Draco siempre había adorado la Navidad. No había ni una sola cosa que no le gustase. Amaba los regalos, la nieve, las luces, los abetos... Todo era precioso y maravilloso. En Hogwarts era especialmente espectacular porque el castillo era mucho más luminoso. Siempre le había gustado la Navidad. Siempre, hasta que comenzó la guerra.
La Navidad con los mortífagos no era bonita. Era como un día cualquiera, lleno de odio, sangre y muerte, pero, además, se añadía la broma de regalarse cosas y que pareciese que todo era normal. Las Navidades de 1997 fueron espantosas. No había luz, solo había oscuridad, pero sin embargo sí que daba la impresión de que todo iba bien. Recibió regalos y la Mansión Malfoy aparentó durante unos pocos días ser algo menos asquerosa. Pero solo eso, únicamente aparentó.
Por ello, desde entonces, Draco odiaba la Navidad. Odiaba lo que representaba, lo que le recordaba, la falsedad de las malas personas fingiendo ser buenas solo porque eran fiestas... Lo odiaba con todo su ser.
Y ahí estaba él, cinco años más tarde, sentado en el salón de su apartamento vestido con una camiseta navideña y observando como Hermione, bien sonriente y vestida también con ropa navideña, le ponía un gorro de Santa Claus sobre su pelo de recién levantado. Todo el salón estaba decorado con guirnaldas y borlas navideñas, abundaba el muérdago por los techos y había un abeto enorme en mitad de la habitación.
—Vamos, Draco, alegra esa cara. Es Navidad.
—No me gusta la Navidad —contestó serio.
—Pero si es todo bonito, con luz y música. Y los árboles con las estrellas. Y los regalos...
Draco observó la felicidad con la que ella relataba las maravillas que antaño él había adorado. Quizá la Navidad ya no le gustaba pero Hermione sí, y ella estaba ilusionada. No iba a quitarle eso.
—Llevas razón. Vamos, abramos los regalos —su espontáneo entusiasmo no pasó desapercibido para ella.
—Si de verdad no quieres porque no te gusta lo entiendo. No te molestes en hacerlo por mí —dijo sonando más brusca de lo que hubiera querido.
—Eh, a ver —la cogió de los brazos y la abrazó besando su cabeza—. No me gusta la Navidad porque le tengo manía. Yo siempre la vivía como tú, enamorado de las luces y de la alegría hasta que mi sueño navideño se corrompió. Pero, sinceramente, no hay nada que pueda ser un motivo de peso suficiente como para volver a disfrutar la Navidad más que tú —Hermione se soltó de sus brazos y le besó con ganas.
—Siempre sabes qué decir... —murmuró al separarse.
—Tú, que lo pones fácil —se besaron de nuevo y Hermione no pudo evitar que le escapase una sonrisa en mitad del beso—. ¿Abrimos los regalos? —preguntó Draco colocando los cuernos de reno que llevaba ella en la cabeza. Hermione asintió con una sonrisa.
Después de abrir los regalos fueron a pasear.
—¡Mira Draco! —gritó Hermione señalando un gran abeto luminoso.
—Es impresionante —reconoció el mirándolo asombrado. Y tan embobado estaba observando el árbol que no vio como Hermione se giraba y cogía una bola de nieve que acabó impactada en su cara—. ¿¡Pero qué...!? —protestó quitándose nieve hasta del cuello mientras Hermione se partía de risa—. Ah, muy graciosa. Ahora verás.
Comenzaron a tirarse bolas de nieve hasta acabar ambos empapados y muertos de risa.
—Anda, vamos a casa, estoy helada.
—Sí, tengo nieve hasta en los pies— contestó Draco frotándose las manos.
Dos horas después estaban ambos sentados en la alfombra junto a la chimenea y tomando un chocolate caliente.
—¿Estas bien? —preguntó ella mientras Draco bebía.
—Claro, ¿por qué lo dices?
—Pues porque sé que odias la Navidad y aun así has hecho que pasase un día maravilloso. Por cierto, gracias por eso.
—Pues siendo sincero al principio lo hice por ti. Pero ahora he descubierto que la Navidad contigo es divertida y mucho mejor de lo que la recordaba.
—¿Entonces ya no evitarás las fiestas? —hizo la pregunta con tanto entusiasmo que habría sido incapaz de decir que sí.
—No, disfrutaré junto a ti —contestó.
—Gracias —exclamó dándole un abrazo.
—A ti por arreglar mi trauma navideño con tu encanto —dijo mirándola con cariño.
—Draco... —murmuró ella colorada. Él sonrió divertido y, para ocultar su sonrojo, Hermione bebió su cacao y, después, dejó la taza a un lado. Al mirar a Draco de nuevo, un bigote de chocolate adornaba su boca.
—Tienes una cosa en... —dijo Draco señalando sus labios. Ella hizo ademán de quitarlo pero se dejó una parte sin limpiar.
—¿Así?
—Te falta... Espera —y ante la mirada de Hermione, que esperaba que él limpiase el cacao, Draco se inclinó y la besó con ganas, limpiando así el chocolate—. Ya está —susurró sonriente al separarse.
—Me parece... Me parece que eres tú ahora el que está manchado —murmuró ella besándole de nuevo.
—Oh vaya, que torpes estamos. Nos ensuciamos mucho —rebatió él divertido.
—Lo arreglaremos —dijo ella antes de volver a besarle.
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Dramione One Shots
FanfictionBreves historias sobre Dramione. La autoría es completamente de JK Rowling, yo únicamente uso sus personajes y su universo para un fin lúdico. Portada por: captbexx. Créditos a los dueños de las imágenes (especialmente a Upthehillart). Para que no...
