Un mal día

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  Hermione llegó del Ministerio de Magia con la sensación de que la habían matado. Se sentía tan cansada y estaba harta de que en su departamento nadie se tomase las cosas en serio... Dejó caer su bolso encima de la mesa, se quitó los zapatos y se dejó caer sobre el sofá. Draco no estaba, ya le había dicho que probablemente llegaría más tarde porque tenía qur asistir a una reunión con el ministro por los asuntos de Azkaban. Suspiró, no sabía a qué hora llegaría y en ese momento era lo que más necesitaba.

  Se levantó con pesadez y se arrastró hasta la cocina con la intención de prepararse algo de comer. No tenía ni ganas ni hambre, así que se conformó con un sándwich de lo primero que pilló en la nevera.
  Volvió al salón y se sentó a comer en silencio. Pensó en llamar a Draco, pero seguramente tendría el móvil en el fondo de su maletín y no le haría caso. Cuando ya se había acabado la cena, decidió que no iba a acostarse, no quería dormirse sin esperar a su marido. Bueno, se pondría el pijama al menos. Entró en la habitación, cogió el pijama de debajo de la almohada y ya estaba a punto de empezar a desvestirse cuando...
  —¡Mierda! Mañana me levanto a las seis —exclamó. Todos los jueves se levantaba una hora antes porque tenía que pasar por el Quisquilloso a revisar la tirada del especial de Igualdad entre criaturas. Así que, si se levantaba a las seis, tenía que ducharse en ese momento para llegar a tiempo. Suspirando de nuevo cogió un pijama limpio y entró en el baño.

  Según cerró la puerta y colocó la toalla, la puerta de la calle sonó.
  —Hermione —se oyó la voz de Draco. Ella rápidamente salió del baño en calcetines y corrió a abrazarle.
  —Hola —saludó con la cara pegada contra su túnica.
  —Hola, ¿qué pasa? —le besó rápidamente sobre los labios y repitió la acción de ella un rato antes: dejó sus cosas en la mesa y se quitó los zapatos dejándolos en la entrada.
  —Te echaba de menos —suspiró mientras esperaba a que se quitase la túnica para volver a abrazarle. Él sonrió.
  —Oh cariño, yo también. Pero eso no es todo, ¿vas a algún sitio? —preguntó al verla aún con la chaqueta puesta.
  —Ah, no, es que no me he dado cuenta— se la quitó y él la colgó.
  —¿Y bien? —interrogó subiendo las cejas.
  —Nada, hoy ha sido un día larguísimo. Tengo por compañeros una recua de incompetentes... —Draco se rió y la abrazó de nuevo—. Bueno, no pasa nada, se lo diré a Kingsley y que haga algo —protestó con la cara en su cuello.
  —Deja eso para mañana —se retiró para mirarla un poco y la besó con cariño, después entró en la cocina—. ¿Has cenado algo?
  —Un sándwich —contestó observando como él cogía una manzana.
  —Cuidado, no vayas a llenarte —se carcajeó mordiendo su fruta.
  —Me lo dice el de la manzana —replicó. Draco sonrió y volvió al salón.
  —Te has dejado la luz del baño encendida —informó al ver el resquicio luminoso bajo la puerta.
  —Ah, es que me voy a duchar. Mañana salgo antes, ya sabes.
  —Ah sí, mañana es jueves —terminó de comerse la manzana y con la varita la llevó hasta la basura—. Pues venga, ducha, pijama y a la cama, que pareces cansada —dejó un beso en su frente.
  —Draco... —llamó con una vocecilla.
  —¿Qué quieres? —levantó una ceja de forma perspicaz. Esa voz significaba petición.
  —Báñate conmigo —pidió con la mirada de cachorro que sabía que su marido no iba a soportar.
  —No me mires así —entró en la habitación.
  —Por fi...
  —Pero, a ver, ¿cuándo te he negado yo algo? —dijo mientras salía con su propio pijama. La abrazó por la espalda y entró en el baño con ella.
  —Gracias —le dio un beso en la mejilla. Draco sonrió una vez más y preparó la bañera.
  —Anda, zalamera, quítate la ropa y métete en el agua.

  Hermione se quitó la ropa y la metió en el cesto de la ropa sucia, después se metió en la bañera.
  —Está calentita —murmuró relajándose.
  —Bien —él la imitó y unos segundos después pasaba las piernas alrededor de ella y se tumbaba.
  Hermione rápidamente se apoyó en el pecho de Draco y notó como se sentía mejor. Entre el agua caliente y que usaba al chico de almohada eso debía ser lo más parecido al paraíso.
  —Gracias —susurró. Él besó su cabeza y en esa paz quedaron, con los ojos cerrados y relajados. Hermione movió una pierna y una pequeña ola chocó en la mano de Draco haciéndole abrir los ojos. Ahí estaba, como una sirena varada, en su regazo. Acarició su brazo despacio, con infinita ternura, y ella, cual ser indefenso, se acurrucó junto a él, provocando más pequeñas olas. Volvió a cerrar los ojos y sonrió. Sí, era feliz.

Dramione One ShotsHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora