Estaba harto, la presión de tener que matar a Dumbledore, de aparentar una vida normal en Hogwarts, de soportar las exigencias de su tía y su padre... No podía con todo eso si constantemente estaba pensando en cómo decirle a Hermione que estaba enamorado de ella. No era capaz de pensar con claridad, cuando tenía que estar con el armario evanescente cometía errores por estar pensando en ella, soñaba con ella hasta incluso haber estado a punto de que le pillasen sus compañeros de Slytherin y se había sorprendido a sí mismo pensando en la chica mientras recibía órdenes de su padre. En resumen: estaba jodido.
Y lo estaba por diversos motivos: se había enamorado como un idiota de una Gryffindor, hija de muggles, amiga de Harry Potter, y a la que supuestamente odiaba. No sabía si existía alguna categoría más que fuese opuesta a él pero si la había estaba seguro de que Hermione la cumpliría. Y si hubiese sido algo platónico, que ella le hubiese seguido odiando, pues se habría tenido que aguantar, pero resultó que no, que desde que habían hecho las paces se llevaban muy bien.
—¡Por Morgana! Qué jodido desastre... —gritó molesto cuando una voluta de humos salió del dichoso armario.
¿Tan difícil era que ella dejase de pasearse por su mente?
Cerró los ojos y suspiró. Era tarde y llevaba muchas horas sin dormir. Se frotó la cara y se levantó, ya seguiría arreglando el armario al día siguiente.
Salió de la Sala de los Menesteres y paseó hacia su habitación, pero, antes de entraren su sala común, cambió de idea, necesitaba aire fresco.
Salió a los jardines y paseó hasta el lago, estaba precioso en esa época del año. Tuvo la intención de sentarse en su orilla pero entonces la vio, sentada como él iba a hacer, mierando hacia el cielo.
—Son bonitas, ¿verdad? —suspiró al oírle llegar.
—¿Las estrellas? Sí, son increíbles —se sentó junto a ella—. Me parece fascinante el hecho de que no caigan a ningún sitio.
—La gravedad... —murmuró.
—Tengo que hablar contigo —musitó nervioso.
—¿Qué pasa? —se volvió hacia él y el chico apoyó la mano sobre la suya. Hermione se quedó petrificada mirándole.
—Te voy a decir algo que no te va a gustar nada —susurró.
—Me estás asustando, Draco —dijo con un hilo de voz.
—Llevamos mucho tiempo siendo amigos y... —respiró hondo y fue subiendo lentamente la manga de su chaqueta y de su camisa.
—Oh no... —susurró ella con horror al ver la Marca Tenebrosa en su brazo.
—Lo siento mucho, Hermione, de verdad, lo siento muchísimo, no tenía opción, tengo que salvar a mi madre —se apresuró a explicar desesperado. Hermione estaba estática, mirándole de manera errática mientras una lágrima se deslizó por su cara.
—Eres un mortífago... —susurró. Él cerro los ojos y asintió sabiendo que nunca le iba a perdonar.
—Dios mío, Draco, eres un mortífago —se puso de pie con los puños cerrados y totalmente destrozada por la noticia.
—Sí, pero no porque yo quiera serlo, necesito... —se levantó junto a ella.
—No deberías estar hablando conmigo —su voz sonó robótica.
—¿Qué...? —preguntó Draco estupefacto.
—¡Que no me hables! ¡Soy una sangre sucia! —chilló desesperada.
—¡Sabes que yo no pienso eso! —su agonía en la voz era notable.
—¿De verdad? —preguntó apretando los dientes.
—¿Qué? —preguntó él descolocado.
—¿Piensas eso de verdad? ¿O es otra mentira?
—¿¡Cuándo te he mentido!? —preguntó Draco furioso.
—No lo sé... —intentaba que todo aquello no la afectase tanto pero era incapaz—. Todo el año, por ejemplo, cada vez que te preguntaba cómo estabas y tú omitías que eres un ¡jodido mortífago! —nunca se había sentido tan traicionada como en ese momento.
—¡NO SABÍA COMO DECÍRTELO! —gritó. Ambos se quedaron en silencio unos segundos—. No creo en las ideas de mi padre, no quiero ser un mortífago —se acercó a Hermione pero ella retrocedió.
—Sinceramente, no sé si creerte —no dejaban de caer las lágrimas por su rostro.
—¿Crees que no me gusta estar aquí contigo? ¿Crees que si salieras corriendo ahora mismo no te perseguiría? —preguntó mientras también le caían las lágrimas por la cara.
—¿Lo harías? —preguntó con miedo, sabiendo que podían cruzar una barrera de la que ya no habría vuelta atrás.
—¡Sabes que sí! —gritó sabiendo que no iba a poder contenerse mucho más—. Y, sinceramente, no entiendo por qué es un problema.
—¿Qué no lo entiendes? —siseó—. ¿Que no entiendes por qué es un problema? —rió irónica y le atravesó con la mirada—. Pues sí, Draco, sí es un problema. Y uno muy grande.
—Pero...
—¡Es un jodido problema porque yo te dejaría! Es un problema porque... Porque... ¡Porque quiero que lo hagas! —confesó—. Es un problema porque quiero que me persigas y tú eres un mortífago y yo soy una sangre sucia, porque soy amiga de Harry y tú trabajas para Voldemort... ¡Joder, Draco! —se exasperó—. Es un terrible problema porque tú y yo estamos en bandos distintos y yo... —no pudo hablar más y negando con la cabeza intento irse, pero él pasó el brazo derecho por su cintura y la detuvo.
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Dramione One Shots
FanfictionBreves historias sobre Dramione. La autoría es completamente de JK Rowling, yo únicamente uso sus personajes y su universo para un fin lúdico. Portada por: captbexx. Créditos a los dueños de las imágenes (especialmente a Upthehillart). Para que no...
