Lo que puedes llegar a hacer (parte 1)

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  Una grada bulliciosa y un jugador concentrado. Draco se movió veloz esquivando una bludger, intentando esquivar a su oponente ágilmente. Giró bruscamente en la esquina de las gradas mientras vislumbraba la snitch pero Summerby le embistió de lado. Apretó los dientes mientras seguía persiguiendo la diminuta pelotita dorada. Intentó recobrar la dirección pero no fue capaz, lo último que vio fue el travesaño contra el que impactó de lleno. Y después, oscuridad.

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  El primer partido de la temporada de Quidditch siempre generaba grandes expectativas por lo que prácticamente todo Hogwarts estaba allí.
  Hermione salió rápidamente del castillo, el partido ya había empezado y llegaba tarde. Únicamente iba porque Ginny y Luna habían insistido y porque Draco jugaba, a ella el Quidditch no le interesaba lo más mínimo.
  Realmente no sabía qué le había impulsado a Draco a pedirle que fuese a verle, pero la ilusión con la que se lo pidió hizo que no fuese capaz de negarse. Al fin y al cabo ya eran amigos.
  Estaba a punto de subir a las gradas cuando ante ella pasaron ambos buscadores, a punto de atrapar la snitch, y entonces se producía uno de los accidentes más impactantes de la historia de Hogwarts.

  Draco no pertenecía al equipo, su idea del regreso a Hogwarts para recuperar el séptimo año no tenía en mente destacar en absolutamente nada. Sin embargo, como apenas había alumnos de los cursos más altos de Slytherin, el equipo de Quidditch andaba escaso, así que le pidieron a él el favor de cubrir el puesto de buscador. En qué maldito momento había aceptado.

  El estruendo fue tan grande que rápidamente toda la grada descendió a ver qué había pasado.
  —¡Alejaos ahora mismo! —gritaba McGonagall mientras se acercaba al lugar del accidente. Se horrorizó al ver el estado en el que estaba el chico, que parecía tener más sangre fuera del cuerpo que dentro. Nunca en su vida había visto una caída tan impresionante, la escoba estaba destrozada y él tenía tantos huesos rotos que de no haberse quedado inconsciente del golpe lo habría hecho del dolor.
  —¡Ah! —chilló un niño de primero al ver el espectáculo.
  —¡Todos los alumnos sigan a los prefectos al castillo! ¡Alejaos de aquí! —ordenó Flitwick mientras McGonagall se acercaba al chico y le hacía levitar. Al ir despejándose la zona únicamente quedaron McGonagall, Slughorn y, en una esquina totalmente estática, Hermione.
  Luna y Theo se acercaron corriendo y al chico prácticamente se le descompuso la cara al ver a su mejor amigo así.
  —Señor Nott, señorita Lovegood, señorita Granger, acompañen al señor Malfoy a la enfermería —decretó la directora mandando a Draco hacia allí. Theo salió detrás de su amigo y Luna iba a seguir el mismo camino pero Hermione no reaccionaba, seguía mirando al suelo fijamente, con la boca y los ojos muy abiertos.
  —Herms, vamos, tenemos que ir a la enfermería —Luna tiró de su brazo y ella anduvo hacia allí, aún en shock.
  McGonagall se volvió y vio como la profesora Sprout llegaba con Mark Summerby, el buscador del equipo de Hufflepuff.
  —Minerva, el buscador de mi equipo —dijo la mujer.
  —¿Qué ha pasado? —preguntó mirándole severamente.
  —Yo... No lo sé, de repente se fue hacia la derecha y lo siguiente que oí fue el impacto —declaró el chico algo asustado por las magnitudes del accidente.
  —Bien, hablaremos luego de eso —resolvió McGonagall marchándose a ver cómo estaba su alumno.

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  Theo entró en la enfermería a toda prisa.
  —¡Señora Pomfrey! —gritó. La anciana enfermera salió asustada por los gritos y al ver a Draco se apresuró a tumbarle en una camilla.
  —¡Dios mío! ¡¿Qué ha pasado?! —exclamó observando las heridas que tenía. Rápidamente sacó la varita y comenzó a pasarla por su cuerpo.
  —Ha tenido un accidente jugando al Quidditch —afirmó el chico. En ese momento entraron Luna y Hermione seguidas de McGonagall.
  —Poppy, ¿cómo está? —preguntó la directora acercándose al chico.
  —Pues muy mal, tiene rotas siete costillas, la clavícula izquierda y el húmero derecho, además de graves daños en el hígado por el impacto de la escoba y una herida en la cabeza que tiene una pinta horrible —explicó la señora Pomfrey mientras seguía pasando la varita a toda velocidad.
  —¿Cuánto tardarás en curarle? —miró al chico con compasión.
  —Pues depende de como reaccione. Cuando despierte le daré una poción pero no tengo ni idea de cuándo será eso —murmuró unas palabras y la camisa de Draco desapareció dejando al descubierto un enorme golpe en el pecho. Siguió murmurando hechizos un rato hasta que la sangre desapareció dejando el cuerpo de Draco de un tono grisáceo—. Bueno, esto es todo lo que lograré por ahora. Si esta noche no ha mejorado habrá que llevarle a San Mungo —terminó de decir la enfermera—. Voy a preparar las pociones necesarias —y se marchó a su despacho.

Dramione One ShotsHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora