No quería parpadear. Sólo quería seguir mirando la cara de la profesora, que con los ojos muy abiertos y brillantes observaba a George. No lo miré a él, pero sí a ella. Me concentré en observarla todo el tiempo. Sus ojos se habían llenado de lágrimas. Y mientras George hablaba, ella parpadeaba y se caían lentamente por sus mejillas. Por eso yo no quería parpadear. No quería llorar. Sólo deseaba presionar la mano de Evan, tratando de equilibrarme. Para no caerme, para no llorar. Todo a la vez.
— Yo— dijo la profesora, con la voz temblorosa—, no sé qué...
— No es necesario que digas nada ahora— dijo George—. Probablemente todos estos años que han pasado pesan tanto que no puedes hablar. Lo entiendo. Pero dime algún día. No hoy. Pero algún día.
Me llevé la mano a la cara para limpiarla. En eso perdí el equilibrio y caí sobre el arbusto.
— ¡Jimi!— dijo Evan al mismo tiempo que tiraba de mi brazo hacia él.
Cuando por fin pude sostenerme en Evan y girarme a ver si nos habían descubierto, vi a George y a la profesora observándome. Ella volteó a su costado y se llevó las manos a la cara, probablemente para limpiarse las lágrimas.
— ¿Qué hacen aquí?— preguntó George astuto.
— Los estábamos buscando— dijo Evan.
— ¿Y desde hace cuanto que nos encontraron?— preguntó la profesora en tono autoritario.
— Desde hace un momento— dije—. Lo siento.
— ¿No estaban espiando?— dijo George enojado—, ¡Niños del demonio!
— ¿Niños?— preguntó Evan extrañado.
— ¿Del demonio?— pregunté yo confundido.
— ¿Por qué nos estaban espiando?— preguntó la profesora.
— Yo no lo llamaría espiar— dijo Evan—. Lo definiría como una “supervisión discreta”.
— No queríamos espiarlos— dije—, pero parecían estar en algo importante así que no queríamos interrumpirlos.
— Y sí que era importante— dijo Evan.
— ¿Qué tanto escucharon?— preguntó George.
— Todas las cosas cursis— dijo Evan.
— ¡No son cursis!— dijo George, enojado.
— Son la verdad, ¿No?— pregunté.
George me observó. Sonrió.
— Así es— dijo.
— Entonces deberían seguir hablando— dije.
— Llevamos hablando desde que entramos al coche— dijo George.
— No hablaban— dije—. Gritaban. Es más, creo que esta debe ser la primera vez que hablan sólo ustedes dos.
— Es cierto— dijo Evan—. Y tantos años deben necesitar muchas palabras. Así que deberían seguir hablando. Nosotros nos iremos.
— Sí— dije—. El camino de regreso ya se lo saben... así que adiós...
Tomé la mano de Evan salí de ahí corriendo. Hasta que evidentemente me sentí cansado. Me detuve.
— ¿Crees que estén bien?— me preguntó Evan.
— Probablemente... sí... creo que debería hacer... más ejercicio...
— Definitivamente— dijo Evan entre risas.
Lo observé. Ya era la puesta del sol. Él se veía increíble con la luz naranja en su cabello.
— Evan— dije—, ¿Crees que no me importa lo que tenemos?
Él me observó.
— ¿Qué? ¿Por qué piensas eso?— dijo riéndose como si fuera algo ridículo.
— ¿Lo crees?
Dejó de reírse. Me observó muy serio.
— ¿Por qué piensas eso?— preguntó.
— ¿Lo crees? Porque puede que parezca que no me esfuerzo en nosotros. Puede que parezca que no me importa. Puede que parezca que tú siempre das todo de ti por esto y que yo no doy nada de mí más que a mí mismo. Puede que parezca que he dado por hecho lo que tenemos. Pero no es así. Es sólo que... no sé qué debería hacer. Nunca lo sé. Cuando apareces tú algo en mi cerebro cambia y... no puedo pensar en otra cosa que no seas tú. Es estúpido, lo sé, suena como un terrible pretexto, lo sé, pero es verdad. No quiero que pienses que no me esfuerzo como tú. Sé que no lo hago. Por más que trato de pensar en si debería hacer algo por ti o en qué debería decir, no se me ocurre nada. Las palabras no se me dan como tú y es extraño porque soy muy bueno escribiendo ensayos. Si no me crees pregúntale a mi abuelita, ella ha leído varios y siempre dice que le gustan. Una vez escribí un ensayo sobre un libro de un gato, y fue terriblemente triste porque el gato se quedaba solo... aprendí a jamás volver a leer libros sobre animales porque casi todos son tristes... y odio pensar en cosas asi...
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Rumores De Pasillo
RomanceJimi se declaró abiertamente gay en la escuela y empezaron a molestarlo por eso. Evan, un rubio popular que también lo molestaba, resultó sólo hacerlo porque los demás lo hacían... pero realmente guardaba un secreto: le agradaba Jimi. Mucho. Más de...
