Invierno u otoño

4K 197 18
                                        

  Draco amaba el invierno, era su estación favorita del año. Le gustaba el frío, la sensación de poder ponerse muchas capas de ropa, poder beberse una taza de té o de café caliente en cualquier momento y poder taparse con una manta bajo el calor de un buen fuego. Además consideraba que el paisaje era mil veces más bonito en esa estación del año, con todo nevado y helado y con un maravilloso tono azulado.
  Siempre había sido así, él era invernal y en invierno disfrutaba paseando por cualquier parte, especialmente bajo los árboles, pero la cosa cambió al enamorarse de Hermione. Ella era luz, era la prueba de que lo bueno existía, de que había esperanza para la humanidad. Para alguien tan asqueado de la vida como él, ella suponía el soplo de aire fresco sobre la decadencia del mundo. Y a ella, su ángel, su brújula, la razón que hacía que no perdiese la cabeza, a ella el invierno la apagaba.

  Hermione amaba el otoño, le parecía que era la estación perfecta. Hacía calor pero menos que en verano y hacía frío pero tanto como en invierno. El otoño era como la primavera pero sin el horrible polen que lo envolvía todo y que hacía que se pasase moqueando todo el santo día. Además los colores eran maravillosos, todos en tonalidades cálidas. Realmente adoraba pasear bajo los árboles pisando hojas de millares de colores rojos distintos con ese maravilloso olor a lluvia presente en el ambiente.
  Desde pequeña siempre había amado el otoño, siempre, cuando el resto preferían el verano, ella defendía su rojiza estación. Y así había sido hasta que se enamoró de Draco. Él era de invierno y se notaba, aunque realmente no sabía por qué, el chico se esforzaba por mantener la frialdad e inaccesibilidad creada a lo largo de tantos años aunque ella le conocía y sabía perfectamente que él no era así. Draco era bueno, era cariñoso, no era un cielo gris y frío.

  Así que aquel día, mientras paseaban por el borde del Bosque Prohibido entre la nieve y los árboles, Hermione se agarró a su brazo y pegó la cara a su abrigo.
  —¿Estás bien? —preguntó Draco observando su gesto.
  —Sí, es solo que hace frío —murmuró. Él no dudó ni un momento en desabrocharse la chaqueta y abrazarla.
  —¿Quieres que volvamos? —preguntó apoyándose en su cabeza.
  —No, a ti te gusta pasear en invierno.
  —Sí, pero tú me gustas más. Si tienes frío nos volvemos —afirmó contundente.
  —No te preocupes, puedo aguantar. Quiero que disfrutes de tu estación del año favorita —se sentía muy a gusto en sus brazos.
  —Ya no es mi favorita —ella se separó al escucharle y le miró suspicaz.
  —¿Ah no?
  —No, ahora es el otoño —ella frunció el ceño sorprendida.
  —¿Por qué?
  —Porque en otoño tú brillas y eres más feliz y tu felicidad hace que yo sea feliz. Y en invierno tu luz se apaga, solo un poco, porque lo que viene de serie no se puede eliminar, pero se apaga. Así que prefiero el otoño porque no hay nada a lo que le tenga tanto cariño como para que merezca la pena dejar de ver tu sonrisa —Hermione no pudo evitar emocionarse y le besó con efusividad.
  —¿Oyes las cosas tan bonitas que me dices? —preguntó abrazándole con fuerza.
  —Todo es por ti —contestó con simpleza besando su cabeza.
  —Pero Draco —volvió a separarse para mirarle—, ¿cuándo te has vuelto tan rematadamente cursi? —preguntó picándole.
  —No lo sé, supongo que cuando me enamoré de ti —contestó como quien hablaba del tiempo. Ella, que pretendía hacerle rabiar, se quedó con un palmo de narices.
  —Jo... No vale —se quejó. Él dio una carcajada y la abrazó de nuevo—. Es que me dices estas cosas y luego pretendes que no llore.
  —Lo siento, pero es que tú haces que las palabras fluyan. No puedo decir que mi vida haya ido muy bien y lo cierto es que me he llevado muchos golpes, casi siempre merecidos. Y hay veces que incluso ahora que todo ha pasado oigo como me insultan o lo que llegan a decir de mí y pienso que no lo voy a aguantar más, que esta vez me derrotan, que me rindo. Pero entonces llegas tú, chasqueas los dedos y el mundo deja de aplastarme, entra toda tu luz por la ventana y empiezo a ver las cosas que me empeñaba en ignorar, las que hacen que siga nadando y que no me deje hundir. ¿Soy cursi? Bueno, puede que sí. No con el resto, ya te lo aseguro —ella le miró con los ojos vidriosos y sonrió.
  —Draco...
  —¿Ves? A esto me refería, no puedo evitarlo, no puedo evitar enamorarme de ti cada vez que sonríes así. Y es que no sé qué tiene esta sonrisa que es capaz de comerse el mundo y hacer que a mí me dé hambre. Y mira que me conozco todas tus sonrisas pero hay una, esta, la misma que pones cuando me giro y no te espero y estás ahí, que se podría escuchar mi corazón latiendo tan fuerte como si hubiesemos hecho un hechizo sonorus, que el muy capullo intenta escapar de mi pecho para agarrarse a ti, más o menos como ahora, esa sonrisa. Y entonces me entran unas ganas de abrazarte, de impedir que te alejes más de dos palmos de mí y quiero que me enseñes a ser feliz, tan feliz como solo tú puedes hacerme. Porque si alguien aparece sin que se lo pidas cuando el mundo se empieza a apagar —compuso una sonrisa triste—, o bueno, cuando directamente está totalmente oscuro —puso un mechón de pelo detrás de su oreja—, si alguien llega y es capaz de resucitarlo todo, no sé el resto del mundo pero yo no quiero que ese alguien esté lejos, yo quiero que nunca se aleje —acarició su mejilla secando sus lágrimas—. Así que sí, le pueden dar por culo al invierno, porque si estar en otoño me va a hacer verte sonreír, me tatúo una hoja en el pecho si hace falta —ella dio una risita—. Te quiero Hermione, y no me vale nada más que eso.
  Ella le atrajo con fuerza y le besó, probablemente con más ganas de las que había tenido nunca.
  —Vámonos —dijo cogiendo su mano y poniendo rumbo al castillo.
  —¿Adónde? —preguntó confuso siguiéndola.
  —A hacer una cosa que en invierno sale mejor que en cualquier otra época.
  —¿El qué? —preguntó alcanzándola y abrazándola por la cintura.
  —Que me abraces bajo una manta —lo dijo con tanta determinación que él no pudo evitar reírse.

———————————

  Ambos estaban bajo la manta, abrazados, tumbados en la alfombra junto al fuego de su sala común. Draco la abrazaba y acariciaba su pelo mientras ella cerraba los ojos disfrutando de su latido cardíaco y de su olor. Llevaba puesto el jersey favorito de su novio y que en cuanto lo vio también se había convertido en su favorito.
  —Te quiero —soltó de pronto. No era la primera vez que Hermione se lo decía pero siempre provocaba en él una ola de calidez.
  —Y yo a ti —se incorporó para besarla y después volvió a tumbarse.
  —Muchas gracias.
  —¿Por decirte que te quiero? Es la verdad, yo...
  —Por todo, Draco, por ser tú, por estar aquí conmigo, por todo. Gracias —se apretó más contra él y Draco la abrazó más fuerte.
  —A ti, por existir —Hermione ahogó un sollozo y le golpeó flojito haciendo que él riese.
  —Para de hacerme llorar.

  Se quedaron allí tumbados, en silencio, abrazados, escuchando la respiración del otro.
  —¿Sabes que ahora me gusta el invierno? —dijo ella de repente.
  —¿Ah sí? —se sorprendió Draco.
  —Sí, porque es cuando más me gusta que me abraces.
    —Oh cariño, eres muy ilusa si piensas que eso solo lo voy a hacer en invierno —dio una carcajada y ella se ruborizó.
  —Te quiero —repitió.
  —Lo sé —Hermione se giró sobre él para quedar boca arriba y mirarle.
  —Sé que te lo digo mucho pero es que no puedo evitarlo, en estas ocasiones solo sé que te quiero.
  —Me gusta que lo hagas pero... —la besó despacio, recreándose, aprovechando cada segundo por si acaso en cualquier momento ella desaparecía.
  —A mí me gusta que te guste —dijo trepando por él para llegar más fácilmente a su boca.
  —Pero yo te quiero más —completó antes de perderse en su boca.

Dramione One ShotsHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora