Las personas decían cosas de nosotros. Zac dijo que haría algo pero posiblemente tampoco sabía qué hacer.
Evan me dijo que no debería preocuparme. Así que decidí hacerle caso.
Hasta que inevitablemente pasó lo que siempre temí que pasara.
Decían cosas malas de Evan por mi culpa. Cosas horribles. Las escuchaba todas porque las personas ya no se preocupaban por ser discretos. Todos. Las personas que alguna vez consideré como buenos compañeros, se habían transformado de tal forma que cuando los escuché hablar me sentí horrorizado.
A mi alrededor todos me miraban. Hablaban. Mucho. Me acusaban con la mirada. Sentí que quería llorar. ¿Por qué me había vuelto tan sensible? Mi pecho dolía mucho. Me sentía como un total extraño ahí. ¿Se suponía que la escuela tenía que darme tanto miedo? ¿Siempre fue así de aterradora? ¿Por qué repentinamente parecía el lugar más inseguro de mundo?
Quería salir corriendo pero no había lugar al que podía correr. Todos eran el mismo. Estaba atrapado. Me sentía así. Desde siempre sin embargo, por un momento, lo había olvidado.
Corrí al jardín. Me escondí detrás de un árbol. Me quedé ahí. Pasaron unos cuantos segundos hasta que apareció Evan, que perdía el aliento por tanto correr. Parecía cansado. Lo miré. Casi me pongo a llorar. Pero debía ser fuerte. Así que enterré todo lo que sentía.
— Jimi— dijo él—... ¿Que... qué haces aquí?
No dije nada. Porque si abría la boca estaba seguro de que saldría una mentira. No quería mentir. No a Evan. Pero tampoco quería decirle la verdad.
— Te escondes— dijo él.
Lo miré. Parecía triste. Evan estaban triste. Evan estaba sufriendo. Mi Evan estaba pasándola mal.
— Lo siento— dije, casi lloro pero seguía intentando controlarme—, es mi culpa. Hablan de ti porque estás conmigo. En verdad lo lamento.
Él me miró. Estaba afligido.
— No es tu culpa— dijo mientras tomaba mi mano.
— Me siento muy culpable— dije, técnicamente ya estaba llorando—. Demasiado.
— ¿Por qué?
— Porque decidí amarte. Y porque no entiendo como algo que me hace sentir tan feliz puede provocar tanto dolor. Me duele. Ellos hablan y trato de aparentar que no me afecta pero... es así. No quiero que hablen de ti.
— Jimi— dijo—, no es tu culpa. No tienes porque dejar que algo así te afecte tanto...
No me miró. Sólo se quedó pensativo un momento.
— En realidad— dijo—, yo no tengo derecho a decirte que seas fuerte. A decirte que no debería de afectarte. Porque si estoy aquí es por que buscaba esconderme.
Lo miré. Evan quería llorar. ¿En verdad era tan horrible?
— Lamento que esto sea más horrible de lo que ya era— dije.
— Siempre va a ser así, ¿No?— dijo—, siempre van a pensar que está mal.
Quizá, pensé, quizá está mal en verdad.
— Tal vez nosotros no...
Él me miró. Yo no supe qué decir.
— En mi vida casi nunca he estado seguro de las cosas que he hecho— dijo—, porque no sé que va a suceder en el futuro. Sin embargo eso no significa que no quiera que ciertas cosas pasen, por que sí hay algo de lo que estoy absolutamente seguro que quiero. Quiero que estés conmigo. Eres lo único bueno que me ha pasado en una vida llena de desgracias. Así que por favor, no digas que nosotros estamos mal o que somos culpables.
— Es que... te ves en verdad triste— dije entre sollozos—... y no quiero verte llorar por todas esas cosas que dicen de ti. Y no puedo evitar pensar que las dicen porque estás conmigo.
Él se limpió los ojos con la manga de su suéter.
