Nuevos horizontes

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  Hermione era una chica lista, muy lista. Y, aunque casi siempre era beneficioso, a veces ella deseaba extraer su inteligencia y tirarla a un pozo. Había veces que ser tonta era mejor, no darse cuenta de qué cosas iban a doler...
  Y es que sabía que él lo volvería a hacer. Le había jurado y perjurado que no, que jamás lo volvería a repetir, pero sus ojos mentían. Y ella era todo una experta en leer sus miradas.

  La decisión estaba tomada. Si ni siquiera tenía confianza en que él fuese a ser fiel, porque sus ojos decían que no y ella sabía que no mentían, ¿cómo iban a tener una relación?
  Se levantó con decisión.
  —Es ahora o nunca —se dijo.
  Y efectivamente fue en ese ahora.

  Entró a la habitación y llamó a Ron, pero Ron podía ser muchas cosas pero no era tonto. Él también sabía que eso tenía que acabar.
  —Ron, se acabó. Tenemos que romper —para ser el núcleo de su mensaje había sido sorprendentemente fácil soltarlo. Ron reprimió una sonrisa. Iba a hacer por ella lo que nunca había hecho: ayudarla.
  —Pero ¿por qué? —él creía que su respuesta iba a ser furiosa y directa pero, una vez más, se dio cuenta de que no conocía nada a su ya exnovia.
  —Crees que te voy a decir que es porque sé que me has engañado pero no es por eso. Al menos no solo por eso. Yo también he cometido errores. No, no te engañado con nadie, no pongas esa cara. Pero sí que estoy enamorada de otra persona —se sonrojó sutilmente porque era la primera vez que lo decía en voz alta—. Aun así, a pesar de que eso es un motivo con mucho peso, no quiero que lo dejemos por eso. Ron, tú querías que yo fuese una superheroína, pero yo soy alguien normal, más de lo que crees. Yo soy alguien con un millón de dudas, una maleta llena de inseguridades y que tenía la certeza de que un día te darías cuenta de que no era tan fuerte como pensabas y que entonces te irías. Lo sabía pero quería ignorarlo. Y que cuando eso pasase, dejarías detrás de ti un paisaje desolado y lleno de ruinas y a mí sin ganas de volver a ponerme en pie. Sin embargo esto está tan muerto que ni eso. Tú pensabas que yo tenía superpoderes para saber cuándo tenías frío y sacar una manta, para saber que tenías sed o hambre, y esperarte con una cerveza de mantequilla en una mano y una rana de chocolate en la otra, para saber que algo te había pasado y sentarme en silencio a escucharte durante cinco horas hasta que el nudo de tu garganta se deshiciera por completo. Y eso es algo que supongo que es normal hacerlo con tu pareja, pero es que no me sale contigo. Creo que he confundido amistad con amor. Yo me comporté como la chica normal que buscaba y quería conocerte, pasar tiempo contigo y hacerte feliz. Solo fui contigo como en el fondo necesitaba que tú fueras conmigo. Tú pretendías que te esperara siempre, que te lanzara la pelota una y otra vez y que siguiera recogiéndola y llevándola a tus pies con la misma sonrisa que el primer día. Querías que no me cansara de verte aparecer, de dibujar todos tus gestos con los ojos en mi memoria y de decirte lo maravilloso que eras —sonrió levemente porque había alguien con quién sí que ocurría eso—. Querías que te protegiese de todo y que te quisiera sin peros y sin dudas, a tiempo completo y con dedicación exclusiva. Tú querías que fuera tu perro fiel, el dragón de tu torre, el lobo fiero de tu manada y tu biblioteca personal. Y como yo no he sido capaz de ser eso, porque no te quiero de esa forma, lo has roto. Cuando viste que no cumplía tus expectativas, que detrás del disfraz había alguien más frágil que tú, se rompió la magia que nos unía. Esa es la diferencia entre tú y yo: yo te vi por dentro y nunca esperé nada que no fueras, que con lo que eres me valía, que te quise con locura y que lo último que merecía era que alguien como tú me usara a mí misma como arma. La diferencia es que yo te quería y tú querías mis beneficios —tras el soliloquio de Hermione, Ron sonrió con tristeza, había dicho muchas verdades.
  —Sabía que íbamos a romper, pero siempre me sorprendes —se levantó y besó su mejilla—. Adiós Hermione.

  Esa tarde, arrebujada en su cama, con una sonrisa en el rostro y mucha paz en su interior, soñaba con su futuro, con la cálida brisa que la envolvía y con su futura declaración. Estaba enamorada de Draco Malfoy y todas esas verdades que le había dicho a Ron eran cosas que sí que quería y prácticamente le salían solas con el rubio. Pensó en la sonrisa del chico que en los últimos meses había robado su corazón y suspiró, su vida volvía a comenzar y sus nuevos horizontes la llenaban de emoción.

  Él, por su parte, lloraba en silencio. Sabía que ya no la acompañaba en sus sueños. Recordaba su pelo, el olor a hogar y las caricias que le producía en su cara. Y lloraba porque había sido un completo gilipollas porque si se hubiese molestado en tratarla como ella le había tratado a él nunca se habría fijado en otra persona y todo seguiría como siempre. Pero el cabello de Hermione ya nunca volvería a a enredarse entre sus dedos.

Dramione One ShotsHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora