Un dia muy temprano nos reunimos con la presidenta para que nos contara su plan. Ella lo hizo siendo muy específica.
— No haré eso— dijo Zac, en la escuela, luego de que la presidenta terminara.
— Yo creo que está bien— dije.
— No— dijo Zac—, eso no funcionará. La gente no lo entenderá.
— Parece arriesgado— dijo Jason—. Aunque tiene sentido.
— ¡Yo quiero hacerlo!— dijo Evan entusiasmado.
— Para ser franca— dijo Laura pensativa—, yo creo que será un fracaso.
— Sí— dijo Zac—, a las personas les dará igual y seguirán hablando como antes.
— Confíen en mí— sonrió la presidenta—. Ustedes pueden hacerlo.
— Confiamos en usted— dijo Laura—, pero parece que no va servir de nada...
— Servirá— dijo ella.
— Eso espero— dijo Zac—, ojalá que valga la pena por el precio que nos costó.
— Pero si no pagamos nada— dijo Evan.
— Mis fotos son un precio muy alto— dijo Zac—. Soy un lujo que no cualquier persona puede tener en fotografía.
— Sólo fueron un par de fotos— dijo la presidenta—. Ustedes son muy fotogénicos. Sobre todo Evan. De él tengo como 100 fotografías.
— ¿Para qué alguien necesitaría tantas fotos de Evan?— preguntó Laura.
— Podrían hechizarlo con ellas— dijo Jason—. Cuídate Evan, podría pasarte algo pronto.
— ¡Qué miedo!— dijo Evan.
Los miré. Se veían bien. Al menos mantenían el entusiasmo.
— Lo intentaremos en la hora del receso, en la cafetería— dijo la presidenta—. Sean puntuales.
Salimos de la sala del consejo. La presidenta se fue.
— ¿Deberíamos hacerlo?— preguntó Laura.
— No lo sé— dijo Zac—. Jason, ¿Crees que tengamos muchas consecuencias negativas si lo hacemos?
— No lo creo. Hay posibilidades, desde luego. Pero si consideramos la situación actual, no creo que pueda ser peor.
— Lo haré si ustedes lo hacen— dijo Laura.
— Entonces hay que hacerlo— dijo Evan.
— Sigo sin estar convencido— dijo Zac—. Dejen que lo medite un poco.
Se fue. Jason lo siguió. Evan dijo que tenía que ir a la biblioteca por un libro.
— ¿Quieres que te acompañemos?— preguntó Laura.
— Si quieren pueden venir.
— Yo tengo que ir al salón de clases— dije.
— ¿Por qué?— preguntó Evan.
— Quiero alistar mi tarea de álgebra— dije.
— Cierto— dijo Laura—, el maestro de álgebra es como un demonio... ¿Debería de regresar al salón?
— No, ve con Evan si quieres— dije.
— Entonces iré— dijo ella feliz.
— ¡A la biblioteca!— le dijo Evan con entusiasmo.
Los miré irse.
Regresé al salón solo. Habían muchos compañeros pero no todos ya que era bastante temprano. Fui a mi lugar. Me senté.
— Pero miren quién llegó temprano— dijo un chico que se acercó a mí junto a sus dos amigos—, el niño rarito.
— ¿Rarito?— dije.
— ¿Dónde está tu amigo? Ya sabes, el que hizo trampa para ganar el certámen ese— dijo otro chico.
— No hizo trampa— dije—. En verdad ganó.
— ¿Estás seguro?— preguntó el otro—, porque no estuviste junto a él todo el tiempo. Pudo haber hecho trampa para ganarte. Pudiste haber ganado tú.
— ¡Zac no haría algo así!— dije enojado.
— ¿En verdad lo conoces bien? Porque antes de llegar a nuestra escuela tuvo un problema en la escuela en donde iba, y según dicen, hasta estuvo envuelto en un juicio. ¿Te contó de eso?
— Pues no pero...— dije.
— Entonces, ¿Cómo puedes estar seguro de que lo conoces bien?
— No lo sé, sólo sé que es una buena persona— dije.
— Pero podría engañarte— dijo el otro—. Yo que tú me alejaba de él de inmediato.
— Zac es mi amigo— dije.
— Sí— dijo otro—, y por como eres no puedes darte el lujo de alejarte de él, aunque sea un mentiroso.
— ¡Zac no es así!
Ellos se reían. ¿Por qué eran tan malos? ¿Por qué tenían que ser así?
— ¿Qué están haciendo?— preguntó una chica.
— Nada, sólo hablando con Jimi— le dijo uno de ellos.
— No me parece una simple charla— dijo ella.
Sus amigas, otras cuatro chicas, se acercaron.
— Parece que sólo están molestando— dijo otra.
— Sí— contestó Laura, que iba llegando—, además de feos por fuera también son igual por dentro.
— ¿A quién llamas feo?— le dijo uno de ellos, enojado.
— A Jimi es obvio que no— dijo Laura.
Ellos se veían llenos de una ira asesina.
— ¿Quieren pelear?— dijo Laura con una cara que daba miedo.
Ambos se miraron. Se alejaron lentamente.
— ¡Bien hecho!— le dijo una chica a Laura.
— ¡No, ustedes estuvieron bien!— les dijo Laura.
— No podíamos quedarnos así— dijo una chica—, menos sabiendo todo lo que dicen de ustedes. Sabemos que no es cierto.
— ¿Lo saben?— dije.
— Desde luego que es mentira— dijo otra chica—, nadie creería que Laura es pandillera... aunque admito que da un poco de miedo cuando se enoja.
— Pero las personas creen que es verdad— dije.
— No todos— dijo una chica—. Y los que creen lo hacen porque no los conocen. Porque no saben nada de ustedes.
Lo pensé. Era cierto. Y mientras más lo pensaba, más creía que la idea de la presidenta era brillante.
— Entonces va a funcionar— le dije a Laura—. Lo que cree la presidenta va a funcionar.
— ¿Tú crees?
— ¡Definitivamente!— dije.
El profesor de álgebra extra malvado entró. Regresamos a nuestros lugares.
Las clases pasaron rápidamente y yo no dejaba de darle vueltas al asunto. Quería ayudar a Zac. Entendía por qué no confiaba en el plan de la presidenta. Tal vez funcionaría con nosotros... pero su situación era diferente.
Entonces se me ocurrió. Sabía cómo podía hacer que creyeran en Zac. Sólo tenía que hacer que él aceptara.
Llegó el receso. Laura se acercó a mí.
— Vamos— me dijo.
— Espera un momento— dije.
Me acerqué a los chicos que me molestaron antes.
— ¿Qué quieres?— dijo uno de ellos, enojado.
— Vamos a aclarar el asunto— dije—. En la cafetería. Estaremos ahí. Sería bueno si pudieran ir.
— ¿Qué? ¿Qué cosas dices?— dijo.
— Espero verlos ahí— dije.
Me giré y salí del salón con Laura.
— ¿Por qué hiciste eso?— me preguntó ella.
— Quiero hacer las cosas bien. A mi manera.
— Tu manera es muy amable. La mía recurre más a la violencia.
— Quiero que todo se aclare. Sé qué hacer. Espero que Zac quiera hacer algo.
Evan apareció. Se veía agitado.
— ¿Pasa algo?— pregunté.
— ¡Hay mucha gente en la cafetería! ¡Es asombroso!— dijo.
— ¿Por qué hay tanta gente?— dijo Laura.
— Es la presidenta— dije—. Ella sí que tiene un plan.
— ¿Están listos?— preguntó Evan.
— No realmente— dijo Laura.
— Yo sí— dije—. Sé qué hacer.
— Entonces vamos.
Miré a Evan. Me sonrió. Respiré profundo.
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Rumores De Pasillo
RomanceJimi se declaró abiertamente gay en la escuela y empezaron a molestarlo por eso. Evan, un rubio popular que también lo molestaba, resultó sólo hacerlo porque los demás lo hacían... pero realmente guardaba un secreto: le agradaba Jimi. Mucho. Más de...