— No lloro por lo que dicen de mí— dijo—, sino por lo que dicen de ti. Porque dicen cosas horribles. Dicen que estás mal. Dicen que fuiste un error. ¿Qué se supone que debo sentir cuando dicen que el amor de mi vida es un error?
Lo miré. Lloré. No pude hacer otra cosa más. Él se quedó junto a mí. Me abrazó. Entonces me di cuenta de algo. Me parecía que lo que decían de mí dolía más que antes, pero no era por eso. Era porque en realidad lo que dolía no era lo que decían de mí, sino lo que rumoraban de Evan. Me dolía pensar que él sufría por mí. A él le pasaba lo mismo. Dolía más porque ambos sufríamos por el otro.
— Amar no es un error— dijo—. Lo que tenemos no es un error. Es lo único real que tengo.
— ¿Qué debemos hacer?— pregunté—, ¿Qué hago ahora?
— Quédate conmigo— dijo—. Sólo eso necesito para sentir que soy la persona más afortunada del mundo.
Nos miramos. Estábamos juntos. Eso no iban a poder cambiarlo.
— Quiero estar contigo— dije—, sin importar lo que digan. Sin importar cuántas personas piensen que está mal. Incluso si en verdad está mal. Sólo quiero poder amarte...
— Lo sé— dijo él—, también sé que no va a ser fácil. No mientras exista alguien que no entienda que el amor viene de muchas formas diferentes. Pero sé que vas a estar conmigo. Con eso es suficiente para mí.
Miré a Evan y me sentí tranquilo. Tal vez no podíamos hacer nada por evitar que hablaran pero al menos estábamos juntos. Al menos nuestro amor era real. Y eso no era algo que tenía cualquiera.
Miré a mi izquierda y detrás del árbol miré a Zac. Nos veía totalmente sorprendido.
— Zac— dije, Evan que no se había percatado de su presencia, se giró a verlo.
— Éste es mi árbol favorito— dijo, sonaba afectado—, no quería espiarlos pero... no pude evitar escucharlos... no sabía que todo esto era demasiado duro para ambos y... yo no debería estar aquí...
Se giró y empezó a caminar.
— ¡Zac, espera!— le dijo Evan.
Él se detuvo. Corrimos a alcanzarlo.
— No estamos molestos contigo— dijo Evan.
— Lo sé— dijo él.
— Estaremos bien— le dije.
— Eso también lo sé— dijo—. Están juntos. No hay forma de que se sientan tan mal. No por mucho tiempo.
— No me refería a sólo nosotros— dije—. También hablaba de ti. De Laura y de Jason igual. Estaremos bien. Porque somos amigos. Encontraremos la solución. Confía en mí.
Él me miró sorprendido.
— Jimi, en verdad no sé qué haría sin ti en mi vida— dijo.
— Probablemente te hubieras unido a una secta— le dijo Evan—. Incluso serías el amo supremo.
— Ahora comienzo a preguntarme qué sería de mí si jamás te hubiera conocido, Evan— le dijo Zac pensativo—. Tal vez me habría casado con Jimi.
— ¡No, eso no sucederá jamás!— dijo Evan escandalizado.
— Pero hubiera sido bueno para Jimi— dijo él—, con mi inteligencia y su carácter gentil, hubiéramos tenido el matrimonio perfecto.
Miré a Zac. Evan parecía molesto con él. Yo sólo pensaba en lo último que dijo.
— Te equivocas— le dije.
Ambos me miraron.
— ¿Me equivoco?— dijo Zac.
— Sí— afirmé—, porque acabas de hablar como si el matrimonio fuera un arreglo de negocios. Y no es así.
Él parecía más sorprendido de lo que ya estaba.
— El matrimonio es amor— dije.
Me sonrió.
— En verdad no sé qué haría sin ti— me dijo.
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Rumores De Pasillo
Любовные романыJimi se declaró abiertamente gay en la escuela y empezaron a molestarlo por eso. Evan, un rubio popular que también lo molestaba, resultó sólo hacerlo porque los demás lo hacían... pero realmente guardaba un secreto: le agradaba Jimi. Mucho. Más de...
