Paz

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  Abrió los ojos de golpe, notaba la soledad en la cama. Estaba tan acostumbrada a dormir abrazada a Draco que si el sueño dejaba de ser totalmente pesado se sentía desprotegida en cuanto él desaparecía. Bostezó y se estiró antes de salir de las sábanas.

  Anduvo arrastrando los pies hasta el baño, donde se lavó la cara y se observó en el espejo.
  —¡Vaya pelos! —se pasó la mano por su encrespada melena pero desistió y salió de allí.
  Se puso una camisa que había en una silla y bajó a la cocina en busca del café que la volviese persona. Para su buena fortuna, estaba casada con el mejor preparador de cafés revitalizantes del mundo y una taza ya estaba esperándola sobre la encimera. Sonrió mientras daba un sorbo y buscaba a su marido con la mirada.
  Draco estaba sentado en la mesa de la terraza, leyendo el periódico mientras la luz del sol entraba a través de la cristalera. Se acercó a él y se sentó sobre sus rodillas apoyándose en su pecho.
  —Buenos días, cariño —dijo él mientras seguía leyendo.
  —Buenos días. Gracias por el café —por respuesta, él besó su coronilla.

  Permanecieron en un agradable silencio de olor a café, ella bebiendo, él leyendo. Disfrutaban de su compañía en ese rato que tenían para ellos solos.
  Cuando Hermione acabó de desayunar, dejó la taza sobre la mesa y leyó por encima el periódico.
  —¿Algo interesante?
  —No, simplemente hablan del rumor acerca de si Kingsley dejará de ser el Ministro, sobre el Quidditch y cuatro chorradas más de Skeeter.
  —Es muy pesada, no se cansa de que la encierre en tarros de cristal —Hermione se apoyó sobre su hombro y cerró los ojos.
  —Quizá deberías recordarle la ilegalidad de su transformación, ha vuelto a difundir interesantes mentiras.
  —¿Sobre quién esta vez? —preguntó sin moverse.
  —El profesor Slughorn.
  —¿Slughorn? —se sorprendió.
  —Sí, le acusa de ser un borracho.
  —Bueno, eso mucha mentira no es.
  —No, pero que emborrache a sus alumnos para no tener que dar clase... Sí que lo es —Draco pasó las páginas del periódico hasta dar con la noticia y se la enseñó a su mujer.
  —El lunes hablaré con ella, es incansable —dijo Hermione después de leer el artículo.

  Estuvieron un rato más allí sentados, disfrutando de su compañía. A decir verdad, últimamente Draco estaba un poco serio, quiza era por el trabajo pero no acababa de gustarle la idea de su marido en cualquier estado de ánimo que no fuese positivo.
  —Draco...
  —¿Sí? —dejó el periódico y la abrazó.
  —¿Estás... Estás feliz por haber comenzado esta historia conmigo? —Draco notó su insegura pregunta más seria de lo que hubiera querido y la abrazó con más fuerza.
  —No... Estoy feliz porque no ha terminado —besó su cabeza mientras ella se refugiaba en su abrazo, roja de la vergüenza.
  —Ay Draco... —él se rió y aprovechó que se había girado para besarla.
  —Estás más tonta... Anda, vamos a vestirnos que hemos quedado con tus padres para comer —y dejando un último beso sobre su cabeza, se levantó y se dirigió a la habitación seguido de Hermione que, con esa aprentemente tonta pregunta, había conseguido una paz interior que solo él podía proporcionarle. Qué afortunada se sentía.

Dramione One ShotsHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora