Compañeros

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    Compañeros. Eso eran a ojos de todas las demás personas de Hogwarts, compañeros. Habían dejado de ser enemigos hacía mucho, porque después de la guerra todo había cambiado, y dada su buena relación, aunque nadie se atrevería a afirmar que eran amigos, sí que hablarían sin problema de qye eran compañeros. Claro que eso afirmarían los demás, porque dentro de la torre de Premios Anuales, lugar que ambos compartían, la cosa cambiaba.

  En su torre, Draco se había convertido en su mejor amigo, en ese momento todas sus tareas las hacía con él, reía y bromeaba con él, le había contado sus confidencias y había escuchado las suyas, en resumen, le daba bastante igual que ni Harry, ni Ron y, a decir verdad, ni Ginny, estuviesen de acuerdo con ella. Llevarse bien con Draco Malfoy era lo mejor que le había pasado en la vida, había podido comprobar que al igual que los libros, no hay que juzgar a la gente por su portada.
  Mejores amigos, esa era la definición que ella hacía. Bueno, esa era la definición que ella hacía antes, porque desde hacía unas semanas, Draco y ella hacían algo más que ser mejores amigos.

  Todo había comenzado una tarde en la que, tras una divertida pelea de almohadas en la que habían acabado despeinados, él la había besado. Y ella le había besado a él. Y al día siguiente sintió un poco de vergüenza porque no sabía cómo reaccionar, pero volvieron a besarse. Y al día siguiente, y al otro. Y poco a poco los besos se habían intensificado hasta el punto de que habían estado al borde de acabar en la cama varias veces, y si no lo habían hecho no había sido por falta de ganas por su parte, es que Draco siempre decía que debían parar y ella le daba la razón rápidamente, porque cuando estaba con él no era capaz de pensar, solo se dejaba llevar por sus besos y caricias. Para rematar toda esta complicación a su supuesta relación de compañerismo, últimamente le había dado por salir de su cama todas las noches e ir en busca de Draco para dormir con él. Se había acostumbrado demasiado a dormir en sus brazos desde que un día en el que las pesadillas de ella habían sido muy intensas él había ido a consolarla y habían dormido juntos.

  En resumen, se suponía que eran compañeros y se trataban como mejores amigos pero se besaban y dormían juntos. Todo esto hacía que Hermione quisiese aclarar la situación. Y esa fue su intención aquel sábado. Ese día salía de su habitación y al girar en la esquina que daba a las escaleras, se chocó con Draco.
  —¡Ah! ¡Qué susto, Draco! —Se llevó una mano al corazón.
  —Hola, leoncita —susurró mientras se acercaba para besarla. Ella correspondió gustosa al principio, pero conforme él la pegó a la pared y el beso se intensificó, Hermione buscó su lado racional en el lugar en el que este se escondía cuando Draco y ella se besaban, y lo sacó a relucir.
  —Draco, Draco... —dijo separándose, porque si no era incapaz de pensar.
  —¿Qué pasa? —se resignó y se forzó a dejar de mirar sus labios, en los cuales estaba muy a gusto, y se limitó a mirarla a los ojos. Ella casi maldijo su suerte cuando él enfocó su mirada el sus ojos porque le gustaban tanto que se perdía observándolos.
  —No podemos... Tenemos... Tenemos tarea de encantamientos y...
  —Pero Hermione —acarició su mejilla con la mano izquierda—, hoy es sábado... —se acercó y comenzó a besar su cuello mientras posicionaba las manos en su cintura. Ella emitió un gemido cuando los labios de él entraron en contacto con su clavícula.
  —Espera, Draco... —se esforzó para poder hablar y él suspiró pero se separó ya con una mirada seria.
  —¿Qué pasa? ¿Va todo bien? —dejó de tener tantas ganas de besarla y, en su lugar, sus facciones denotaron que le preocupaba su reticencia.
  Al relajar un poco el ambiente, la Hermione que la poseía si besaba a Draco fue expulsada, dando paso a su versión curiosa y preocupada por el chico.
  —Eso digo yo, ¿qué te pasa? —acarició su mejilla mientras su ceño se fruncía en señal de preocupación—. Pareces triste —era verdad, él tenía un deje melancólico que trataba de ocultar, por eso había llegado y la había besado, ella era lo único que alegraba su vida.
  —Joder, Granger, me conoces bien —suspiró con media sonrisa triste y se paso la mano por el pelo angustiado.
—Malfoy, llevamos siendo compañeros mucho tiempo y... Bueno, te conozco —no se atrevió a decir que conocía todas sus muecas y caras, que sería capaz de saber si estaba mal solo por como sonase un suspiro y que era capaz de distinguir un millón de brillos diferentes en sus ojos. No lo dijo porque admitir eso en voz alta era afirmar que se pasaba la vida mirándole y adorándole de lo enamoradísima que estaba.
  —Yo también te conozco a ti, Hermione —remarcó su nombre y se acercó de nuevo dejando prácticamente nariz con nariz—, y sé que mientes —su sonrisilla pícara de siempre hizo su estelar aparición. Hermione tragó con dificultad, esa sonrisa podía conseguir dejarle las bragas en Plutón—. Para empezar mientes diciendo que hay que hacer los deberes, porque estás deseando que nos volvamos a besar —se pegó a ella y atrapó sus labios lentamente. Hermione al principio trató de no reaccionar, pero el lado racional huyó y tenía tantas ganas de besarle que se rindió e intentó responder al beso, pero entonces él se separó, sonriente al notar que la lengua de ella también buscaba acción, y dejó sus manos a ambos lados de su cabeza mientras se pasaba la lengua por los labios y su mirada, totalmente enfocada en ella, se oscurecía—. Además mientes con lo de compañeros. No lo somos, Hermione, no somos compañeros. Los compañeros no se besan —la besó de nuevo, esta vez no fue lento, fue salvaje, pero volvió a separarse antes de que ella pudiese responder—, ni se tocan así —acarició su costado por debajo del uniforme haciendo que Hermione jadease—, ni tampoco hacen esto —desabotonó el primer botón su camisa y fue repartiendo besos por su cuello hasta su clavícula.
  —Ah... Draco... —balbuceó abandonando cualquier resquicio de ganad de detenerle, ya que estaba totalmente perdida y deseando que él besase lo que quisiese.
  —Los compañeros no duermen en la misma cama —regresó a su cara y ella permanecía con los ojos cerrados y la respiración alterada— y mucho menos se conocen como te conozco yo a ti —abrió los ojos y se encontró con los suyos, grises, hipnóticos, que la miraban fijamente—. Así que el hecho de que me conozcas bien, no es porque seamos compañeros —estaban muy cerca, solo con haber estirado un poco el cuello se habrían besado, pero se quedaron ahí.
  —No es porque seamos compañeros —le dio la razón mientras su vista se centraba en sus labios, deseosa de volver a besarle.
  —No lo somos —le acarició la nariz con la suya.

  Lentamente Draco la volvió a besar y presa de un deseo incontrolable, la chica respondió con verdadera pasión. La reacción del chico fue proporcional y en unos segundos Hermione ya trataba de subirse la camisa. Al ver el intento, él desabotonó algunos botones más con la intención de quitársela con mayor facilidad, pero entonces ella le paró.
  —Espera, Draco, para un momento —jadeó con esfuerzo.
  —¿Qué ocurre? —acarició su mejilla suavemente, alterado por si algo iba mal.
  —Estabas triste, quiero saber por qué —ahí estaba, la Hermione curiosa y preocupada luchando y superando cualquier otra faceta suya.
  —No pasa nada —bufó molesto por la interrupción, solo quería perderse en sus besos. Al ver las formas en las que había hablado suavizó el tono—, lo siento Hermione, en serio que no es nada, tranquila.
  —Si hace que estés triste es porque es importante para ti, y entonces también me importa a mí —le puso una mano en la mejilla y le miró a los ojos.
  —Es solo que... Bueno, que estoy harto de pasar por un pasillo y que todos me miren con miedo y asco. Solo es eso, frustración —repuso pasándose la mano por la cara.
  —Son idiotas —respondió ella abrazándole—, no les hagas ni caso, por favor —se miraron y una suave sonrisa se formó en sus rostros. Volvieron a besarse suavemente y en breve habían vuelto a la posición anterior, con la camisa de Hermione prácticamente desabrochada y devorándose el uno al otro, entonces ella volvió a frenarle poniendo una mano entre sus bocas.
  —¿Qué pasa ahora? —de verdad que tanta pausa iba a matarle—. Te juro que estoy bien, siempre lo estoy cuando estás tú —se excusó en cuanto la mano de Hermione volvió a cortar el acceso a su boca.
  —No es eso, es solo que... Bueno, esto que hacemos no es muy convencional entre compañeros y...
  —Ya te he dicho que no somos compañeros —dijo suavemente.
  —¿Y entonces qué somos, compañeros especiales? —preguntó ella soltando por fin el aire que llevaba reteniendo lo que habían parecido siglos. Quería besarle hasta olvidar su nombre pero no podía hacerlo, antes tenía que saber qué eran.
  —¿Compañeros especiales? —repitió divertido.
  —¡Draco! —se sonrojó por el tono con el que lo había dicho.
  —Mira, Hermione —se puso serio para que ella no creyese que se burlaba—, no somos compañeros, ni siquiera somos amigos y no, ni compañeros especiales ni amigos que se acuestan, ni nada parecido —cortó viendo que ella iba a hablar—. Somos mucho más que eso. Porque aunque lo que más desee en este momento sea terminar de quitarte la ropa —acarició su mejilla con los dedos y se mordió el labio mientras hablaba haciendo que ella ahogase un suspiro—, además, eres mi mejor amiga—miró brevemente hacia abajo, como preparándose para lo que iba a hacer y cuando su mirada volvió a subir, el gris de su iris reflejaba que los nervios le carcomían, enredó un dedo en uno de sus castaños bucles y jugó con su pelo antes de volver a mirarla a los ojos—. Hermione, yo estoy enamorado de ti —soltó al final. Su seriedad contrastaba con la cara de Hermione. En su cara había ido apareciendo una sonrisa enorme, despacio, pero tan grande que de no ser por las orejas le habría dado la vuelta a la cabeza, y por respuesta le besó con fervor. Ya estaban de nuevo sus lenguas danzando al compás cuando él detuvo el beso—. ¿Esto qué significa? —preguntó, llevando puesta la sonrisa que hacía que Hermione perdiese la ropa interior.
  —¿En serio me lo preguntas, Malfoy? —subió una ceja en un ademán que perfectamente podría haber sido hecho por Draco.
  —Dilo —pidió mientras su mano volvía a acariciar la cintura de la chica lentamente y ella boqueaba al notarlo.
  —Yo también —contestó a sabiendas de que eso no era lo único que él quería escuchar. En sus ojos grises se reflejó un brillo malicioso y ella aprovechó para meter también las manos bajo la camisa de él.
  —Dilo todo —el sonido, a causa del recorrido que trazaban las manos de la chica, salió más gutural que los anteriores, y eso hizo que Hermione se alterase demasiado.
  —Draco, yo también estoy enamorada de ti —pronunció cada palabra lentamente, paladeándola, sabiendo que esas palabras, probablemente, serían las últimas que dijese usando el razonamiento. Él cerró los ojos al escucharla y cuando volvió a abrirlos ya no quedaba nastro de los nervios anteriores, la lujuria se había apoderado de ellos.
  —Oh, Hermione... —exhaló mientras la besaba con frenesí.
  En cuanto dejó su boca comenzó a besar su cuello, intentando terminar de zanjar la cuestión.
  —Señor Malfoy, ¿estas palabras significan lo que yo creo que significan? —preguntó mientras sus manos desabrochaban los botones de su camisa y subían y bajaban por su torso entrando ligeramente en sus pantalones, haciendo que él se retorciese.
  —Significan que yo te quiero, que tú me quieres y que podemos ser novios y todo lo que te apetezca pero ahora creo que hay algo mucho más imperante que debemos hacer —se pegó por completo y Hermione notó que ella no era la única excitada.
  —Estoy de acuerdo contigo —dijo en un jadeo. No había terminado de pronunciar estas palabras y Draco ya la había cogido como a un koala y entraba con ella en su habitación sin dejar de besarla.
  —Pues vamos a oficializar la relación —pronunció en su oído con una sonrisa antes de cerrar la puerta con el pie.

Dramione One ShotsHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora