53. El diario de Jimi

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Al día siguiente nada estaba bien. Alex se encontraba en el hospital con fracturas y tratando de enfrentar todo lo que pasó. Y desde luego Will lo acompañaba, pensando probablemente en lo que llevó a su hermanito a querer quitarse la vida. Había llamado varias veces al teléfono celular de Zac pero no contestaba. No respondía mis mensajes. Me odia, pensé. Él sabía seguro que yo era culpable.
Evan no fue a trabajar. Se quedó en casa. Aunque todos le aseguraron que él no era el culpable.

Yo por mi parte sentía que pude haber evitado todo. El hubiera no existe, pero si pudiera regresar en el tiempo y cambiar algo, cambiaría ese momento.
Mis padres se preocuparon por mí. Pero cuando supieron lo que pasó, nadie dijo nada. Decir que no estaba afectado sería una gran mentira. No podía dejar de pensar que si yo no hubiera existido, todo estaría bien. Porque realmente todo empezó a suceder desde que yo aparecí en sus vidas.

— No te ves bien— dijo mamá—. Deberías ir con ellos.

Pensé en eso. Tal vez no querían verme. Y habían cosas que podían no tener solución. Pero por esos días aprendí que habían cosas que sí la tenían. Y yo no era el tipo de persona que se quedaba así, esperando que las cosas pasaran. Así que sabía que debía intentar arreglarlo. Por que aunque nadie había dicho que estuviera mal, si no nos hablabámos, era porque algo no anda bien. Y cuando más los necesité, ellos estuvieron ahí.

Caminé ese día, 25 de diciembre, por las calles brillantes y desoladas. Y con cada paso, revivía cada cosa que pasó la noche anterior. Regresaba la culpa. Mi cabeza no dejaba de pensar cosas. De imaginar lo que pude haber dicho, lo que pude haber hecho. Pero ya era demasiado tarde.

Golpeé la puerta de Zac un poco porque pensé que el timbre de su casa no servía. Pero sí estaba ahí. Me abrió. Se veía terrible. Su cabello estaba muy despeinado y traía la misma ropa que el día anterior. Me invitó a pasar. Pero no dijo nada más. Había algo extraño en él pero no pude descifrar bien qué era. Sólo estaba seguro de que no era el mismo. Pero pensándolo bien, todos cambiamos un poco esa noche.

— ¿Estás bien?— dijo él.
— Sí. ¿Y tú?— pregunté. Esperé varios minutos su respuesta.
— Estoy bien. Tienes que saber que nada es tu culpa. Nada de esto tiene que ver contigo. Te conozco bien como para saber que no has dejado de pensar en eso. Así que deja de torturarte.
— Pero es que...
— No digas más— me interrumpió—. Sólo deja de culparte. Nadie tiene la culpa. Todos hicimos lo que pudimos.
— Pero si yo...
— Jimi— dijo, se acercó y me tomó de los hombros—, todo está bien. Ya no hay razón para pensarlo más. Sólo nos queda seguir adelante. Y recuerda que los doctores dijeron que estará bien. La caída no fue muy alta. Tuvo mucha suerte.

Lo miré. No sonrió pero parecía tranquilo. Imaginé que nadie estaba con humor para sonrisas. Me sorprendía lo maduro que era. Lo inteligente que era. Y esa habilidad de decir cosas que siempre me hacían sentir bien.
Lo abracé. Era cierto. Todo iba a estar bien. ¿Acaso no iba yo a arreglar las cosas?

— Te estuve llamando— le dije.
— Mi teléfono se descargó ayer. Se me olvidó cargarlo— dijo.
— ¿Todo está bien?— le dije, lo miré—, por que si hay algo que te moleste puedes decirme.
— Lo sé, pequeño Jimi. Estoy bien. Y tú deberías estar con Evan. Debe estar pasando un mal rato.
— Voy a ir a verlo ahora— dije.
— Entonces no deberías perder el tiempo.

Me despedí varias veces de él. Cuando salí vi que el auto de Will estaba estacionado afuera. Y él iba saliendo. Se veía igual que Zac, golpeados por el estrés. Me observó sorprendido.

— Hola— dije.
— Hola— dijo—. ¿Zac está en casa?
— Sí. Acabo de estar con él.
— ¿De verdad? No respondió mis llamadas y pensé que... tal vez... no está o...
— Su teléfono se descargó. Pero sí está.
— ¿Está... enojado?— dijo preocupado.
— ¿Por qué lo estaría?— dije.
— Es que... creo que me odia y... probablemente no quiera verme ahora... y tuve que dejar a Alex porque no pude dormir toda la noche por tanto pensar... y de verdad quiero disculparme...

No entendí nada de lo que dijo. Pero por primera vez en la vida sí sabía qué decir.

— Zac es una buena persona— le dije—. Siempre ayuda a los demás. Y si tuvieron algún malentendido, sé que él puede arreglarlo.
— Tienes razón— dijo—. Tengo que disculparme.
— ¿Alex está bien?— dije.
— Mis padres están con él. Aún no despierta de terapia intensiva. Pero estará bien. No te preocupes. Y aunque sé que probablemente Zac ya te lo dijo, quiero decirlo de todos modos. No es tu culpa. Nada de lo que pasó. No es culpa de nadie. Cada quién toma sus propias decisiones, aunque no sean las más acertadas. Y también quiero pedirte perdón. Mi familia ya te ha hecho pasar por tanto....
— Yo soy quién debería pedir perdón. Lo siento. Si yo no hubiera...
— Jimi, de verdad, no es tu culpa— me interrumpió—. Todo está bien. Muy pronto todo se solucionará. Ahora, creo que deberías de estar con Evan. Pasó mucho tiempo en el hospital. Debe estar en casa. Te necesita.
— Iré ahora— dije.
— Te deseo suerte— dijo, asentí y salí corriendo.

Las cosas, de una manera muy extraña, estaba encontrando solución por sí mismas. Pensé que esto es a lo que llamamos destino.

Caminé por las calles de nuevo sólo que esta vez menos preocupado. Me sentía ligero. Y un poco más optimista. Todo saldría bien. Lo sabía. Podía sentirlo. Sólo necesitaba ver a Evan. Y decidir qué iba a hacer.

Llegué a su habitación. Me parecía tan ajena, como si hubieran pasado varios años desde que la vi por última vez... siendo que fueron unas pocas horas. Golpeé varias veces. Hasta que él salió. Y nos miramos.
Los ojos de Evan eran mágicos. Simplemente con mirarlos todos mis miedos se habían ido. Quizá porque por más que lo intentara no podía dejar de gustarme.

— Hola— dije. Esperé su reacción.
— Hola— respondió.
— ¿Estoy interrumpiendo algo? Por que puedo irme y...
— Jimi— tomó mi brazo con fuerza y lo observé atentamente—, no te vayas. Por favor, no me dejes.

Él era una mezcla de miedo, nervios, preocupaciones, estrés y sueño. Necesitaba dormir. Se le veía en la cara.

— ¿Has dormido? Necesitas dormir. Will dijo que estuviste en el hospital hasta muy tarde y...
— Alex va a estar bien. No te preocupes por él.
— Lo sé. Ahora me preocupas tú.
— No tengo sueño. Al menos no quiero dormir hasta contarte todo. Necesito que sepas. ¿Podrías escucharme? Sé que no merezco tu atención pero... me gustaría que supieras por qué. Al menos déjame explicarte.
— Te escucharé— dije.

Me hizo pasar. Me sentía extraño. Pero tenía que escuchar todo eso para entenderlo. Algo me decía que no sería fácil de procesar.

Pero recientemente también había aprendido que la vida no era nada fácil.

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