Un buen día (bastante lluvioso) caminé a la escuela con prisa para no mojarme. Los paraguas llenaban las calles. Llegué a la escuela a las 7:00 am con la cara empapada. Debí olvidar mi impermeable en la mesa. Descubrí que muchos estudiantes no fueron ese día. Sí, era mejor quedarse en casa calientito en la cama viendo tv o chismeando en facebook. No para mí. Yo tenía la asistencia perfecta y no la perdería por un poco de agua. Ese no era mi estilo.
Laura no fue. Su casa estaba más alejada de la escuela que la mía. Me sentía extraño porque no solía estar tan callado. Y tranquilo. En mi salón, compuesto por muchos alumnos, fueron sólo diez. Casi todas chicas. Y unas me hablaban gracias a que eran amigas de Laura. Así que tuve algunos momentos para conversar.
El receso fue extraño, más que mi grupo. Nadie me dijo nada, ni se apartó de mí exaltado. La cafetería estaba vacía. Pude sentarme en una mesa y tomar café caliente. Y dar una vuelta por la escuela sin miedo a que me lanzaran algo, me insultaran o terminara con ganas de llorar.
En la salida sentí la presión. No llevé paraguas. Y el cielo parecía estar a punto de caerse. Y todos los que conocía se habían ido ya que tardé mucho en el baño por que pasé antes de decidir irme. Cuando salí vi que la escuela estaba vacía.
Traté de pensar en qué hacer. Estaba en eso cuando un paraguas cubrió mi cabeza. Miré hacía arriba y quedé completamente sorprendido.
— Hola, niño— dijo Evan.
— ¿Qué quieres?— contesté frío y distante.
— Tranquilo amigo, hoy no voy a decir nada. Mis amigos no vinieron.
Por supuesto que no. Para ellos, esos tipos con problemas de materias reprobadas un día lluvioso para usar como pretexto para no ir a la escuela era como navidad.
— ¿Entonces qué quieres?— pregunté a la defensiva.
— Te vi a punto de llorar porque seguramente no traes paraguas y me dije a mí mismo: mí mismo, ayuda a ese pobre enanito que sí te necesita.
— ¡No soy un enanito! Y no te necesito.
— Parece que sí— dijo, sonreía divertido. Comencé a molestarme—. Bueno, entonces suerte con la lluvia— comenzó a caminar.
Traté de pensar en lo que pasaba. Él se había ofrecido. Y no era como si fuera mi persona favorita del mundo pero tampoco era tan malo.
—¡Espera!— le grité, se detuvo y lo alcancé.
— Hola enanito. Ya veo que no quieres llegar mojado a casa.
— No, no quiero. Y me sorprende que cargues con un paraguas entre tus cosas.
— No es mío. Es de la profesora Luz. Lo traía en su auto y me lo prestó.
¿Porqué eso no me sorprendió? Sin duda los rumores eran verdaderos.
— ¿Y? ¿No te preocupa que te vean conmigo?— le dije, caminamos bajo el paraguas por la calle, bastante lento.
— No hay nadie. Y con ésta agua la gente está más preocupada por cubrirse que por ver a los demás.
— ¿Y qué hay del homovirus? ¿No temes que te lo contagie?
— Eso no existe. Soy tonto pero no tanto. ¿Y porqué tantas preguntas? ¿No puedes aceptar que alguien sea amable contigo y ya?
— No puedo. Tú y los otros son malos.
— Ya te dije que no lo hago con el afán de ofender. Sólo quiero caerle bien a mis amigos.
— Pues sí me ofendes.
Se detuvo. Y yo también. Miró mis ojos. Y comencé a sentirme incómodo.
— Pues lo siento mucho— dijo al fin.
— ¡No te burles de mí! Sabes, mejor prefiero mojarme que seguir escuchando tus tonterías. Seguro que tus amigos te enviaron para que me juegues una broma. Ahora deben estar escondidos por ahí, grabando con sus teléfonos.
— ¡Estás loco! Está lloviendo mucho, nadie saldría con éste clima. Y nadie me ha enviado a nada. No me estoy burlando. De verdad lo siento. Y lamento que estés tan mal que no logres diferenciar una disculpa real de una broma.
— Si no se burlaran de mí yo no dudaría...
No quise seguir hablando. Era inútil. Él no lo entendería aunque se lo explicara.
— Si me pides que ya no te moleste ya no lo haré— dijo de la nada. Lo observé. Me dejó con la boca abierta.
— ¿Porqué habría de pedírtelo? ¿No se supone que es tu deber respetar a los demás?
— Sí, pero realmente no sabía que eso te afectaba mucho. Siempre pareces fuerte y confiado, ignoras a todo el mundo y pensé que cuando yo hablaba no escuchabas nada...
— ¡Pues sí lo hacía! Y es horrible. No tienes ni idea de lo que es que se burlen de ti.
— La tengo— me dijo, lo miré—, aunque no lo parezca, se han burlado de mí toda mi vida.
— No te creo— aseveré.
— Por supuesto que sí. Te voy a contar.
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Rumores De Pasillo
RomanceJimi se declaró abiertamente gay en la escuela y empezaron a molestarlo por eso. Evan, un rubio popular que también lo molestaba, resultó sólo hacerlo porque los demás lo hacían... pero realmente guardaba un secreto: le agradaba Jimi. Mucho. Más de...
