Sí, quiero

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  Desde el momento en que ella apareció en la puerta él solo pudo mirarla a los ojos. No era capaz de salir de ahí. Eran un refugio, un mástil que le sujetaba, eran su hogar.

  Ella avanzó por el pasillo agarrada a su padre pero Draco solo podía observarla. La chica besó la mejilla de su progenitor y subió al altar junto a él. Noto que ella entrelazaba sus manos y lo agradeció, es más, apretó ligeramente la mano porque se tambaleaba. Supo que la ceremonia comenzaba pero ignoró por completo al ministro, solo la miraba a ella. Pero dónde había estado toda su vida, si parecía que la hubiesen hecho a molde. Que tenía la sensación de conocerla desde hacía siglos y en realidad había sido un rato de su vida y ya no sabía cómo podría despertar sin esos 'buenos días' interminables. Que ella había juntado en una persona todo lo que le atraía y lo había hecho real. Es que por más que rebuscaba para sacar a la luz a sus defectos, cuando aparecían le gustaban tanto o más que sus virtudes, y cada día le sorprendía con algo nuevo que le descolocaba aún más. Ella cogió la alianza que le entregaba Ginny y se la puso a Draco. Él, como un autómata y sin dejar de mirarla, recibió la suya de Theo y la colocó en la mano de Hermione. Vio su sonrisa, esa preciosa sonrisa que le rescataba en mitad de un día gris, le recordaba que siempre había algo bonito en lo que pensar y le hacía imaginar cómo sería un futuro con ella, un futuro que se estaba materializando. Y no podía ser más feliz. Notó las lágrimas picando en sus ojos. Es que esa mujer no se daba cuenta pero era demasiado divina para esos amoríos mortales, y cuando se veía envuelto en su luz, joder, hasta él parecía más grande. Porque era, en definitiva, tan perfecta que le dolía. O al menos era la perfección que él siempre hubiese deseado, aunque nunca hubiese creído merecerla. Es que, madre mía, le llevaba a soplidos, sin forzarle, con la misma suavidad con la que sus manos se paseaban por su espalda cuando se abrazaban, con esa delicadeza con la que le susurraba al oído que se quedase, que no se fuese, que nunca la dejase, sin saber que él se anclaría y no se separaría de ella jamás. Que lo mataba con cada sonrisa, con cada beso, con cada palabra. Que le faltan vidas para vivirla, para respirarla, para adorarla todo lo que quería. Notó que ella hablaba al ver que movía los labios pero no la oyó, sus sentidos estaban anulados, en ese momento solo podía verla, observarla, mirarla como si fuese lo más maravilloso del mundo.

  —¿Draco? —preguntó el Ministro de Magia mirando al novio y consiguiendo que este escuchase.
  —Te quiero —contestó con voz apenas audible mientras sus vidriosos ojos enfocaban fijamente a la novia.
  —No, usted debe decir...
  —Que sí, que sí quiero —pronunció algo más alto.
  —Bien, pues por el poder otorgado por el Ministerio de Magia, son declarados marido y mujer. Pueden besarse.
  Fue Hermione quien se acercó, él no podía moverse, solo estaba ahí parado, observando a su ahora mujer totalmente embobado. Fue ella quien besó primero, con una sonrisa y algunas lágrimas descendiendo por sus mejillas. Draco no pudo reprimir más las suyas y las dejó salir. Se abrazaron y él notó una cálida sensación que invadía su corazón y que solo le dejaba abrazarla con más fuerza y no querer soltarla. Supuso que eso era lo que se llamaba amor.
  Y allí estaban, ante decenas de personas, todos pendientes de ellos, aplaudiendo, vitoreando, pero mientras se besaron, cuando se abrazaron con fuerza y se miraron perdidos en el iris ajeno, solo estaban ellos. Y el resto daba totalmente igual.

Dramione One ShotsHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora