Vivir solo seguía preocupándome. Y mamá no regresaba. Por eso días me costaba mucho buscar pretextos para papá cuando me preguntaba por ella cuando iba a visitarme. Era cada vez más difícil.
— Qué mal que ella no está— dijo papá—. Quería avisarle que planeo que vayas a cenar a mi casa.
— ¿A tu casa? ¿Cuándo?— dije—, ¿Tengo alguna otra opción?
— No. Quiero que vayas hoy.
— ¿Sólo nosotros dos?
— Jill estará ahí.
— ¿Es necesario que vaya? Ya casi es San Valentín. Tú y ella podrían tener una cena romántica.
— Es necesario. Ella quiere conocerte. Y yo también quiero que la conozcas.
— Hoy no puedo. Tengo que estudiar para la final.
— Ya has estudiado mucho. Tómate un respiro.
— Sí, pero... a mamá no va a gustarle.
— Ella estará bien. No le haces tanta falta. Y sólo será por una noche.
— Pero a ella no le agrada que tengas novia. Puede volverse un monstruo y no dejarme ir. Tal vez piensa que quieres apartarme de ella.
— Pues tendrá que soportarlo. No cambiaré de opinión. Hoy vendré por ti a las 7:00 pm.
Dicho esto salió.
Yo formaba parte de ese porcentaje de la población que pensaba que sus padres no los comprendían.
No planeaba siquiera ir. Quería fingir mi muerte, salir huyendo o pagarle a alguien para que me secuestrara.
No funcionó. Papá fue tan puntual como siempre. Llegó, me recordó que dependía económicamente de él y me obligó a subir a su auto.
Entré a su casa luego de una hora de viaje. Viví en ese lugar mucho tiempo pero me parecía muy ajeno. Estaba muy cambiado. Papá siempre tenía a ese lugar bastante abandonado, con una decoración escasa y monocromática. Sin embargo, esa noche lucía muy bien, con cuadros de bellos paisajes en las paredes y muebles de diseños divertidos e interesantes. Jill. Ella debió haber decorado el lugar. No la conocía pero sentía que iba a caerme bien.
Al llegar al comedor, ella estaba de pie esperándonos.
Papá me había mostrado una foto de ella pero nunca me había interesado conocerla en persona. Pensaba que era muy joven como para estar con un hombre que ya tenía un hijo de 17 años. Papá decía que en realidad ella no era tan joven. Quizá era de ese porcentaje de la población que como Will aparentaba una edad inferior a la que tenía. Los demás debíamos conformarnos con envejecer irremediablemente.
Ella era rubia, bonita, joven y con una sonrisa encantadora. No sabía cómo describirla además de eso. No me preocupaba por la elección de mi padre porque él era un hombre muy inteligente que solía rodearse de personas cultas y sensatas. Imaginé que Jill debía ser así.
Nos sentamos a cenar. No sabía qué diablos estaba comiendo pero me gustaba. Al parecer, Jill era como un chef y eso era su platillo especial Tailandés. Al parecer a todo el mundo lo enloquecía Tailandia.
— Zachary— dijo Jill—, tu padre me contó lo del certamen. Estoy muy orgullosa de ti. Debes estudiar mucho últimamente.
— Lo hago— dije—. Por suerte tengo un amigo que también pasó a la final. Estudiamos juntos.
— Eso es estupendo— me dijo ella—. Deseo que ganes, se ve que te has esforzado mucho.
— Gracias— dije, bastante extrañado.
Papá debió decirle que yo era el próximo anticristo y que si quería ganar mi simpatía tenía que esforzarse, lo que explicaba el por qué se comportaba como si hubiera caído del cielo.
Sin embargo mientras más seguía la conversación y mientras más la observaba, más me daba cuenta de que no estaba forzándose a sí misma para agradar, sino que realmente era así. Y no podía creerlo. Es decir, mi padre, la persona probablemente más aburrida y seria del planeta no podía estar con alguien como ella.
— Como decía— me dijo ella—, el otro día llevé a tu padre a ver una película de terror. ¡Fue tan raro para él! Me dijo que nunca había visto una así.
— Probablemente no veré otra de nuevo— dijo él—. Eso fue lo más horrible que he visto.
— Entonces, la próxima vez que quiera ver una debería ir con Zac, ¿No?— dijo ella.
Ambos me miraron. Yo aún seguía asimilando el hecho de que mi padre, el sujeto cuyo canal favorito era el del clima, había visto una película.
Ella debía tener una gran influencia en él. Pero no mala. Y yo adoraba las películas de terror. Es decir, gente sufriendo, sangre y tripas parecían ser lo mío. Y ella definitivamente no me desagradaba.
— Estaría bien— dije.
— Será divertido— me dijo, contenta—. Sé cómo meter una hamburguesa de contrabando.
Me reí. Jill me agradaba. Tanto que incluso participé en sus conversaciones, lo que era increíblemente raro.
Ella me preguntó por la escuela, por mis amigos, por todo. Incluso por mi madre. Al parecer ella no la conocía tanto como para detestarla. No tuve que preguntarle, dijo que debía de tratarse de una “mujer maravillosa”, así que no la conocía en lo absoluto. Jill me daba confianza. Imaginé que eso debió ver papá en ella.
— Suena a que tienes buenos amigos— dijo ella—. Siempre es bueno tener personas en quien confiar.
— Eso creo— acerté a decir.
Por un momento debimos parecer una verdadera familia. Es decir, mi padre estaba sentado en una mesa conmigo y con una mujer, pero esta vez no quería asesinarla. Yucatán o tampoco. Jill me recordaba incluso a la madre de Jimi.
Una verdadera madre.
Recordé que mi madre me había abandonado. Ella sabía que yo no quería estar solo. Que deseaba quedarme en mi casa para siempre. Y que si me dejaba tendría que irme con mi padre. Aún así, me dejó. Sabía que era importante. No le importó. Como todas las cosas que hacía.
Solía justificarla porque pensaba que quizá no vivió su juventud como quería por mi culpa. Técnicamente era por mí. También pensaba que era inmadura por lo mismo. Pero no tenía que ser así. Quizá nunca le dije que la necesitaba porque esa sí sería una mentira. Pero en un momento como ese, en donde le expliqué que en verdad necesitaba que se comprometiera conmigo y que no me hubiera entendido, me hacía sentir mal.
Me pregunté entonces qué habría sido de mí si mis padres hubieran sido otros. Si hubieran sido los de Jimi. O los de Will.
¿Cómo sería yo? ¿Sería más feliz? ¿Sería más simpático?
Quizá, incluso, de haber tenido una madre en casa, eso que me pasó no hubiera pasado nunca...
Y yo mataría porque no hubiera pasado nunca.
No era mi culpa. Pensaba que sí. Pensaba muchas cosas. Y últimamente, por esas fechas, había llegado a la conclusión de que no quería estar solo.
Por eso cuando Will dijo que nunca se iría, me sentí infinitamente feliz... aunque no fuera cierto porque al final... todos se van... ¿No?
— ¿Estás bien?— me dijo Jill. Me miraba preocupada. Papá también.
¿Por qué odiaba a papá? Siempre pensaba que no me comprendía porque así era pero... siempre estuvo ahí. Aún cuando tenía empleo. Aún cuando yo causaba problemas. Pudo deshacerse de mí. Pudo iniciar una nueva vida con Jill pero no lo hizo. Quiso incluirme. Ambos quisieron.
Lo pensé. Quizá vivir con papá no sería tan malo. Tal vez podría estar con él. Tal vez podría tener una familia de nuevo. Tal vez así me sentiría menos solo.
— Mamá, ella...— dije, por alguna razón me sentía muy nostálgico—, se fue.
— ¿Qué?— dijo Papá atónito.
— ¿Se fue?— dijo Jill sorprendida—, ¿A dónde?
— A vivir otro de sus sueños— dije con trabajo.
— ¡Pero cómo!— dijo papá, hasta se levantó de su asiento.
— Me dejó una nota— dije y lo observé.
— ¿Se fue hoy?— dijo papá parecía molesto.
— No, ya tiene unos días...
— ¿Y has estado viviendo tú solo?
— No exactamente, el otro día unos amigos se quedaron conmigo...
— ¡Pobrecillo!— exclamó Jill antes de abrazarme.
Me quedé sorprendido. Jill se sentía como una mamá.
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Rumores De Pasillo
RomanceJimi se declaró abiertamente gay en la escuela y empezaron a molestarlo por eso. Evan, un rubio popular que también lo molestaba, resultó sólo hacerlo porque los demás lo hacían... pero realmente guardaba un secreto: le agradaba Jimi. Mucho. Más de...
