Solo hay un paso

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  No había nadie sobre la faz de la Tierra capaz de irritarla tantísimo como Malfoy. Era odioso, principalmente porque su ingenio hacía que los insultos y las contestaciones que se disparaban mutuamente estuviesen cargados de sarcasmo. Y siempre son esa sonrisilla...
  Llevaban discutiendo tantos años que ya se le antojaba extraño estar mucho tiempo sin discutir con él, hasta comenzaba a extrañar la liberación que suponía insultarle cuando estaba de vacaciones.

  Ese día no se habían visto en toda la mañana porque habían tenido que hacer las maletas, y tampoco se habían cruzado en el tren.
  Así que estaban en King Cross, discutiendo en una esquina de la estación. Estaban solos porque los amigos de Draco ya se habían ido y Harry se había marchado con los Weasley momentos antes de que Draco apareciese. Él tenía que tomar un traslador y Hermione estaba esperando a que sus padres viniesen a por ella y que mejor manera de emplear el tiempo que gritarse el uno al otro.
  —¡Cierra la boca ya, estúpido hurón desteñido! —chillaba Hermione.
  —No me des órdenes, rata enciclopédica —la mirada maliciosa de Draco brillaba divertida, él amaba discutir con Hermione.
  —Eres un besugo bobalicón que solo sabe engatusar a la gente, ni siquiera deberías dirigirme la palabra.
  —No, no debería, solo eres una sabelotodo que cree que puede dominar todo a la perfección aunque luego seas una torpe.
  —Pero si tú eres un cabezahueca, que solo la tienes para portar ese pelo teñido y esa cara de idiota.
  —¿Yo soy idiota? Pero si tú te juntas con las personas más bobas e inútiles de todo Hogwarts. Y yo no me tiño el pelo —Hermione sonrió al ver que se defendía.
  —Bah, eres un capullo cantamañanas.
  —Uy, la leoncita me está insultando... Cuidado que no te vea McGonagall que lo mismo te pone un 9 y lloras —Draco dio donde más dolía y ella se sonrojó.
  —Al menos yo uso mi cerebro para algo útil, el tuyo está de adorno.
  —Pues para estar solo de adorno bien que discutes conmigo —llevaba razón, ambos lo sabían, pero Hermione no pensaba dársela.
  —Eres odioso, Malfoy —dijo irritada.
  —¿Y tú no?
  —Oh, cállate ya.
  —Cállame tú —Draco se pasó al replicar y esperaba que ella le golpease, como ya había sucedido tiempo atrás.
  —Cállame tú a mí —Hermione no fue realmente consciente de lo que decía pero Draco se sorprendió y una sonrisa ladeada surcó su rostro.
  —Tal vez lo haga, pero a lo mejor protestas.
  —Eres... —comenzó a decir con hastío, pero no pudo acabar porque Draco la calló besándola. Ella no respondió, simplemente que quedó petrificada mientras los suaves labios del chico acariciaban los suyos. Cuando se separó la miró: ella estaba con los ojos muy abiertos y las mejillas sonrojadas.
  —Granger... —iba a disculparse por haberla besado sin avisar pero ella lo besó a él.
  Retrocedieron hasta apoyarse en la pared y Draco plantó allí las manos. Hermione aprovechó para meter la mano en su pelo, algo que llevaba queriendo hacer mucho, mucho tiempo.

  Hermione en ese momento no podía pensar con claridad, estaba besando a Malfoy, ¡a Malfoy! Y que manera de besar... Se sentía tan bien. Lo cierto era que discutir con él la llenaba de energía, era revitalizante y, a pesar de sus ataques y sus ganas de desprestigiarle, el chico era listo y muy sagaz. Por no mencionar que ya nunca decía cosas hirientes cuando discutían y el común 'sangre sucia' que tanto usaba antes había ido desapareciendo. Y a decir verdad era innegable que era guapo y que tenía un atractivo interesante. Uf, y qué manera de besar...

  Draco, por su parte, también estaba descolocado. Al parecer estudiar, memorizar datos y discutir con él no era lo único que dominaba Granger, además, besaba muy bien. Y no es que él no tuviese pretendientas variadas, pero la que se suponía su enemiga tenía una chispa que la volvía muy atractiva. Y esas ganas con las que le había besado de vuelta... ¡Por Morgana! Esa chica le enloquecía.

  Mientras se besaban, Draco se pegó un poco a ella y eso la sorprendió haciendo que abriese la boca. El Slytherin aprovechó e introdujo la lengua. Nuevamente la chica le impresionó cuando, sin ningún pudor, comenzó a batallar en su boca. Mientras sus lenguas peleaban Draco se pegó todo lo que pudo a ella y comenzó a acariciar su cuello y a rozar sus pechos. Todo eso se estaba descontrolando así que él se separó con la respiración agitada.
  —Granger... —susurró mientras se miraban con la mirada encendida y unas tremendas ganas de seguir con lo que hacían.
  —Malfoy... —contestó la chica con las mismas ganas.
  —Podríamos seguir así mucho más rato y, sinceramente, no pondría ningún problema. Pero tus padres seguramente te estén esperando y mi traslador también. Así que me voy a separar de ti, no te me caigas al suelo —se separó con cuidado dejando que ella se apoyase en sus brazos. Realmente notaba sus piernas como mantequilla derretida.
  —Gracias —susurró cuando fue capaz de mantenerse en pie y él la soltó.
  —Mira, Granger, me gustas, me gustas mucho. Tanto, que solo con besarte y rozarte un poco mira —señaló hacia su entrepierna y Hermione ahogó un grito al percatarse del estado en el que se encontraba el muchacho. Pero lo que sucedió después no lo esperaba: Draco, con una suavidad inesperada, levantó su mentón y acarició su rostro. Ella le miró a los ojos esperando encontrar la mirada lujuriosa que había tenido segundos antes pero en su lugar sus ojos chocaron con una mirada de cariño. Malfoy la estaba mirando con cariño, casi con amor.
  —No te asustes, Hermione —dijo provocando un sonrojo por su parte. Era la primera vez que la llamaba por su nombre—. De verdad que me gustas mucho, no pienses que esto es algo que me ocurre a menudo —la miró esbozando una sonrisa nueva, una que ella no había visto jamás, una que parecía más sincera y amable.
  —Me gusta tu sonrisa, pero no la de siempre, esa puede ser fría y cruel, esta que tienes ahora es preciosa. Nunca la había visto —susurró ella entrecortadamente siendo incapaz de detener las palabras y mirándole embobada.
  —No muchas veces se sonríe por algo que merezca la pena —contestó Draco colocando bien el jersey de la chica y su cabello desordenado mientras retenía las ganas de comérsela a besos.
  —Tú también me gustas... —se le escapó a Hermione, que por respuesta solo obtuvo una enorme sonrisa que provocó brillo en sus ojos grises— ...Draco —el chico abrió los ojos con sorpresa.
  —Dilo otra vez —ordenó mientras su mirada se enturbiaba.
  —Tú... Tú también me gustas —repitió confusa.
  —No, eso no. Eso es música para mis oídos pero no es lo que quiero que repitas. Di mi nombre —indicó volviendo a pegarse a ella.
  —Draco —susurró Hermione y él la besó con muchas ganas, casi con urgencia.
  —Dilo una vez más —pidió entre besos.
  —Draco, Draco, Draco —repitió ella mientras él la besaba por el cuello y Hermione sentía que iba a despegar.
  —Creó que no he oído nunca nada tan bonito como mi nombre saliendo de tu boca —susurró con voz ronca.
  —Draco —gimió cuando él besó su oreja y eso no fue nada beneficioso para él, que sintió como todo su ser se ponía en acción.
  —Para, para, Hermione, detente —se frenó separándose de ella—. Si no paramos ahora mismo voy a acabar sufriendo problemas serios —cuando ella miró para abajo volvió a abrir la boca y los ojos de la sorpresa—. Eso es lo que provocas en mí, señorita —ella se sonrojó y Draco la abrazó mientras soltaba una carcajada.
  —No te rías de mí —protestó ella con la cara pegada al cuerpo del chico.
  —No me río de ti, es que tu vergüenza es adorable. A ver —tomándola de las mejillas la separó—, ahora nos vamos a ir, porque como esto continúe así vamos a acabar haciéndolo en esta esquina de King Cross y no es mi plan ideal, y supongo que tampoco es el tuyo —Hermione negó con las mejillas de color carmesí, Draco las acarició sonriendo—. Por eso. Así que ahora tú te vas con tus padres, yo me voy en mi traslador y ya nos comunicaremos por carta.
  —¿No te voy a volver a ver hasta que volvamos de Navidad? —preguntó con tristeza saliendo de la burbuja en la que estaba.
  —¡Vaya! Ahora resulta que quieres ver al hurón —se carcajeó Draco—. Sí, conseguiré escaparme e iré a verte —añadió besando su nariz. A Hermione le pareció un acto demasiado bonito.
  —¿Esto significa que somos...? —preguntó colorada como un tomate.
  —Sí, eso parece —Hermione se echó a reír.
  —Me dice alguien ayer que hoy iba a ser novia de Draco Malfoy y me río en su cara.
  —Que bien suena eso... Novia de Draco Malfoy —se acercó y besó con dulzura—. Adiós, novia, te escribiré esta noche —se despidió haciendo énfasis en el apelativo.
  —Adiós, novio— respondió divertida.

  Y es que fácil había sido pasar de odiar a Malfoy a que le gustase, por lo visto iba a ser verdad eso de que del amor al odio solo hay un paso.

Dramione One ShotsHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora