153. El diario de Laura

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Después de bajar del autobús, llegamos al museo. Me emocionaba la idea de salir. Además era como culminar bien un día que había sido perfecto.
En el trayecto al museo me di cuenta de que Derek era un chico muy alegre, que parecía llevarse bien con Jimi. Compaginaban bien. Eso me alegró más de lo que ya estaba.

A la entrada había un cartel del programa.

— ¿Cuál era la exposición que querías ver?— le preguntó Jimi a Derek.
— Ésta— dijo mientras le señaló el cartel.

Lo observé atentamente.

— Pero esta exposición termina en dos semanas— dije—. Tú dijiste que hoy era su último día.
— Debí ver mal— dijo—. Aunque es un alivio, significa que podremos volver otro día.
— Sí— dijo Jimi—. La próxima vez podemos traer a Evan.
— O no— dijo Derek, contento—, quizá la exposición no es tan buena.
— Hay que verla primero para juzgar eso— dije.
— Desde luego— dijo Jimi.

Entramos. Recorrimos las salas. Tenían muchas escaleras. Pero habían obras hermosas. Y otras que simplemente no pude terminar de entender. Pasamos por la exposición que quería ver Derek. Me pareció que estaba más atento a hablar con Jimi que a apreciar las pinturas.
Al final cuando ya era bastante tarde, decidimos regresar. No sin antes visitar la tienda de regalos.

Entramos. Jimi parecía niño en juguetería. Fue corriendo de un lugar a otro. Derek y yo lo seguimos.

— Le llevaré algo a Evan— dijo Jimi—, ¿Me ayudan a escoger?
— Claro— dije.

Nos separamos en la tienda. Vi muchas cosas. Pero nada que pudiera ser útil. Hasta que vi unos simpáticos bolígrafos con un compartimiento especial para guardar notas. Me parecieron fabulosos. Tanto que pensé en comprar uno para mí, otro para Zac, para Jimi, para Evan, para Jason y desde luego, para Will.
Los tomé y busqué a Jimi. Lo encontré mientras leía un libro.

— Hola— dije—, ¿Ya escogiste algo?
— Le llevaré a Evan un libro sobre la historia del arte— dijo.
— ¿Seguro?
— A mí me encanta— dijo feliz—... aunque tal vez a Evan no le guste tanto como a mí.

Se desanimó solito.

— Tranquilo— dije—, busquemos otra cosa. ¿Y Derek?
— No lo sé. Debe estar por aquí.

Lo buscamos. Lo encontramos.

— ¿La historia del arte?— preguntó cuando vio el libro que tenía Jimi.
— Pensé que sería un buen regalo— dijo Jimi—, hasta que recordé que el arte no es del estilo de Evan... ni los libros en general.
— A mí me gustaría mucho ese libro como regalo— dijo Derek.
— ¿Verdad que sí?— dijo Jimi contento—, ¡Es genial!
— Quizá el regalo ideal de Evan no está por aquí— dijo Derek.
— Sí— dije—, probablemente deberías comprarle algo de otra parte.
— Tienen razón— dijo Jimi—. Entonces iré a pagar este libro. Para mí.
— Voy contigo— dije.
— Yo los espero afuera— dijo Derek.

Fuimos a pagar. Al salir nos encontramos a Derek.

— Bien— dijo—, volvamos a casa.
— Iré al baño antes— dijo Jimi.
— Te esperamos aquí— le dije.

Me dio su libro. Lo observamos irse.
Me quedé sola con Derek.

— Hoy fue un buen día— dije para matar ese incómodo silencio.
— Bastante— dijo.
— Me siento mal por no venir con los demás. Les hubiera encantado.
— Puedes venir con ellos otro día— dijo.
— Podemos— lo corregí—. Apuesto a que a Jimi le parecería maravilloso venir de nuevo. Quizá volvamos el sábado junto a todos.
— Cierto— dijo Derek.
— Sobre todo si viene Evan.

No dijo nada. Pero a mi percepción cambió su semblante un poco.

— ¿Puedo preguntarte algo?— dijo. Lo observé.
— Claro— dije—, lo que quieras.
— Jimi habla mucho de Evan. Parece que pasa mucho tiempo con él. ¿Crees que es normal que estén tanto tiempo juntos? Porque es raro, ¿No?

No sé si fue porque mi mente solía imaginar muchas cosas o si en verdad noté un poco de amargura cuando él dijo eso último.
De repente todo empezó a tomar un poco de forma. Necesitaba sacarme una duda que me causaba mucha inquietud. Generalmente no le diría lo que estaba por decirle a Derek a nadie pero la situación me obligaba a hacerlo.

— No, de hecho— dije mirando su cara para estudiar su expresión en caso de que cambiara—, sobre todo si consideramos que ellos están saliendo.

Me miró de inmediato, incrédulo. Pero no se apuró en ocultar su expresión.

— ¿Qué?— preguntó totalmente atónito.
— ¿Jimi no te lo había dicho?— dije.
— Él jamás lo mencionó... no entiendo por qué, pensé que somos amigos.
— No es algo fácil de decir— dije—. Pero creo que es conveniente que lo sepas. Ahora Jimi podrá contarte sobre su relación con Evan sin ocultar nada.
— ¿En verdad son una pareja? ¿Una real?— dijo y parecía no creerlo.
— Claro— dije—. Tan real que hasta sus familias saben que salen. Y apoyan su relación. Desde luego que nosotros, sus amigos, sabemos también. Pero me gustaría que fueras discreto. Nadie en la escuela lo sabe. Sólo sus amigos más cercanos.

Lo observé. Parecía volver a recuperar la compostura.

— Sí, desde luego— dijo—. Aunque es extraño porque parece que ellos dos no tienen nada en común... como si fuera increíble que quisieran salir.
— Pero así es— dije—, ¿No es genial que Jimi tenga alguien a quien quiera mucho?
— Claro— dijo muy serio.
— ¿No estás feliz por ellos?

No dijo nada. Sólo me miró. Estaba por decirme algo cuando llegó Jimi.
Él cambió radicalmente y volvió a ser el de siempre. Salimos. Tomamos el autobús. Ellos compartieron asiento. Al bajar aún teníamos que caminar.

— Jimi— le pregunté—, ¿Vas a hacer algo el sábado?
— No— dijo Jimi pensativo—, creo que no.
— Entonces vayamos a algún sitio— dijo Derek rápidamente—, se me ocurren muchos lugares grandiosos.
— ¡Sí, vayamos!— dijo Jimi entusiasmado.
— Pero pensé que estarías con Evan— le dije.
— Él trabajará todo el día el sábado— me dijo Jimi—. Así que tengo el día libre. ¿Quieres venir con nosotros?
— Ella no puede— dijo Derek—, va a regresar al museo el sábado con sus amigos.
— ¡A Zac y a Jason les encantará ir!— dijo Jimi.

Me observó feliz. Yo miré a Derek. Él parecía el mismo de siempre.
Poco a poco empecé a entender lo que pasaba. Y en lugar de ser algo bueno, no me gustaba para nada lo que estaba sucediendo.

— Esperaba que vinieras con nosotros— le dije a Jimi.
— Ya aceptó venir conmigo— dijo Derek—. Ya podrá ir contigo otro día.
— Lo siento Laura— dijo Jimi.
— No, está bien— dije.
— Entonces— le dijo Derek a Jimi—, ¿Te acompaño a casa?
— ¿Está bien para ti?— le preguntó Jimi.
— No es ningún problema— le dijo.
— Yo tengo que irme— dije mientras los observaba.
— Sí, que te vaya bien— dijo Derek.

Se fueron. Yo no era tonta, sabía lo que pasaba. Y debía hacer algo. No estaba bien para nada.

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