Estaban casados, por fin, se había casado con la mujer de su vida. Estaba tan feliz que no podía dejar de mirar a Hermione mientras acariciaba con el pulgar la alianza que ahora portaba en su dedo anular.
Ambos estaban en el carruaje que les llevaba hasta el salón donde se iba a celebrar la cena y el baile. Ella estaba contándole algo pero él realmente no la estaba escuchando porque solo podía pensar en lo muchísimo que la quería.
—Eres jodidamente perfecta —murmuró interrumpiéndola. Hermione se calló mientras se sonrojaba—. De verdad que sí. Merlín santo, si es que te quiero tanto que no puedo ni pensar en otra cosa —hablaba sin pensar en lo que decía, se había dejado la lógica en la despedida de soltero.
—Draco... —dijo dando una risita.
—No te pongas nerviosa, lo digo porque lo siento —murmuró.
—Lo sé, es solo que me da vergüenza que me digas estas cosas pero me hace feliz —tomó su mano izquierda, justo en la que su alianza no dejaba de girar.
—¿Sabes qué me hace feliz a mí? Llegar a casa y que seas tú quién abra la puerta —contestó sin esperar a que ella respondiese—. Tirarme contigo en el sofá para que me cuentes tu día, que escuches el mío y nos bombardeemos a preguntas —Hermione le miró con intensidad, los ojos de Draco no la miraban, apuntaban en su dirección pero estaban perdidos recordando—. Hacer la cena hablando de las noticias de El Profeta aunque no sepas cocinar y no nos guste leer ese periódico. Que pongas una de esas películas muggles y que nos quedemos dormidos a la mitad, que te abraces a mi cintura si tienes frío y respirar tu cuello para eliminar las voces de mis pesadillas —Draco tragó antes de seguir—. Despertarme y ver tu sonrisa y saber que da igual lo que me espere fuera porque sé que eso me dará paz. Pasar por detrás de ti en el espejo cuando te lavas los dientes, tirarte de la toalla para hacerte de rabiar, asustarte en el pasillo y que me llames idiota y quedarme embobado viéndote hacer cualquier cosa como si no hubiera nada mejor en el mundo que tú carita de concentración —ella sonrió sin dejar de mirarle—. Me hace feliz pasear por el parque contigo del brazo, besarte en el ascensor, abrazarte por la espalda cuando llores y oírte suspirar en mi pecho cuando me abrazas fuerte, dejándome sin aire. Me hace feliz recordarte que te quiero te pongas como te pongas y más cuando estás de malas; escribirte notas y que tú las encuentres con una sonrisa en la cara, contarte diez chistes y cantarte veinte canciones, conquistar esa isla, escucharte contar la misma historia tres, treinta, trescientas veces porque no me canso nunca de tu voz. Me hace muy feliz que seas el último tren, todas las estrellas fugaces de la madrugada y cada uno de los deseos que lleven cosido a la espalda; crecer pegado a ti, aprendiendo a ver la vida como solo tú puedes verla: con esos ojos de niña inocente que aún cree en mí, esa niña que siempre tiene preparada esa sonrisa para escucharme pedir perdón y ese beso para hacerme entender que todo está bien. Me hace feliz que seas el refugio cuando arranca la tormenta, mi guerrera cuando no tengo fuerzas para pelear, la mano que comienza al terminar la mía y que me empuja a seguir caminando una vez más. Me hace feliz que sigas prometiéndome que todo va a ir bien, que siempre lo vamos a arreglar si se rompe y que no vas a dejar que me vaya porque sin mí también te cuesta, porque me necesitas. Y que sigas cumpliendo todas esas pronesas y las nuevas que se nos ocurran. Y que ahora que somos todo lo que soñé que seríamos, me hace feliz y quiero que sigas siendo tú, que nunca dejes de ser tú, pero conmigo, sin fecha de caducidad, sin forzarlo, sin pedirlo y con todas las ganas que nos quepan en los bolsillos —por primera vez desde que había empezado a hablar la miró a los ojos, totalmente empañados a esas alturas—. En definitiva —susurró—, tú me haces feliz, y no puedo estar más radiante por haberme casado contigo.
Hermione se echó para abrazarle y enterró la cara en su cuello.
—¿Cómo es posible que me hayas hecho llorar en la ceremonia y tengas la poca vergüenza de hacerme llorar de nuevo? —protestó con la cara apretada en su esmoquin. Él acarició su espalda.
—Te quiero, Hermione —hubiese besado su cabeza pero no quería estropear su peinado, así simplemente la abrazó un poco más fuerte.
—Hazlo, por favor —pidió ella.
—¿El qué?
—El beso en la cabeza —susurró respirando despacio, dejando que su olor la envolviese.
—Te voy a despeinar —advirtió separándose un poco.
—Me da igual —él sonrió y presionó los labios en su frente.
—Te quiero mucho —murmuró posicionándose mejor en su regazo y pasando las manos por detrás de su cuello.
—Ven aquí —y la besó despacio, siendo ese uno de lo primeros besos que se daban como marido y mujer.
Siguieron besándose despacio, con calma, sin prisa porque ahora tenían toda la vida para hacerlo, porque ya nadie iba a protestar porque se quisiesen.
—¿Sabes las tres cosas que más ganas tengo de hacer contigo hoy? —preguntó sin separarse de él, usando el oxígeno que la respiración de Draco expulsaba.
—¿El qué? —comenzó a acariciar rítmicamente su hombro y cualquier zona que el vestido dejase al descubierto.
—La primera besarte —respondió metiendo las manos en su pelo e intensificando el beso.
—Bueno, creo que eso ya lo estamos haciendo —dijo él riendo. Su risa se le contagió a Hermione y ambos reían, muy juntos, con las caras pegadas.
—La segunda bailar —susurró mordiéndose el labio.
—Pero si no te gusta bailar —se sorprendió Draco.
—No es que no me guste, es que se me da muy mal. Pero bailar contigo es una de las cosas que más me gusta hacer —le volvió a besar y él sonrió en su boca.
—A mí también me gusta bailar contigo —intercalaban palabras y besos, sonrisas y suspiros, calma mezclada con intensidad—. Y no bailas mal, no sé de dónde has sacado eso —volvió a besarla despacio moviendo las manos en círculos por su espalda, bajo la tela del vestido.
En ese momento carruaje se detuvo y Draco comprobó la hora en su reloj de bolsillo.
—Ya hemos llegado —dijo Hermione bajándose de sus piernas—. Por favor, baja tú primero, que no me quiero matar con el vestido —Draco dio un salto y se bajó del carruaje. Después estiró el brazo para que ella se agarrase.
—Milady —hizo una reverencia y ambos volvieron a reír.
—Estás tontísimo —dijo abrazándose a él mientras comenzaban a caminar por un caminito en dirección al salón donde esperaban ya los invitados.
—Pero me quieres.
—Sí que lo hago —él dejó de andar un momento para besarla.
—Gracias por casarte conmigo —murmuró entrelazando sus manos y besando su frente. Hermione sonrió.
—Gracias por convertirme en la señora Malfoy —contestó.
Ambos entraron en el edificio y todo el mundo les aplaudió y vitoreó.
—¡Vivan los novios! —se oyó gritar a Ginny.
—¡Vivan! —corearon todos.
Fueron mesa por mesa siendo felicitados por todos y haciéndose fotos con los invitados. Después se sentaron a cenar. Tras un brindis por parte de Theo que hizo reír a todos, tres gritos generalizados pidiendo que se besaran y una copiosa cena, una hora más tarde de haber llegado al recinto todos terminaban de cenar y pasaban al salón del baile.
—¿Me concedes este baile, señora Malfoy? —preguntó tomando su mano.
—Sí, señor Malfoy —respondió divertida.
—Nuestro primer baile como marido y mujer —susurró Draco en su oído mientras ponía la mano en su cadera listo para que la música sonase.
—Llevaba todo el día esperando esto —respondió Hermione. La música empezó a sonar y ambos comenzaron a desplazarse al son del vals que la pequeña orquesta tocaba.
No podían apartar la vista del otro, estaban demasiado absortos observándose. De no haber sido así, se habrían dado cuenta de que el salón brillaba, que las lámparas de araña doradas refulgaban mientras pequeños brillos mágicos se movían por la estancia como ingrávidos copos de oro. De no haber estado pensando únicamente en la persona que tenían delante quizá se habrían percatado de que todo el mundo les observaba con una sonrisa en la cara, se habrían dado cuenta de que Narcisa Malfoy y Hans y Jean Granger lloraban a moco tendido y a lo mejor habrían notado que realmente estaban bailando como bailarines profesionales.
Pero no, eso no pasó, porque Draco solo observaba a Hermione y Hermione solo observaba a Draco. Y en ese momento su mundo empezaba y terminaba en la persona que tenían en frente.
—Estás bailando muy bien —susurró él haciéndola girar.
—Tú que sabes llevarme —susurró de vuelta.
—¿Cuál era la tercera cosa? —preguntó Draco recordando lo que le había dicho. Ella sonrió.
—Cuando lleguemos a casa te la cuento, pero ya te adelanto que no vas a necesitar el esmoquin —dijo sugerentemente y Draco dio una carcajada.
—Pues antes de que te quedes sin ropa déjame decirte que estás espectacular —ella sonrió, por mucho tiempo que llevasen juntos seguía sin acostumbrarse a sus cumplidos.
—Tú también estás muy guapo.
Siguieron bailando, perdidos en sus sonrisas, en su mirada, adorándose cada segundo, hasta que la cadencia de la música indicó que el final de la pieza se acercaba y Hermione desplazó ambas manos hasta detrás de su cuello, y él hizo lo mismo sujetándola por la cadera.
Se miraron sonriendo, sin poder remediar esa sonrisilla nerviosa de enamorado y esos ojos brillantes. Y lentamente se besaron, y como el mundo parecía no existir cuando estaban juntos, no escucharon los aplausos de los invitados, ni el gritó de vivan los novios que exclamó Theo, ni como la música cambiaba y más parejas se unían a ellos. En ese momento solo estaban él y ella, ella y él, solos, juntos, porque no necesitaban nada más.
ESTÁS LEYENDO
Dramione One Shots
FanfictionBreves historias sobre Dramione. La autoría es completamente de JK Rowling, yo únicamente uso sus personajes y su universo para un fin lúdico. Portada por: captbexx. Créditos a los dueños de las imágenes (especialmente a Upthehillart). Para que no...
