En veces cuando más te estás ahogando es cuando mejor puedes respirar, decían algunas personas. Pero yo sentía que no. El tiempo no curó nada. Y me estaba ahogando cada día más. Llevaba semanas sin poder escuchar una sola canción porque todas me recordaban a Evan, y sin querer me había dado cuenta de que todas las que quería escuchar eran muy tristes.
Así que dediqué mi tiempo a escuchar a Taylor Swift porque ya que nunca tuve amigos, ella fue la que me enseñó muchas cosas sobre la vida. Pero aunque me advirtió, no le creí cuando dijo que el amor podía ser muy doloroso. Pero así era. Y no había querido hablar con Zac porque sabía que piensa que aún me gustaba Evan. Y no iba a estar de acuerdo con mis sentimientos. Le daba la razón: enamorarse de alguien que ya tiene a otra persona era estúpido. Pero así estaba. No podía cambiarlo. Aunque deseaba dejarlo ir. Y no podía.
Así que tomé una decisión, como último recurso.
— ¿Estás seguro de eso?— me dijo Will cuando fui a verlo—. Porque recuerda que hoy quedamos en ir a casa de Zac para una mini fiesta de Navidad.
— Quiero hacerlo. Será rápido. Pero necesito que no le digas a Zac. Él va a enojarse.
— No creo que se enfade. ¿Seguro de que quieres ver a Evan ahora?
— Tengo que darle algo. Sé que si hago eso podré salir adelante. Sólo necesito que distraigas a Zac un poco. Juro no tardarme.
— ¿Si pregunta por ti qué hago? Se supone que llegaríamos juntos... y tengo la sensación de que si descubre que miento va a matarme...
— Dile que mi abuelita se puso enferma de repente. Eso sí va a creerlo.
Will no parecía muy seguro. Y yo menos. Pero no quería pasar la navidad pensando en Evan. Igual iba a hacerlo, pero quería que fuera como amigos. No como la persona que amaba. Así no quería terminar. Y últimamente me sentía mejor. Soportaría verlo. Tenía que hacerlo. Había que hablar.
Corrí por la calle. Will se metió a su auto. Era tarde. Muy pronto anochecería. Y tenía que estar en casa a las 9:00 para la cena de navidad. Así que mi misión de Noche Buena era llegar a tiempo a mis compromisos.
Mientras más caminaba por las calles, más nervioso me ponía. Me acercaba a la casa de Evan. Si él no estaba ahí, seguramente podría encontrarlo en su trabajo. Estaba por llegar cuando pensé: ¿Y si fue a ver a Alex? Podría hacerlo. Pasaría tiempo con su novio...
Me detuve y sentí ganas de llorar. Muchas. Pero me tragué mis sentimientos. Al fin y al cabo, no era la primera vez que lo hacía.
Golpeé la puerta con los nudillos. Y apreté fuerte el libro de Romeo y Julieta contra mi pecho. Respiré profundo. Ese sería el día. Sacaría a Evan de mi vida para siempre.
Esperé un poco pero no salió nadie. Decidí ir a su trabajo. Si no estaba ahí entonces significaría que...
No, no era momento de pensar en eso. Que pasara lo que tuviera que pasar.
Cada paso me costaba más trabajo. Porque una parte de mí no quería que todo terminara. Evan era lo mejor que me había pasado en la vida. La había cambiado en todos los aspectos favorables posibles que... nunca imaginé que terminaríamos así. Pero eso pasó. Y no pude hacer nada. Aunque debí. Si me hubiera negado, si hubiera luchado por él tal vez... pero bueno, el hubiera no existe. Esa era la primer cosa que aprendí de él. Las cosas tenían que pasar así.
Hacía mucho frío cuando llegué a la tienda de 24 horas. Miré el letrero de luces neón. ¿Entraría o no? ¿Debería? ¿Qué pasaría si todo salía mal? No soportaría un rechazo más... me giré por instinto y lo vi, ahí, en la puerta, mirándome como si no creyera que estaba frente a él. Me tomó por sorpresa. Mi corazón comenzó a latir desbocado. Traté de tranquilizarme a mí mismo. Pero parecía imposible. Él me había puesto nervioso toda mi vida y parecía que lo seguiría haciendo.
— ¿Qué haces aquí?— dijo, incrédulo aún.
— Yo vine a verte...
— Ah...— dijo, todo comenzó a ponerse incómodo.
— Pensé que estabas... adentro— dije, me costaba hablar con él.
— Ya me voy. Terminó mi turno. Hoy es Noche Buena y salgo temprano... porque ya terminó mi turno y porque es Noche Buena... tú sabes...
— Sí— dije, ésto se estaba poniendo raro—. Yo sólo.. sólo quería devolverte ésto...— le extendí el libro.
— ¿El...el libro? ¿Por qué? Es tuyo. ¿Recuerdas? Tú lo conservabas porque yo tenía tu beso...y...
— Es tuyo— dije, con todas mis fuerzas—. Tú lo compraste y... no me debes nada. Sólo quiero que... tus cosas las tenga... la persona a la que amas— él lo tomó, no supe cómo proseguir, comencé a caminar pero antes de avanzar me sujetó del brazo.
— Por eso— dijo muy serio, lo observé sorprendido—. Por eso tú debes tenerlo, Jimi.
— Tú debes... darle ésto a... a... a él— respondí, traté de liberarme pero él no me dejó.
— Es tuyo. Tómalo. Aunque entenderé si me odias y no quieres tener nada mío...
— No es para mí— insistí—. No te odio. Pero las cosas importantes deberían de tenerlas las personas importantes para ti y... yo... no...
— Jimi— dijo, se acercó a mí y estuvimos relativamente cerca—, tú eres importante para mí. Lo sabes. Pero...
— ¡Déjame ir!— le dije asustado.
— No, antes escucha lo que tengo que decir...
— No es necesario— dije, traté de irme pero él no me soltaba.
— Tienes que escuchar...
— ¡No hay nada que tengas que decir!— le grité—, ¡Sólo toma el libro y ya!
— ¡Te amo!— dijo alterado.
Lo observé asombrado, con los ojos muy abiertos. Miré su cara. Él parecía muy serio. Parecía como si... como si... fuera cierto... como si me amara... sentí que mis lágrimas querían empezar a salir.
— De... deja que me vaya— reiteré con dolor.
— Te amo, Jimi. Esa es la verdad. Es todo lo que sé... y aunque lo intente, e incluso si trato de convencerme a mí mismo de que no te ame, sé que eres la única persona que amaré de esta manera...
— No es cierto— dije, básicamente estaba llorando—. Por que te fuiste con él y... me dejaste...
— Pero te amo. Es tonto y egoísta pdecirlo pero... así es. Y no quiero tener que negarlo. Me gustaría poder explicarte todo lo que pasa pero sé que no vas a entenderlo. Al menos ahora lo sabes. Te amo. Eso no puede cambiarlo nadie.
— ¿Cómo puedes decir eso si estás con él?— dije, me limpié las lágrimas con la manga de mi abrigo.
— Ya lo sé. Lo sé. Y me siento mal. Y está bien si me odias. Pero no puedo callar lo que siento. Más si estás aquí. Más si quieres deshacerte de lo único mío que tienes...
— Es que... sólo quiero que... ésto termine porque... por que...
Miré su cara. Y él la mía. Y por un momento ya no supe qué decir. Es que... lo amaba tanto y él... había dicho que me amaba... y tenía tantas ganas de llorar porque siempre soñé con que eso fuera verdad... porque quería que él no me quisiera pero me quería y... yo sólo quería llorar.
— No, Jimi— tomó mi cara entre sus manos—. No quiero perderte...
Se acercó lentamente. Pude alejarme pero no lo hice. Sus labios se acercaron a los míos. Me besó. Y correspondí ese beso. Fue como si todas las cosas que habían mal en el mundo encontraran una solución... como si nunca me hubiera alejado. Mis labios recordaban tan bien a los suyos... como si hubiera nacido junto a él. Y no me aparté porque aunque una parte de mi mente me decía que estaba mal, yo no lo pensé más. Sólo quería seguir besando sus labios. Como si fueran los viejos tiempos. Como si fuera ayer. Como si no tuviera que despedirme de él unos instantes después.
Justifiqué todo con mi amor. Estaba muy enamorado. Mucho. Demasiado. Tanto que dolía. Como si fuera a morir. Como si fuera al paraíso antes de saber que caería en el infierno.
Nos separamos y lo observé. Esperé a que dijera algo. Pero sólo se limitó a verme. Y había algo en sus ojos y su expresión que hacían que quisiera llorar....
— ¿Evan?— dijo una voz.
Ambos nos giramos. Alex estaba ahí, mirando que las manos de Evan estaban alrededor de mi cintura. Y que yo no dejaba de sostener su brazo.
No, en ningún momento sospeché que él podría estar ahí, viendo todo.
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Rumores De Pasillo
RomanceJimi se declaró abiertamente gay en la escuela y empezaron a molestarlo por eso. Evan, un rubio popular que también lo molestaba, resultó sólo hacerlo porque los demás lo hacían... pero realmente guardaba un secreto: le agradaba Jimi. Mucho. Más de...
