Besos en la cabeza

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  Draco nunca había sido de relaciones, se limitaba a buscar compañía durante algunas noches, algo meramente físico y sin ningún tipo de implicación sentimental. Aun así, sí que había tenido algunas novias: primero estuvo con Daphne Greengrass, comenzaron a salir durante las vacaciones de verano cuando tenían 13 años, nada serio, y que cuando empezaron cuarto se terminó porque Draco descubrió que ella le engañaba con Tracey Davis, una compañera suya de cuarto. Si bien se quedó bastante en shock por ello, no le dio mucha importancia porque él la había engañado también al encontrarse con Pansy Parkinson en una cena familiar. A partir de entonces se dedicó a vivir su vida sexual de una manera poco discreta y por todo Hogwarts se corrió el rumor de que era el terror de las chicas.

  Durante ese año no tuvo nada tan serio como lo de Daphne porque con tantos alumnos de otros colegios literalmente no tenía tiempo de compaginar las clases, los líos en los que se metía con Theo y Blaise y las chicas, de cualquiera de los tres colegios, con las que se acostaba.
  La siguiente relación medianamente seria la tuvo con Pansy. Ella había sido tan pesada que, por no aguantarla más, cedió. Duró exactamente dos semanas porque descubrió que Zabini estaba enamorado de ella y no pensaba andar jodiendo a su amigo.
  Mantuvo su fama de ligón hasta cuando salía con Astoria Greengrass, cosa que duró muy poco porque él la trataba como a una niña y le preocupaba que se enterase de algo de su misión y hablase de más.

  Muchas conquistas, alguna que otra novia y a saber qué más cosas que habría hecho estando borracho en alguna fiesta de Slytherin o de las que celebraba Blaise en verano. En resumen: una vida social, sexual y sentimental amplia y activa. Sin embargo, a pesar de todo eso, sus sentimientos hacia todas esas chicas se habían limitado a la atracción física y como mucho a algo similar a la amistad.

  Pero todo eso cambió radicalmente después de la guerra. Con la liberación y el fin de los prejuicios él no tenía por qué seguir fingiendo cosas que no eran y por primera vez en toda su vida conoció a alguien con la que sus intenciones fueron mucho más allá del sexo, por primera vez se había enamorado de verdad. Y no se enamoró de alguien esperado, no, su corazón decidió hacerlo de la mismísima Hermione Granger.

  Descubrió varias cosas con ese hecho: la primera fue que la gente cuando está enamorada hace las mayores tonterías que uno pudiese imaginar. Él, por ejemplo, parecía idiota cuando la miraba y se interesó por temas que antes le daban igual, como la P.E.D.D.O. Otra cosa que descubrió fue que había vivido toda su vida en un claro caso de 'los árboles no te dejan ver el bosque', ya que juzgaba por cosas superficiales y estúpidas en lugar de lo que de verdad importaba. Además comprobó que no conseguir que la chica que quieres se fije en ti era terrible y no llevaba nada bien el rechazo. No mucho tiempo después comprobó que el amor correspondido era mucho más satisfactorio de lo que nunca hubiese imaginado y que besar a alguien a quien querías de verdad era mejor que cualquier relación, del tipo que fuese, con otra persona.

  Hermione le quería, no sabía cómo ni por qué, pero le quería. Conocía más de él que él mismo así que Draco opinaba que tenía mucho mérito que aun así siguiese siendo su novia. No podía evitar sentirse poca cosa: ella era maravillosa en todos los aspectos y él un chico que no había sabido elegir y que era realmente un paria de la sociedad. Pero ella le quería. Ese era su mantra, lo que se repetía siempre.

  No le fue difícil demostrarle que la amaba porque con ella todo salía fluido, nunca había sido tan cariñoso con nadie pero es que no había ni un solo momento en todo el día en el que no quisiese abrazarla.
  De lo que él no era consciente era de que hacía una cosa, prácticamente de forma involuntaria, que tenía a Hermione totalmente enamorada: los besos en la cabeza.
  Para ella no había absolutamente nada tan maravilloso como los besos en la cabeza. Y para su alegría Draco siempre lo hacía, antes de abrazarla besaba su frente, su sien o su coronilla y ella no podía evitar que una sonrisa tonta se instalase en su cara.

  Aquel día era especial. Ella había tenido que viajar por trabajo a Irlanda al modo muggle para detectar si había alguna criatura implicada en unos problemas del funcionamiento del aeropuerto. Por ese motivo había pasado la noche fuera y a las diez de la mañana llegaba a Londres de nuevo y Draco iba a ir a recogerla. Tenía tantas ganas de ver a su novio que se había pasado todo el viaje pensando en su vuelta e incluso le había prácticamente obligado a llamarla a pesar de únicamente haber sido un día. Salió del avión con una sonrisilla tonta y unos nervios en el estómago que, por mucho tiempo que llevase con él, no desaparecían. Nunca había sentido por nadie lo que sentía por Draco.
  Llegó al control y entregó su pasaporte.
  —Bienvenida a Londres de nuevo, señorita Granger —dijo el guardia devolviéndoselo.
  —Gracias —salió de la zona de embarque y se dirigió a por su pequeña maleta. La visualizó rápidamente y la cogió, después recorrió unos pocos metros sin dejar de buscar a Draco con la mirada, tenía que estar en algún sitio. Se quedó en mitad del aeropuerto, absorta, buscándole, y de repente unas manos cubrieron sus ojos.
  —Hola... —ella se volvió y se encontró con Draco, que sonreía contento.
  —¡Draco! —se abrazó a su cuello y él la levantó unos centímetros del suelo.
  —¿Qué tal el vuelo? —la dejó en el suelo y besó su sien.
  —Bien —contestó antes de meter la cara en su cuello—. Te echaba de menos —se separó y se besaron.
  —Si solo ha sido un día... —tendió el brazo y una vez que ella se agarró, cogió su maleta para después echar a andar en dirección a la parada de taxis.
  —Da igual, te echaba de menos igualmente.
  —Y además hablamos anoche —se rió.
  —Ay, déjame —le golpeó flojito en el brazo y él se volvió a besar su frente. No sabía por qué pero estar con Draco podía hacer que se sintiese grande y poderosa y al segundo parecer una niña pequeña avergonzada porque era incapaz de ocultar lo enamorada que estaba—. ¿Qué tal tú?
  —¿La noche que he pasado solo? Pues todo bien, sigo vivo —bromeó ganándose otro golpe en el brazo, esta vez algo más fuerte—. ¡Oye! Esto es maltrato —se quejó fingiendo una cara dramática de dolor.
  —Te está bien empleado por no echarme de menos ni un poquito —y después de decir esto se metió en el primer taxi que vio.
  Draco tardó dos segundos en, con una sonrisa divertida, acercarse al maletero a meter la pequeña maleta de Hermione y a dar la vuelta al coche para sentarse junto a ella.
  —Buenos días, señores —saludó el taxista, un hombre mayor con el pelo gris y una sonrisa agradable.
  —Buenos días, vamos a la calle Charing Cross —indicó Hermione.
  —En seguida —y sin decir más puso rumbo a la calle en la que, aunque el conductor no lo supiese, estaba El Caldero Chorreante.
  No pasaron ni veinte segundos y Hermione ya se había abrazado a Draco.
  —¿Te he dicho ya que te he echado mucho de menos? —preguntó. Él la abrazó con más fuerza.
  —Unas cuantas veces, pero nunca me cansaré de escucharlo —fue a besar su cabeza pero ella se giró y le besó en los labios.

  Y así, con la chica abrazada a él todo lo que el cinturón de seguridad permitía, recorrieron la ciudad en taxi hasta El caldero chorreante.
  Cuando esa noche llegaron a su apartamento, Hermione había perdido la cuenta del número de besos en la cabeza que Draco le había dado pero no había nada sobre la faz de la Tierra que la hiciese sentir mejor que eso.

Dramione One ShotsHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora