186. El extraño diario de Zac

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Mandé a George al centro comercial. Se fue con Evan y con Laura. Yo necesitaba quedarme a terminar de organizar un par de cosas. Además, la tía Janeth estaba de visita en mi casa, aunque sólo porque papá la había enviado por un documento. Me sorprendió que fuera ella personalmente por eso ya que para esas cosas papá solía enviar a su asistente.

Jason y Jimi hablaban de cosas que yo no entendía. Pensé en alejarme un poco por si necesitaban hablar. Así que les dije que iría a ver a Jill.

Entré. Ella estaba con la tía Janeth.

— Hola Zac— me dijo ella.
— Hola— dije.
— ¿Cómo va esa campaña política?— me preguntó—. Mis hijos dicen que vas a ganar.
— Probablemente así sea—dije—. Voy bastante bien.
— Qué bien— dijo—. Si me disculpan, tengo que irme.

Jill y yo nos despedimos. La tía se fue.

— ¿Y George?— me preguntó Jill.
— Se fue de compras— dije.
— Parecía feliz.
— Lo está— dije—, hoy podría ser su día.
— Me enorgulleces— me dijo Jill feliz—. Siempre estás ocupado buscando el bien común o pensando en otras personas. Aunque creo que deberías pensar más en ti también, de vez en cuando.
— Pero lo hago— dije—. Pienso que soy fabuloso.
— Hablo en serio— me dijo.
— Yo también. Además, me gusta controlar lo que pasa a mi alrededor. Y organizar planes es una forma de eso.
— Sí pero creo que estás dejando un poco de lado tu vida. Deberías ser feliz y enamorarte.
— No necesito eso— dije.
— Zac, todo el mundo necesita amor. Aunque sea un poquito.

Iba a decirle que yo debía ser alérgico al amor cuando la profesora y Will aparecieron. Jill fue a hablar con la profesora. Will se acercó a mí.

— Will, te ves bien— dije—. Hasta casi pareces normal.
— ¿Qué significa eso?— preguntó.

Jimi y Jason entraron. Se acecaron.

— Ustedes me deben una explicación— les dije.
— Pues te la seguiremos debiendo— dijo Jason.
— Eso no es justo— dije.
— Si la vida fuera justa Will no tendría tantos problemas— dijo Jason—. Pero no es así.
— ¿Qué problemas?— pregunté.
— Yo... —interrumpió Will—, debo irme.
— ¿A dónde?— preguntó Jimi.
— A... a tomar aire— dijo Will.

Salió rápidamente.

— Eso fue extraño— dije.
— Sí— dijo Jimi—. Will parecía nervioso. Creo que iré a ver si está bien.

Jimi salió. Me quedé con Jason, con muchas preguntas.

— ¿Me estoy perdiendo de algo?— pregunté.
— De muchas cosas— dijo Jason.
— No vas a decirme, ¿Cierto?— dije.
— Exacto. Pero no te preocupes, algún día sabrás todo.

Lo miré con desconfianza.
Odiaba no saber qué pasaba. Para alguien tan controlador como yo, eso era una tortura.

Decidí quedarme así. Observé a Jill y a la profesora. Parecían tener una buena relación. La profesora notó que yo la veía. Se acercó.

— Zac— dijo, distante.
— Profesora— dije de igual forma.
— Esto sólo es parte de mi trabajo— dijo ella—. No estoy aquí por diversión.
— Lo sé— dije—. No es como si hubiera planeado todo esto.
— ¿Por qué se siente como un plan?
— No lo sé— dije—, pero no lo es.

Se escuchó el sonido del auto. Salimos. George salió. Laura y Evan también.

— ¿Encontraron todo?— pregunté.
— Sí— dijo George—. Pero lo compramos en otra parte.
— ¿Por qué?
— Nos echaron del centro comercial— dijo Laura, decaída.
— ¿Qué?— pregunté, incrédulo.
— Al parecer va en contra de las reglas meterse a la fuente— dijo Evan.
— ¿Por qué se metieron a la fuente?— preguntó la profesora.
— Laura lanzó una moneda a la fuente para pedir un deseo— dijo Evan—. Pero se arrepintió. Así que decidí sacar la moneda para que la lanzara de nuevo.
— ¿Por qué no arrojaron otra?— preguntó Jill.
— Ya no teníamos más monedas— dijo Laura.
— En pocas palabras— dijo George—, no podemos acercarnos a esa fuente nunca más.
— Igual no lo necesitamos— dijo Evan—. No volveré a pedir ningún deseo más. Tengo todo lo que necesito... ¿Y Jimi? ¿Y mi Jimi?
— Debía estar aquí— dijo Jason—. Salió a hacerle compañía a Will.
— ¿Por qué?— preguntó Laura.
— Al parecer Will no se sentía bien— dije—. Aunque realmente no entiendo porqué.
— Ah, ya sé qué pasa— dijo Laura—. Bien. Buscaré a Will y a Jimi. Ustedes suban todas las cosas a los autos.

Ella se fue. La observé irse por la calle. Parecía saber bien lo que hacía. Decidí hacerle caso. Subimos las cosas. Evan se la pasó quejándose y preocupándose por Jimi. La profesora y George estaban muy callados. Jason también. Jill nos ayudaba pero parecía estar muy atenta a su hermano.

Después de un rato. Will regresó junto a Jimi y a Laura. Evan corrió a abrazar a Jimi. Will lucía mejor.

— Listo, vámonos— dijo Laura.

Nos habíamos organizado de forma en que mi conspirador pero bien intencionado plan diabólico diera resultado. George y la profesora irían en el mismo auto junto a Laura y Jason, que se encargarían de notificarme cualquier avance o cualquier problema. En el otro auto irían Will, Evan, Jimi y yo. Quería supervisar mi plan personalmente pero Evan no quiso separarse de Jimi y no iba a dejar al pequeño Jimi sin supervisión, sobre todo cuando le prometí a su padre que cuidaría de él.

Así, emprendimos el viaje. Desde el asiento del copiloto, podía ver a Evan y a Jimi. Ambos estaban absortos en su conversación mientras se reían. Se miraban.
Como si no hubiera nada más en la vida que ellos mismos. Como si nada importara.

— Qué envidia— dije.
— ¿Eh?— dijo Will, que conducía.
— No, nada— dije.
— ¿Seguro?
— Sí, sólo estaba pensando en voz alta... como si fuera un completo loco.
— No creo que pensar en voz alta sea de locos— dijo—. Creo que toda la gente debería hacerlo.
— ¿Tú lo haces?
— Claro— dijo—. Últimamente más de lo que debería.
— ¿Y qué es lo que piensas tanto?
— Algo importante.
— ¿Has llegado a alguna conclusión satisfactoria ya?
— No realmente.
— ¿Necesitas que te ayude?

No me contestó. Me quedé esperando una respuesta.
Mi teléfono sonó. Lo tomé. Era Laura. Al parecer las cosas iban bien en el otro auto. George y la profesora iban peleando. Al menos ya no se ignoraban.

— Mi plan funciona— dije feliz—. Me siento poderoso.
— Qué bien— dijo Will.

Me giré hacia atrás.

— ¡Mi plan está vivo!— le dije a Evan y a Jimi—, ¡Vivo!

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