Pelea con consecuencias

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  Draco salió de la chimenea sacudiéndose hollín. Levantó la vista y observó a McGonagall esperándole.
  —Buenos días señor Malfoy.
  —Profesora McGonagall —se estrecharon la mano.
  —¿Mi hijo?
  —Está fuera, hablaré primero con los Potter, si le parece bien.
  —Sí, claro, esperaré con Scorpius fuera.

  Ambos salieron del despacho y Draco vio a Scorpius sentado en el suelo. El niño, al ver a su padre, levantó la vista y se puso de pie.
  —Señor Potter, pase usted primero —Harry y Albus entraron al despacho de McGonagall.
  —Hola papá —susurró Scorpius. Draco le abrazó y besó su cabeza.
  —Hola hijo —dijo con seriedad—. ¿Me lo cuentas tú o me lo cuenta McGonagall?
  —¿Te lo puedo explicar cuando entremos? Es que si no me hará repetirlo.
  —Está bien —esperaron allí de pie a que los Potter saliesen.

  A los veinte minutos la puerta se abrió y Harry y Albus salieron del despacho. Al pasar junto a Scorpius este dijo adiós con la mano a su amigo pero Harry, muy enfadado, fulminó con la mirada al niño y a Draco y cogió a Albus por los hombros para acelerar el paso. Draco, que evidentemente se dio cuenta, se volvió hacia su hijo.
  —¿Qué has hecho, Scorp? —preguntó pasando el brazo por sus hombros mientras entraban ellos.
  —Pelearme —contestó mientras se sentaban frente a McGonagall.
  —¿Por qué? —le parecía muy raro que Scorpius se pelease, en eso se parecía a su madre, era tranquilo. Rose, sin embargo, si que no tenía problemas en acabar a golpes con cualquiera.
  —Nos insultaron a Al y a mí.
  —Oh, lo siento hijo, a veces pasa —no pudo evitar recordar sus años en Hogwarts.
  —Se metieron conmigo por ser tu hijo y con él por ser mi amigo y ser un Potter pero estar en Slytherin —masculló claramente enfadado.
  —Lo siento Scorp, hay mucha gente idiota, tantos que si volaran no se vería el sol —se sentía bastante identificado porque él en el colegio habría sido un Ícaro de lo completamente imbécil que era.
  —Pero si es que a mí me da igual que me insulten, yo estoy orgulloso de ser un Malfoy y de estar en Slytherin, pero me molestó que se metieran también con Albus... Así que me tiré a pegarles.
  —Pues muy mal, no sé cómo te dio por ahí, tú no eres violento.
  —Ya... —Scorpius se mordía el labio.
  —¿Por qué está Albus castigado? —le preguntó a McGonagall.
  —Señor Malfoy, conteste a su padre —invitó amablemente la directora.
  —Porque cuando nos empezamos a pegar él también se metió a ayudarme. Le han partido la nariz —explicó.
  —¿Tú estas bien? —se preocupó, lo cierto es que, a excepción de unos cuantos moratones, Scorpius parecía ileso.
  —Sí, me acordé de los trucos de defensa que me enseñaste —respondió orgulloso.
  —Me alegro de que te sirvieran pero te recuerdo que son de defensa, no de ataque —advirtió y Scorpius borró su sonrisa y asintió—. ¿Cómo está Albus?
  —Bien, la señora Pomfrey le curó en seguida
  —Lo suponía. Bueno, ¿qué castigo le va a caer? —McGonagall había dejado que a Scorpius hablase y asintió satisfecha al verle confesar ante su padre.
  —Una semana limpiando la sala de trofeos —respondió estricta.
  —¿Castigará al resto?
  —Por supuesto, los cinco estan castigados
  —¿Los cinco? ¿Te metiste a pelear contra tres? —preguntó Draco mirando a su hijo enfadándose por momentos.
  —Sí... —murmuró avergonzado
  —¿Pero tú estás loco? ¿De que año? —la mirada de su padre era firme y tragó hondo antes de contestar.
  —De cuarto —respondió con un hilo de voz.
  —¿¡De cuarto!? ¿¡Os habéis pegado con tres alumnos de 14 años!? ¡Te podían haber mandado a la enfermería una semana! —Draco estaba muy cabreado.
  —Lo siento papá —se disculpó Scorpius arrepentido.
  —Ya puedes sentirlo, una cosa es una pelea tonta con alguien de tu edad, pero no con uno de cuarto que te saca tres años y tres cabezas de altura —se pasó la mano por el pelo frustrado—. Pues claro que a Albus le han partido la nariz, poco le han hecho, y suerte tienes tú de estar entero.
  —Me pusieron un ojo morado pero la señora Pomfrey me lo curó.
  —Mira Scorpius, no quiero que te pelees, yo me pasaba el día buscando pelea y te digo por experiencia que no es gratificante —sus ojos grises le atravesaron.
  —No lo volveré a hacer, papá, te lo prometo —aseguró el niño sintiéndose peor por defraudar a su padre que por los golpes recibidos.
  —Y menos si son mayores que tú, por Merlín, que tienes 11 años... —advirtió Draco.
  —No, no, nunca más —aseguró Scorpius.
  —Eso espero —dijo tajantemente Draco finalizando la conversación.

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