en casa de Harry.
  —Harry, ya estoy aquí —informó saliendo de la chimenea de uno de los cuartos de Grimmund Place.
  —Hola Herms, pasa —se dieron un rápido abrazo y ella se sentó en el sofá—. ¿Me esperas un momento que voy a por una cosa?
  —Sí, claro —Harry salió de la habitación y bajó las escaleras.
  —Malfoy —saludó.
  —Potter —el rubio devolvió el saludo.
  —Vamos arriba que hablaremos más tranquilos —Draco asintió y subieron diligentemente por la escalera. Al llegar a la puerta del cuarto Harry le indicó que pasase—. Espera que voy a por unos papeles.
  —Vale —Draco entró y Harry cerró la puerta y la bloqueó.
  —¿Pero qué cojones...? —exclamó el otro al verse encerrado.
  —¿Draco? —al oírle, ella se levantó.
  —¿Hermione? —se separó de la puerta incrédulo.
  —¿Qué haces aquí? —preguntó dándose cuenta de lo mucho que le había echado de menos.
  —Potter me dijo que viniese para algo del ministerio. ¿Qué haces tú aquí? —la veía más guapa que la última vez, aunque hubiese pasado un día.
  —Harry me llamó para ayudarle con el regalo de Ginny —se quedaron mirándose unos segundos.
  —¡POTTER! —bramó Draco.
  —¡HARRY! —gritó Hermione.
  —Estaréis ahí hasta que habléis —sonó una voz. Ambos se acercaron al espejo que había en la pared, allí aparecía el chico de gafas.
  —¿Esto es idea tuya? —protestó Draco mirando acusadoramente a Hermione
  —¡No! —se defendió ella.
  —¡A callar! —Harry se colocó las gafas—. Malfoy, eres un idiota de talla mayor que está celoso de un jodido gato, deja de comportarte como un niño pequeño y soluciona tus problemas —el aludido se quedó sin habla mientras Hermione sonreía con suficiencia—. Y tú no sonrías tanto que solo lleváis un día sin hablaros y no te veía tan deprimida desde hacía años, vaya niña pequeña también —la sonrisa desapareció—. Estoy hasta las narices de aguantaros, por vuestra culpa Ginny está obsesionada con si lo vais a arreglar o no. ¡Me habéis robado a mi novia! Así que estaréis aquí encerrados hasta que lo arregleis u os matéis, lo que suceda primero. ¡Y ni os molestéis en intentar salir, ningún hechizo hará que esa jodida puerta se abra! —Y dicho esto Harry desapareció.
  —Jo-der —soltó Draco—. No sabía que nuestros problemas de pareja alteraban tanto a Potter y compañía...
  —Yo tampoco. Bueno, creo que deberíamos hablar —ambos se sentaron en el sofá.
  —Sí... —se quedaron mirándose sin decir nada.
  —¿Y bien?
  —¿Qué?
  —¡Draco! —se exasperó Hermione al ver que no hablaba—. ¡Discutimos porque tienes envidia de Crooshanks!
  —¡Yo no tengo envidia del gato! —se defendió él.
  —¡¿Cómo que no?!
  —Yo lo único que dije fue que siempre valoras a los demás antes que a mí, incluido el gato —Hermione abrió la boca desmesuradamente.
  —Pero serás mentiroso...
  —No... —comenzó a negar con la cabeza pero ella le interrumpía.
  —Falso...
  —No, no...
  —Embustero...
  —Herm...
  —Farsante...
  —¡Hermione! —se levantó de un grito, cansado de que ella le increpase. Se pasó la mano por la cara frustrado y la chica evitó sonreír, sabía que la razón la tenía ella y exasperarle conseguiría que por fin se sincerase.
  —¡¿Qué?! ¿Miento?
  —Sí —las cejas subidas de la chica indicaban que quería más explicación—. Mira, tal vez me entendiste mal, pero haces caso a todo el mundo antes que a mí.
  —Pero Draco... —era una mentira tan grande que no sabía ni por dónde empezar.
  —Y no es solo el gato, es tu relación con Potter, con Ginny y con Luna y hasta con el jodido Theo. Tus compañeros de trabajo, el gilipollas que nos trae el periódico y... Y... ¡Ay no lo sé! —se sentó frustrado y ella le observó sorprendida.
  —¿Pero cómo puedes estar celoso de todo el mundo?
  —Pues no lo sé, porque sí, porque te quiero y no siempre estoy seguro de mí mismo. Y tú eres lo más jodidamente maravilloso que existe y odio que te acaparen —era una mezcla entre bebé enfurruñado y celos tontos tan absurda que Hermione se tuvo que controlar para no abrazarle—. Y entiendo a tus amigos, porque tu les quieres y vale, no me queda otra, pero joder... Es que es todo el mundo, en el trabajo y en la calle, te miran y yo lo odio. Y luego hasta acaricias al gato cuando estamos en el sofá.. Y a mí no... —hizo un puchero y entonces ella lo entendió todo: no siempre se notaba porque era un experto en aparentar, pero era tan inseguro como ella, o incluso más. Se levantó y le abrazó, a tomar por culo la discusión y llevar razón, era evidente que había mucho más trasfondo.
  —Cariño, ¿confías en mí? —le preguntó mientras le abrazaba y le acariciaba el pelo, como si de un niño de siete años se tratase.
  —Pues claro —la respuesta salió de su boca tan rápido que Hermione sonrió.
  —¿Y entonces de dónde salen estos celos? Mis amigos son muy importantes para mí, son mi familia, es una relación muy distinta que la que tengo contigo. Y los demás... Cariño, no puedo controlar el resto de personas pero jamás haría nada.
  —Si ya lo sé... —miró al suelo mientras se rascaba la nuca. Ella le tomó de las mejillas para que se centrase.
  —Draco, te quiero, estoy enamorada de ti, vivimos juntos, tengo la esperanza de casarme algún día contigo... Y nada ni nadie, ni siquiera el mensajero gilipollas, va a hacer que eso cambie —su mirada gris estaba ligeramente atormentada—. Mira, te entiendo, de verdad que sí. Yo también me enfado cuando gracias a tu carisma le vas dejando la ropa interior a la gente a la altura de los zapatos —él intentó hablar para defenderse pero ella no le dejó—, pero sé que me quieres y que jamás harías nada que me pudiese dañar —le abrazó de nuevo, esta vez menos maternalmente—. Y por supuesto que si quieres te rasco detrás de las orejas cuando estemos solos, como a Crooshanks —añadió que con una sonrisa. Él se rió bajito.
  —Lo siento, soy un crío. Nada de esto tiene sentido —murmuró mirándola avergonzado. Ella sonrió cariñosamente.
  —Eres un poco tonto, la verdad —él subió una ceja pero Hermione le robó un rápido beso—. Yo también lo siento, debí suponer que algo no iba bien, no eres un celoso compulsivo.
  —Joder, vaya gilipollez de discusión, y hemos estado un día sin hablar. No dormía tan mal desde... Pues desde hacía años —el Draco de siempre volvió a aparece y ya la tenía abrazada contra su pecho. Ella suspiró y el olor de su novio la envolvió.
  —Yo lo he pasado realmente mal. Especialmente esta mañana, me he despertado con la idea de girarme y encontrarme a mi novio y había un enorme hueco en la cama.
  —Y un gato —añadió él.
  —¿Qué?
  —A Crooshanks le gusta dormir en mi lado de la cama —notó su mirada de burla y se sonrojó ligeramente—. ¡¿Qué?! Será tu gato pero yo también le quiero —protestó. Ella volvió a besarle. Le sorprendía como cada día podía hacer que se enamorase más de él.
  —Anda, salgamos de aquí, tengo ganas de pasarme mil horas en el sofá o en la cama agarrada a ti como un koala... Un día sin tus abrazos y ya los echo de menos —y tirando de su mano se dirigió a la puerta.
  —¿Sabes que después de las peleas, que por cierto esta ha sido la primera, vienen las reconciliaciones? —dijo Draco sugerentemente.
  —Cállate Malfoy, que me distraes. Y abre la puerta —ordenó Hermione, sonriendo por la propuesta indecente.
  —Sí, señora —obedeció y la besó en la frente antes de volverse hacia la puerta—. Oye, pero está cerrada y Potter dijo...
  —Bah, Harry se creerá bueno en hechizos pero le damos mil vueltas, y más los dos juntos —y con una sonrisa de suficiencia, que no tenía nada que envidiar a la de Draco y en la que este se vio reflejado, salió de allí arrastrando a su novio tras ella.

Dramione One ShotsHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora