Propuesta rechazada

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  La vida parecía ir a cámara lenta cuando se aburría, siempre lo había pensado, que las manecillas del reloj se movían más despacio en esas ocasiones en las que no estaba interesada en lo que hacía.
  En ese momento le costaba concentrarse en su trabajo y una parte de ella quería que su turno acabase para poder irse. Sin embargo, paralelamente, algo hacía que no quisiese marcharse.

  Levantó la vista de su escritorio y observó el pasillo, sus compañeros pasaron hacia la sala de descanso y vio a Draco observarla y acercarse.
  —Buenas tardes, jefa —saludó con una sonrisa ladeada. Hermione le miró frunciendo el ceño pero acabó contagiada por su sonrisa—. ¿Qué tal con los informes del caso 55? —se sentó frente a ella y Hermione se quitó las gafas que usaba para ver de cerca y se frotó los ojos.
  —Pues hasta las narices de ver que siempre es el mismo hechizo fallido pero nadie se da cuenta —resopló.
  —Oye, ¿estás bien? —preguntó preocupado.
  —Sí, solo estoy cansada —agradecía la preocupación de el que en otro tiempo había sido su enemigo aunque ahora fuese uno de sus mejores amigos.
  —¿Quieres un café? —sugirió haciendo que le mirase ilusionada.
  —Sí, ¿me traes uno por favor? —pidió con una vocecilla aguda mirándole suplicante y con las manos juntas, como si fuese a rezar.
  —Lo suponía —rió él antes de mover la varita haciendo que uno llegase volando—. Me extrañaba que no te hubieses levantado ya a por uno.
  —¡Muchas gracias! —exclamó cogiéndolo.
  —De nada, Hermione. Me voy, te dejo trabajar —guiñó un ojo y salió de su despacho dejándola con su café, una sonrisa y bastante más animada que antes.
  —Adiós Draco...

—————————

  Rellenó los últimos datos del informe y sonrió con satisfacción, le gustaba la sensación de haber acabado el trabajo, podría seguir haciéndolo indefinidamente. Miró el reloj: ya eran las siete menos cinco. De repente una oleada de angustia la invadió y tuvo que aceptar que realmente no es que le gustase su trabajo, que también, es que no le apetecía irse porque esa noche iba a ir a cenar con Harry, Ginny y... Con Ron.
  Últimamente las cosas con él no iban bien, su relación se había ido enfriando y tenía la cabeza llena de dudas. Por mucho que evitase pensar en ello, no podía dejar de darle vueltas a que ella y Ron no tenían nada en común, es más, ni siquiera podría decir qué le gustaba de Ron porque nunca hablaban sobre temas que a ambos les interesasen, principalmente porque a ella le gustaba leer, cosa que a él prácticamente le daba alergia, la música, la fotografía y el cine, que por su influencia muggle eran totalmente desconocidos para su novio y que tampoco parecían darle curiosidad, viajar, el arte y la pintura o los animales y a Ron parecía que únicamente le importaba el Quidditch, su trabajo en Sortilegios Weasley y beber cerveza de mantequilla con Harry.
  Se sentía culpable por pensar esto porque tampoco quería obligar al chico a hacer nada que no quisiese, pero es que no entendía por qué no pasaban tiempo juntos, por qué siempre tenían que estar con Harry y Ginny, que ella los quería mucho, eran sus mejores amigos, pero se suponía que si eran una pareja debían comportarse como tal, aunque fuese solo en algunas ocasiones.
  Enterró la cara entre las manos y suspiró, le quedaba una noche muy larga de oír discusiones sobre el estúpido Quidditch.

  Recogió sus cosas involuntariamente despacio, con pesar, sin ninguna gana de tener que irse. Cuando salió del despacho y cerró la puerta con la varita se encontró con Draco.
  —¿Ya te vas? —preguntó al verla.
  —Sí... —su desánimo era bastante visible—. He quedado a cenar con Harry, Ginny y Ron —Draco mantuvo una apariencia estoica aunque por dentro quisiese estallar.
  —No sé si debería decirlo pero... No se te ve muy ilusionada —se apoyó en la pared mientras hablaba.
  —No, bueno... Sí... A ver, son mis amigos y les quiero pero... Estoy harta de que siempre que quedo con Ron tenga que quedar con ellos y... Bueno, me gustaría que siendo mi novio su atención se centrase en nosotros como pareja y no solo como amigos —confesar en ese momento lo que sentía fue como quitarse un peso de encima.
  Draco tuvo ganas de gritar que el idiota de Ron no la merecía y agitarla para que despertase y se diese cuenta de que era maravillosa y merecía poder cenar con su novio a solas y sin tener que escuchar los resultados de Quidditch. Tuvo que usar todo su autocontrol para no decir nada de eso, hacerlo sería lo más parecido a escribir en el cielo en letras gigantes que estaba enamorado de ella.
  —Bueno, siempre puedes decir que tienes mucho trabajo y esconderte en tu despacho —sugirió intentando ayudarla.
  —Por muy bien que suene no puedo hacer eso... —realmente le parecía un plan mucho mejor.
  —Puedes agrandar una araña y ponerla en la puerta para que no se acerquen —indicó en un movimiento de cejas acompañado de una sonrisa. Ella rió y Draco sonrió más, adoraba su risa.
  —Da igual, nunca vendrían aquí, Ron se aburre con mi trabajo y... —le miró algo avergonzada.
  —Y además me odia, ¿verdad? —ella se sintió cohibida pero Draco rió levemente—. No te preocupes, es normal, es más, hace bien en odiarme, yo sí que podría poner una araña gigante en la puerta —Hermione volvió a reír.
  —Debo parecerte patética porque un viernes por la noche prefiera quedarme aquí trabajando que irme con mi novio —comentó afligida mirando al suelo. Él levantó su barbilla despacio.
  —No, no me pareces patética, eres una bruja brillante, pero a veces las relaciones son complicadas —ella se sintió mejor al oírle—. Y además yo no soy nadie para juzgar, al fin y al cabo yo me voy a quedar trabajando porque ni siquiera tengo a nadie con quien quedar —bromeó haciendo que ella sonriese levemente.
  —Gracias, Draco, de verdad —le abrazó y él suspiró mientras pasaba la mano por su espalda.
  —De nada —se separaron y él intentó opacar la lástima que le producía que con lo increíble que era la mujer que tenía delante tuviese ese novio tan patán—. Si necesitas cualquier cosa, incluso una araña gigante, puedes avisarme —ella rió y le besó en la mejilla.
  —Lo tendré en cuenta —suspiró y se pasó la mano por el pelo con cansancio—. Hasta el lunes, Draco —se despidió.
  —Adiós, Hermione... —se quedó allí viendo como la chica recorría el pasillo para después meterse en el ascensor—. Jodido Weasley, no sabe la suerte que tiene —masculló volviendo a entrar en su despacho.

Dramione One ShotsHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora